domingo, enero 17, 2010

La Bohéme

A mis casi treinta sigo sin tener del todo claro cuál es la definición de bohemia, que en más de una ocasión me fue (creo que inmerecidamente) adjudicada. Claro, para los estándares de mi familia gringa, de clasemediatrabajadora, aspirante a propietaria de al menos un bien inmueble y cultora de la tranquilidad que dan el ahorro y la salud, probablemente yo sea lo más cercano a la bohemia que han conocido.


Esto viene un poco a cuento de que recién ahora tengo un trabajo formal, después de varios años de informalidad y adhonorenismo. Algunos de mis mejores amigos deben estar boyando entre la alegría por este inesperado golpe de buena fortuna y la sorpresa por el lugar donde terminé. Era más creíble que me quedara subsistiendo con lo mínimo y, quizá, tocando la guitarra en el subte como forma alternativa de ganarme la vida. O que empezara de nuevo, una mano atrás y otra adelante, en algún pueblito recóndito junto a las sierras o al mar.


Mis actuales compañeros de trabajo desconocen prácticamente todo lo que me define como persona. Apenas saben que soy una especie de multitasking con mucha energía, mayormente de buen humor (aunque con arranques de mal genio); que me gusta mucho caminar, comer y tomar cerveza, y que soy casi casada. Y que vengo del interior del país. Nada saben (no hay manera) de mis veleidades artísticas, el berretín de escribir, el placer diario de embriagarse con música, lectura y subgéneros basura (comics, animé, catch...).


Si bien este blog ha funcionado un poco como vidriera de esa forma de vida y de pensamiento a la que me permito vagamente adscribir, muchas cosas que no exhibo ni siquiera aquí podrían calificar también como "bohemia". Si tuviera que inventarme mi propia definición sería largo.


Sería ese vicio que no se me quitó con los años, de dividirme en dos para no ser mi trabajo, ni la forma en que me visto, ni mi charla convencional en la mesa de los domingos en familia. My own private citadel, con sus códigos inventados y su caos tempoespacial, con sus pliegues y ocultamientos.


Vivir en la ciudad como si no estuviera acá, pero estando. Transcurrir mientras aspiro a otra forma de vida donde pueda (podamos) cristalizar en la vida real ese espacio que sólo es real parte del tiempo. ¿Impracticable? No lo creo. Como el agua, tarde o temprano, la naturaleza del bohemio se abre paso y encuentra un cauce. Es un remanso cuando la vida te tira por lugares donde no querrías estar, o atravesando situaciones inevitables. Es lo que te obliga a moverte, a decir "no me quedo con esto, no me agoto en esto". Es tener un sueño más cada día, algo más para esperar del futuro. Es no bajar los brazos. Ser, por encima de todo; la forma más difícil de la coherencia. Duro de poner en palabras, porque siempre la acción define mejor. Con contradicciones y todo. Bohemia sería un continuo aprendizaje, no una etiqueta ni un compartimento estanco; me encantaría conocer a una persona pura bohemia. Todavía no me pasó.


Allí, en el blogroll de al lado, hay unos cuantos ejemplos de bohemians-to-be. En la ruta estamos, ellos y yo. A veces sueño que en un futuro fundamos una comuna anárquica y terminamos bailando y cantando alla RENT. Pero es mi propia proyección platónica. Como dice el roommie: después duermo y se me pasa.

Libertad por siempre. Qué hermoso sueño. Nunca termina...





(Acá hay una definición de bohemia accesible, aquí otra. Se aceptan correcciones y contribuciones).

2 comentarios:

Tiburina dijo...

Hace mucho que no entraba, leo por el reader, pero que monono está esto!

Pocos tienen el valor de Ser, eso es realmente admirable.

Beso. ;)

Estrella dijo...

¿Leíste Juventud, de Coetzee? Por lo de la bohemia, digo.

Cierto lo de los cambios en el blog: hubo redecoración!