miércoles, octubre 22, 2008

De mi mala relación con las fotos propias

Desde chica revuelvo y organizo (y saqueo) los cajones de fotos de mi familia. No se salva nada: ni el álbum de la tatarabuela, uno de esos que se ataban al costadito, con hojas de cartón duro y esquineros para enganchar las fotos sin que se dañen, ni las sueltitas que salieron mal y quedaron excluídas de todos lados.
Me encanta encontrarme con la expresión adolescente de la abuela en una foto de sus doce años, sentada en una tranquera del campo, o con mis hermanos cuando eran bebés. Tengo colgadas dos fotos que se sacaron mis padres el mismo día que se conocieron, en el cumpleaños de una amiga común: ella, 15; él, 19. Los dos hermosos y alegres, también en un entorno campestre, la piel bañada de sol primaveral. (¡Pensar que pasaron más de treinta octubres, ya!).

Sólo guardo y exhibo fotos propias donde aparezco junto a mis hermanos, la mayoría sub-20. Principalmente por coquetería: creo que era mucho más bonita a mis 20 que ahora, con una belleza bastante aniñada y fresca que al menos no me daba pudor mostrar. Pero también por motivos un poco más complejos que los meros complejos (cuack).

Todos pasamos por momentos de quiebre en nuestras vidas. Hay un día, o una semana, o un año que te marcan para siempre. A veces hay más de un quiebre y consecuentemente se acumulan experiencias, sensaciones, revires, que van empezando a formar parte del mapa de tu cuerpo y de tu mente. Más cuando tu cuerpo y tu mente empiezan a ser una sola cosa.

Obsesiva de los detalles, soy capaz de trazar un mapa en las caras de todos mis familiares y conocidos. Puedo rastrear la soledad, la tranquilidad, la depresión, la enfermedad, la hipocresía. En cada arruga de los rostros de mis viejos (los ausentes y los presentes) hay una historia distinta. En mi propia mirada hay distintos grados de cansancio, neurosis y caos a medida que pasan los años.

Mis fotos post-20 años están cargadas de impresiones como esa.
Lo sentía al escribir el post que no publiqué el domingo (y que a esta altura ya no publicaré nunca), más que nada porque pienso casi toda mi vida en función de escenas, como las de una película o una obra de teatro, y después las condenso en imágenes congeladas.

Lo pensaba desde el sábado, ahora que me doy cuenta. El sábado, además, vimos "Pieces of April". Era mi segunda vez y llegando al final las lágrimas salieron sin ningún tipo de preaviso. No hubo nudo en la garganta, sino un estallido. Empezó en la escena donde la madre de April se queda mirando a la niña que está detrás de la puerta del baño, con las medias y la bombacha a mediapierna. Pero lloré hasta el final de los créditos.

Lo volví a pensar ayer, cuando me dijeron (una vez más y van...) "la de la foto no sos vos".

Lo cierto es que las fotos me matan. En todos los sentidos. Tienen un poco de lo que fue, más un poco de lo que vendrá. Pero eso es más ilegible.
Yo estoy segura, cuando me miro en esas fotos sub-20, que si en ese preciso momento me contaban cómo iba a cambiar mi vida y mi relación con el mundo en menos de dos meses, mi cara no habría estado tan fresca, los ojos no habrían transmitido esa confianza en el futuro. Yo había aprendido a caminar sola hacía muy poco tiempo y tenía esa fe ciega que sólo tenemos los optimistas.
Después llegaron las fracturas, una y otra vez. Las desilusiones, el remar contra la corriente, las lágrimas aguantadas porque siempre había alguien que sufría más que yo, el dar y dar un poco más, la insensibilidad, el cinismo, el descontrol físico y psíquico, el desamparo. Mi alma pasó de la madurez a la vejez en muy poco tiempo.

Desde entonces, nunca volví a ser reconocible en las fotos. Al menos para mí.
¿Cómo voy a reconocer a esa extraña de ojos alucinados que me devuelven las fotos de 2006?
¿Nadie se daba cuenta del rictus en la boca, de las arrugas prematuras en el ceño permanentemente fruncido? ¿Del olor a limpio en la piel irritada de tanto restregarla, de las mentiras yuxtapuestas?

Ahora que sonrío más, sigo sin reconocerme. Esa chispa de nervios se me crispó en los ojos para siempre y se activa por reflejo cada vez que una cámara anda cerca.

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Como yapa descompresora a este post bajoneante, recomiendo algo que viene muy a cuento: una película argentina excepcional, dirigida por la talentosa María Victoria Menis. Se llama "La cámara oscura", está basada en un cuento de Angélica Gorodischer (a quien respeto y admiro mucho) y es ... bella, simplemente bella.
Les dejo el trailer y los invito a ver el sitio oficial, donde también pueden escuchar una partecita ínfima de la exquisita banda sonora.
Por supuesto, también les recomiendo que vayan a verla. La exhiben en el Gaumont, donde la entrada no cuesta tanto y te hacen descuento por cualquier cosa. Aprovechen. Por ahí les pasa como a mí, y se quedan con un par de frases interesantes sobre la belleza y el arte.



16 comentarios:

Walter L. Doti dijo...

Más allá de su anécdota personal, el tema de la fotografía es fantástico. La remito, sin ninguna humildad, a un post de mi factura titulado "HALUROS DE PLATA Y CILINDROS DE CERA COMO CONSUELOS FRENTE A LA MUERTE", que podrá encontrar colocando este título en el buscador de mi blog.

Ahora, más acá, en su anécdota personal, me gustaría hacerle pensar que las fotos son un engaño, pues materializan algo que ya no es. Olvide el pasado, no existe.

