domingo, mayo 05, 2013

Asimetrías

Mis días extraños se presentan sin previo aviso. Los preceden estos sueños que nunca podré explicar y que a veces se me olvidan no bien despierto, dejándome un acorde nublado en el oído como el vibrar de una campana que olvidé que había tocado.
Mis días extraños me parten al medio y me vuelven a armar así nomás, desorganizada como un mal puzzle. Lo veo en mis ojos que delatan la tensión. No me puedo relajar. Lo que hasta hace dos segundos me llenaba de entusiasmo, me desarma y me empaca. Me enfrento con toda la realidad de golpe y caigo a plomo por un tobogán circular que me marea, esperando que al fondo haya el alivio o al menos una poza de agua para recibirme. Mientras la sensación pasa, intento hacer cosas para llenar el tiempo, para evitar que se me note.
En el fondo tengo miedo de mí misma, es un miedo permanente e inevitable. Me doy manija pensando si no estaré volviendo a caer en el autoboicot, si no estoy a las puertas de una depresión (o de una manía...). La vida y la muerte se me hacen una, me paralizo en el vértice de muchas cosas. "¿Y ahora? ¿Y ahora?" Vuelven los dolores de cabeza, las ganas de llorar, las expectativas rotas antes de ser pensadas o sentidas, o formuladas. Para qué dar un paso en este sentido, si finalmente... Finalmente ¿qué?
Si el desorden que me rodea fuera un precio a pagar por la paz mental y espiritual que gané con tanto esfuerzo... pero no, es apenas un síntoma de la entropía que me chupa y me vomita con asco. Soy lo que quiero al precio de lo que perdí haciendo lo que se me antojó sin medir las consecuencias. Soy un poema caótico a la autodestrucción, la cara sonriente que todos miran sin sospechar que allá adentro está el infierno. Me despierto cada mañana con la incertidumbre de quién va a ganar, si mi mejor o mi peor yo. 
No estoy segura de nada en mis días extraños. Ni de mi pasado ("¿aquella era yo?"), ni de mi presente (¿lo merezco?) ni de mi futuro, por más que me visualice allí y no aquí, ya no más. Quizá es eso, el hecho de que me empecé a volver transparente, a desaparecer de aquí para empezar a aparecer allá, aunque falta muchísimo y la ansiedad cabalga a lomos de dragones mientras yo me arrastro a la velocidad de los caracoles. Cada expectativa que no me permito es una semilla que explota en el aire y muere antes de tocar la tierra. Su posibilidad deshecha me amarga. Ahí es cuando me doy cuenta de que no se trata solamente de ser valiente, impulsiva, optimista. De animarse. Ese tipo de coraje me sobra. Para "afuera".
Me falta todavía perdonarme.
Me falta quererme.
Me falta valorarme.
No importa cuánto amor me rodea, siento que es inmerecido e insuficiente y que nunca voy a poder estar a la altura de quienes me lo dan. No me alcanzaría la vida para pagar mis deudas afectivas. 
Miro en el espejo y me percibo rota y reensamblada, mal alineada, enferma.
Nunca dejaré de estar enferma. Y aún así, nunca me rendiré a este veneno que me atenaza en los días extraños.

2 comentarios:

Florencia J dijo...

Sos una genia!

Anónimo dijo...

Me gusta mucho cómo escribís. El trazo de la tinta, del fósforo del monitor, queda convertido en camino de tendones a punto de tirar golpes o tirándolos. Escritura muscular.
Saludos, mm.