viernes, mayo 01, 2009

Reflexiones que no vienen a cuento de nada.

Mientras juntaba y doblaba la última tanda de ropa limpia, hundiendo la nariz en el perfume a jabón y a aire fresco (que no es ni siquiera parecido al de la ropa oreada en la terraza de mi casa paterna, lamentablemente), me vino a la cabeza algo que puse en Twitter el otro día, hace unos cuantos días más bien.

Como individuos, experimentamos a medida que vamos viviendo y asomándonos al mundo (a la gente y al entramado social, más bien, que conforman ese mundo) diferentes sensaciones, sentimientos, emociones. A medida que las conocemos y les ponemos nombre, nos habituamos a ellas. Las desambiguamos por repetición, las asimilamos por costumbre. Siempre hay una rutina de emociones a la que estamos más o menos expuestos por una cuestión de carácter, o de educación, o de tendencia.

Pero seguramente más de una vez nos topamos con emociones y sensaciones nuevas o algo así. Tal vez nunca fueron experimentadas antes, quizá evoquen lejanamente a alguna otra que se les parece. Por poner un ejemplo clásico: el primer orgasmo de una mujer. Es algo que difícilmente se olvida, porque llega en un momento en que, mal que bien, hemos clasificado la mayor parte de la gama general de emociones y sensaciones que vamos a experimentar por el resto de nuestra vida: amor, odio, alegría, tristeza, decepción, angustia, impaciencia. O sea que la autoconciencia y el mecanismo identificatorio están a pleno buscando lo nuevo. El descubrimiento de lo nuevo es fundacional cuando somos niños, pero como adultos puede significar un momento precioso.

También pasa (bueno, en realidad a mí me pasa: no sé a ustedes) que un día te encontrás en medio de una conversación donde la gente habla de una sensación en común y vos sentís que sos sapo de otro pozo. Como si vinieran a discutir sobre el libro de Paluch o sobre física cuántica. Sapo de otro pozo de una emoción colectiva. A mí me pasa cuando alguien trata de transmitirme la emoción de un hincha de fútbol yendo a una cancha: yo podría perfectamente ir a una cancha y no sentir absolutamente nada, creo que vine sin ese chip. 
Pero me refiero a emociones bastante comunes, que corresponden a la mayoría de la población y que es bastante raro que una argentina adulta viviendo en esta metrópolis, hiperconectada e hiperinformada, no haya tenido todavía.

Todo este matete lleva a la conclusión de que, al día de la fecha, creo que nunca experimenté estos sentimientos -que considero- negativos:

- Odio. Si bien soy una persona a la que se podría calificar de emocional in extremis, nunca estuve de este lado del espectro. Sí he amado apasionadamente. Pero de alguna manera percibo al odio como una fuerza tan destructiva que algo me detiene justo antes de llegar a un punto de enrosque que me ponga en esa vereda. Me considero por demás sensible / perceptiva (algunas experiencias las volqué aquí) y absorbo demasiada vibra negativa por día como para desear que el estado de veneno se vuelva permanente.  
- Envidia: ídem odio. 
- Aburrimiento: No entiendo esta sensación. A ver si consigo explicarme. Alguna vez fui muy chica e inquieta. No este ente contemplativo y medio metafísico que a veces se cuela en el Extraño Mundo, sino una nena verdaderamente inquieta. De esas que hacen cagadas como treparse a cinco sillas superpuestas con tal de alcanzar un antojo momentáneo de inmediato. De esas que se tiran a una poza sin saber si van a dar pie. De las que no tenían problema en caminar distancias imposibles si al final del camino iba a estar la recompensa (una aventura, claro: a esa edad todo es aventura). Ayudó mucho que mis viejos me dieran mucha libertad para canalizar mis inquietudes; o tal vez esta tendencia a la dispersión de mi adultez sea hija de una faceta multitasking muy prematura. 
Pero no conozco el aburrimiento porque desde que tengo memoria me recuerdo haciendo algo.
Aún cuando parecía que estaba inmóvil, con la vista en el vacío, mi cabeza estaba llena de pensamientos y recuerdos que me costaba mucho clasificar y ordenar. Mis cefaleas empezaron en esa etapa, la primera infancia, y al día de hoy no me pongo de acuerdo: ¿eran causa o consecuencia de esa ebullición? Ya crecidita, sigo teniéndolas aunque los pensamientos están un poquito más ordenados. 
Aparte, todo me apasiona. Todo. Las pequeñas cosas de la vida diaria me encantan. Si bien no me caracerizo por mi practicidad (soy de las que van a lo difícil, según el compañero de depto), la rutina de mi casa me resulta tan apasionante como un viaje, aunque en distinta escala. Si tengo que hacer algo, trato de que me guste. No podría hacerlo si no me gusta. Soy una disfrutadora, una hedonista. De a poco fui excluyendo todo lo que me desagrada o transmutándolo en cosas que me dan más placer. Esto no quiere decir que me apasione sentarme a hacer encuestas telefónicas cuatro horas al día, o que no reniegue despegando la grasa de la cocina. Pero me gusta la mecanicidad de los ritos, y sobre todo siento que en el alma de esos ritos está el orden de mis pensamientos (que van desde el último libro que estoy leyendo hasta alguna evocación del pasado. Como por ejemplo, jugar a recordar cómo olía exactamente el hospital donde estaba internado mi abuelo paterno, o el ruido de la hamaca donde me senté durante dos horas a hacer el duelo de su muerte).
Aburrimiento me suena a pérdida de tiempo. "Pérdida de tiempo" es una frase tabú en la casa donde me crié. Al pedo, pero levantate temprano. Al pedo, pero hacé algo. Y si estás quieta y al pedo, disfrutá de la quietud y el alpedismo. En consecuencia, nunca me aburro.