Rapote dijo...

¿Y quién no tiene una mala relación con sus fotos propias? ¿Un flogger?

Desdramatice,
;) Rapote

PD: Habrá que ir por el Gaumont entonces, se agradece la data.

unServidor dijo...

No pidas que todos vean el aura.

Beso.

Cassandra Cross dijo...

Walter: Millones de gracias. Leí y releí tu post y tiene "esa" conexión con lo que estaba pensando al momento de escribir el mío, que los hace bastante semejantes. Sólo que yo recurrí a mi neurosis y vos a una reflexión más bien analítica. Creo que lo que más me impresiona del pasado es lo vivo que está en todas mis memorias: la sensitiva y la cognitiva. Mi necesidad de recordar tiene más que ver con errores (propios y ajenos) en los que no quiero caer o recaer y con un instinto hereditario de ejercicio de la propia historia.
Hasta la mente engaña, cómo no va a engañar una fotografía.

Rapote: MMmmmmm y mire, yo conozco muchísima gente falsamente conflictuada con las fotos ("ay, no me saques" pero ya están posando, claro), a mí me angustian. A otros los angustian pelotudeces mayores.
No le pida peras al olmo, soy una drama queen.
(No se pierda esa película!)

Unser: Hay auras que horrorizan, así que mejor no, je.


Gracias por pasar!

gerund dijo...

Mmm, adhiero al comentario de Rapote.. vamos! es sólo una foto! nada que el fotoyop no pueda arreglar =D

El rincón de mi niñez dijo...

Yo guardo fotos de mis tataratatatísimos...Adoro mirar fotos de mis familiares ,pero me pasa todo lo contrario,cuando veo mi pasado ,mi
infancia,adolecencia.
Me entristece mucho,mucho.
Ahora disfruto ,cuido y mimo mi nueva vida,de mis fotos actuales ,de mis ojos que ya no tienen esa chispa..pero que siguen brillando ,de mis marcas en la piel,(Buéh,tampoco son muchas eh...).Signo de cada historia vivida.
Cassandra, como siempre es un placer leerte.No es joda!
Buena vida!

El rincón de mi niñez dijo...

Me agendo ya la película !

Cassandra Cross dijo...

Marisa: Bueno, podrá ser una locurita pero al menos es una locurita compartida.

Ge: Y sí, hay cosas más serias en el mundo, pero alguna frivolidad tengo que tener.
Muerte al fotoyop, que me priva de tanta belleza natural! Te acordás cómo eran las fotos de las revistas antes? Snif. Y las de cine! más snif.

Gracias a ambas due por pasar!

Estrella dijo...

Me dejás pensando en los sopapos que nos da la vida, insospechados a cierta edad. Pero así es. Por suerte, cada tanto llega la dicha o la calma, y las heridas empiezan a cicatrizar.
Me gusta la palabra "revires": es perfecta.

Manuelita dijo...

No puedo acordarme quién sostenía que las fotos nos reflejaban tan sólo porque nos robaban el alma

En lo que uno ve, siempre hay mucho más de lo que que uno sabe en secreto o adivina, que lo que realmente se muestra.
Saludos

maria dijo...

Bueno, no sé muy bien qué decir a lo que te pasa a vos. Que te entiendo sí, sí.
Y no sé, será deformación profesional pero soy una fanática de las fotos, creo que capturar el nanosegundo de una vida, cualquiera sea, implica de por sí una magia solo transferible a través de esa imagen. No calienta de qué sea, ni la expresión de la persona. En todas, absolutamente todas, encuentro belleza; de la más pura, la literal (si me permitís) que también se encuentra en la tristeza, en la angustia, en la desesperación... No lo sé, no puedo explicarlo mejor.
Un beso grande, Cass

Baterflai dijo...

Dicho del otro lado de la cámara: no hay nada más difícil, que fotografiar gente.

Minombresabeahierba dijo...

ya te vas a vover a reconocer, tenete paciencia, besos

Cassandra Cross dijo...

Estrella: Estoy muy familiarizada con golpes y con revires. Son casi casi palabras amigas...

Manu: Creo que es tu teoría la que más me inquieta de todas! :-P

María: Insisto, me pasa igual que a vos, pero con las fotos ajenas. Son las propias las que me perturban.

Bater: Lo he hecho pocas veces y me salió bien... como no quiero romper la racha, directamente no la agarro! jaja. Lo mío es el paisaje.

Minombre: Tiene toda la razón. Tiempo al tiempo.

Gracias a todos por pasar!

Pablo dijo...

"Si usted viera mi alma, no podria comer" decia Paul Valery.

Por ahi es verdad. De todos modos. Foto de gente que ha vivido es mucho mejor que foto de gente que no lo ha hecho.
Para sacar lo segundo, saquemos maniquies. Es lo mismo.
Puede que haya un ceño fruncido que no sea muy "polite" en la foto de cumpleaños, pero cuando se trata de fotos de verdad... De sacar el alma...

Por lo dicho, se podria saber que lo que se ve, es lo que hay.

Y eso es mucho decir.

besos

Blue Fairy meets Gepetto dijo...

a mi me cuesta muchisimo sonreir para la foto y tengo muy pocas fotos donde este yo, normalmente actúo de fotografa para escaparle al papel estelar y tener que posar. Pero eso si adoro sacar fotos. a mi el primer quiebre de la sonrisa se me produjo de chica y el segundo a los 26, los ojos no mienten y aunque se intente una sonrisa la mirada delata como realmente estás. beso!