Sí he experimentado otros sentimientos negativos. Y con mucha virulencia... Supongo que es eso lo que anula en mí la posibilidad de llegar a tener estos otros. La potencialidad del daño me asusta. 
Tiendo a percibirme como una persona feliz y ocupada. 

Corolario: Feliz día a todos los trabajadores: a aquellos que nunca se cansan de lo que hacen, a los que lo disfrutan, a los que lo sufren pero disfrutan de la recompensa, a los que no saben por qué, pero trabajan. A los que buscan sin dejar de hacerse útiles, a los que siempre están dispuestos a ayudar a otro aunque estén tapados de obligaciones. A mis mayores. A mis menores aprendiendo el valor del trabajo. Feliz día porque sí. Porque así me salen los posts, todos mezclados como mis emociones, como mis pensamientos, como mis reflexiones a cuento de nada.

16 comentarios:

Mona Loca dijo...

Caramba, qué sorpresa.
Yo, en cambio, he pasado por todos esos sentimientos, alguna vez.

Algunos, cada tanto asomas sus feas caruchas.


Y bueh.

querés melón? dijo...

Me gustó mucho que seas así. Me gustó, me gustaste.

The Bug dijo...

Envidio que puedas no sentir envidia.

Demian dijo...

dolina lo explica perfectamente:
http://www.youtube.com/watch?v=HkeaI8oLLG8&feature=related

Minombresabeahierba dijo...

yo desde que nací fui sapo de otro pozo, tendría que haber nacido a principios del 1900 cre, besos

sibila dijo...

que siga siendo siempre una persona feliz y ocupada, cass.
pero siempre, siempre.

Cassandra Cross dijo...

Mona: Nadie dijo que no me va a llegar la hora, pero la verdad es que me llama mucho la atención. Siento que si en algún momento soy capaz de odiar, soy capaz de cualquier cosa. La gente que cree que me conoce, no sabe lo mejor de todo: que ni yo me conozco cuando me agarran ataques.

querés melón?: No me hagái sonrojar, queréi!

Bug: No, en realidad no :-D

Demian: Excelente aporte. Lo cierto es que lo extraordinario se esconde en las revelaciones más pequeñitas. Y creo que detrás del desprecio a esas pequeñeces no está la esperanza, sino ese inconformismo berreta que le hace creer al que lo tiene que es un tipo mundano e inteligente. Como todo autoengaño, algún día se termina. Gracias por este videito! Me encantó reencontrarme con las palabras de Dolina.

MNSAH: Lo bueno es disfrutar el aquí y ahora. Un sapo de otro pozo puede sentirse fuera de lugar y aún así gozar la vida!

Sibila: Gracias por estas palabras y ese buen deseo. Segurito ya está en marcha para mejorarme el panorama :-)

Gracias a todos por pasar!!!

Vill Gates dijo...

Que bueno es no aburrirse, eso es estar dispuesto a lo nuevo. Si lo que está no te llena ¡A otra cosa! No parece un planteo desacertado.
Creo que he experimentado todo eso, o casi. El odio no lo tengo claro.
En fin. Dichosa de usted que se privó de esas partecitas oscuras de la vida.

Ana dijo...

Por dios, urgente venís a mi casa a limpiar el piso por mí, y sacar el polvo de las estanterías. Tengo una severísima alergia a los ácaros, no puedo pasar por alto el polvo y odio, odio pasar la gamuza por los recovecos. Pa colmo que nunca lo hago bien.

Me gustaría luego que definieras "indignación".

Besos!!!

(Y deberíamos definir luego "desencuentro sistemático").

El Profe dijo...

¡Muy buenas definiciones Cass! respecto del Odio, la envidia, y el aburrimiento.... tampoco las he padecido, no gasto mi tiempo en el odio mejor si algo me daña lo dejo sanar, si noe simporatnet no pierdo el tiempo. No soy de los que ven aquello que los demás tienen como una forma de deseo, me alegro por ellos... yo, soy inmensamente rico :). ¿Aburrido? la única vez fue un martes hace como veinte años... no, me aburro disfruto de todo aquello que tengo.... ¡Soy feliz!

¡ABRAZOTES CASS!

rubiaa dijo...

Creo que de todos, el único que no sentí fué el odio, ese que te lleva al extremo de no reconocerte. Ese no.

Los otros, lamentablemente, si.
Me aburro muchísimo ultimamente.

Cassandra Cross dijo...

Vill: Happy-go-Lucky, al menos eso dicen, y algo de lo ocurrido en los últimos tiempos me lo va confirmando. Ojalá siga la tendencia :D

Ana: Para levantar el polvo sin llenarse de ídem lo mejor es usar un trapo humedecido, ya probaste? Jajaja! encantadísima te ayudaría, pero en estos días me cuesta hallar tiempo para limpiar mi propia casa, imaginate...
Mmmhhh, "indignación"? "Desencuentro sistemático"? me pedís demasiado. Y tengo la neurona medio cagada a palos :-D

Profe: Créame que se le nota la felicidad. La transmite usted muy bien! Abrazosos!!

Rubiaa: Ya sabés que opino que todo sucede por una razón, ni yo estoy exenta ni que te pase a vos es malo. El aburrimiento es casi, te diría, una enfermedad de estos tiempos. Lo peor es que no hay manera de aburrirse. Es un estado mental, emocional. Como la depresión, como el resentimiento, como la angustia. Se retroalimenta. Buscale la vuelta y salí del circuito, vas a ver que hay muchas maneras de hacerlo!

Gracias a todos por comentar, una vez más.

Corolario a todo esto: Más vuelta le doy, y menos creo que pueda sentirme aburrida con todo lo que hay para hacer, para ver, para andar en este mundo (Silvina Garré dixit). Les juro. Si me estoy por embolar en algún lado me levanto y me voy, simplemente es inevitable para mí... será que de tanto escaparle no me animo a encontrarme cara a cara con el aburrimiento?
En estos días, por ejemplo, estoy tan ocupada que el único momento hipotético que tendría para aburrirme (tirada en la cama y mirando el techo dos segundos antes de dormirme) es tan placentero como un día de frío.

Karito La Cordobesa dijo...

Me encantó leerte en la parte del aburrimiento... Llegaste a poner las palabras exactas que definen algunas cosas en mí (tomá, chip del sapo-de-otro-pozo), y me alegró mucho saber que existe gente como vos, que buscan alejarse del espectro oscuro de los sentimientos...
Y será por eso que has iluminado los lugares que hemos compartido, che. ;)

Demian dijo...

tengo 2 ideas acerca del aburrimiento .

noto que el que se aburre es poco capaz con su intelecto y es una persona con poca imaginacion.

mi otra idea es que quien se aburre es por holgazan, es mas facil escuchar la radio (que aburre) que ir a la plaza por ejemplo

sobre la primera no tengo pruebas concretas sobre la segunda cualquier dia de mi vida tiene algo de eso :P

malena dijo...

Cassandra, es usted entonces una mujer afortunada (y adorable, seguramente).

Yo tampoco experimenté el odio, y he escrito alguna vez sobre eso.

Sobre los otros: los reconozco avergonzada.

Saludos!

Cassandra Cross dijo...

Karito: La impresión es mutua... Además, seamos honestas: para qué quedarnos en el espectro sombrío de la vida, habiendo tanta luz que dar y recibir?

Dem: Me parece que hay mucho más de la segunda que de la primera en la gente que nos rodea, en general. La verdad, muchas gracias por reflexionar al respecto!!

Malena: Gracias! No sé si lo soy, pero así me siento. Lo de la adorabilidad me lo han dicho muchas veces, por lo general antes de huir espantados cuando me sale el dragón de adentro.

Gracias a todos por pasar, mis abandonadillos!