miércoles, junio 25, 2008

Contradicción y tristeza infinitas

Cuando leo notas como ésta me pongo muy triste. Siento, literalmente, que el alma se me va a los pies. Me pesa el corazón, me duele. Camino con piedras en la panza desesperada por no poder poner un poco de comida en la falda de cualquier chiquito descalzo de los tantos que me cruzo entre el trabajo y mi casa.

Me siento una mierda. Ni más ni menos. Así como muchas veces me siento un desperdicio porque sé que podría y debería estar trabajando por un mejor sueldo, en un lugar más acorde a mis conocimientos y habilidades, mil veces más me siento desbordada por estos cachetazos de realidad que hacen que ese pensamiento anterior quede reducido a nada. Cuando leo esos artículos y pienso en la cantidad de noticias que me pasan todo el día por delante, o me pasaron en algún momento, quiero que la tierra me trague antes de volver a tener otro pensamiento frívolo.

Al mismo tiempo, me doy cuenta de que empecé a crecer el día que dejé de sentir la culpa de ser privilegiada en un mundo donde pocas personas lo son. Tengo salud (sí, aunque hay días que me siento una viejita achacosa), tengo un techo, comida, posibilidad de pagar mis cuentas y algún que otro gusto de vez en cuando. Es cierto que trabajo para eso, y que se supone es lo mínimo que debería tener llegada a cierta edad o circunstancias.

Pero no hay neurosis que mitigue la impotencia que me deja sin palabras.

Esa piedra en el estómago que creció merced a la desafortunada combinación de una nota en un diario y el comentario que a mi jefe no se le cae nunca de la boca ("el pobre es pobre porque así está cómodo") no se me va a ir aunque el día de mañana termine viviendo bajo un puente.
Tampoco me va a impedir comer tan pronto haya llegado a casa.
No sirve de nada extrañar la inconsciencia de la infancia ("qué feliz era yo cuando no me enteraba de estas cosas"), ni desear la involución total de la especie humana.
No sirve de nada que me llene de explosivos y me inmole contra la chimenea de Botnia o en la plaza del Congreso, o en un local lleno de militantes neonazis.

Sigo creyendo que lo mejor es hacer lo que se puede, lo máximo posible desde el pequeñísimo lugar que uno ocupa. Atraso mil años, ya sé. Pero es lo que siento.

Eso, o que me convenzan de que un PEM monumental les reseteó el chip a todos los que digitan el mundo y decretan que haya pobres para que siga habiendo ricos. Utopía lamentable y simplista. Como creer que el haberme unido hoy a esta causa* cambia en algo el status quo.

Puesta una y otra vez frente a la bronca, la impotencia y la tristeza, elijo seguir creyendo que cambiar es posible. Si no creo en eso, me muero.


*Oh, detestable militancia virtual, que aplacas conciencias culoplanchistas al ritmo de una pegadiza canción en la publicidad de Speedy. Ahora todos somos ecologistas, qué lo recontraparió.

6 comentarios:

Fender San dijo...

Lo leí esta mañana, y debo decir que me pareció bien para llamar la atención dentro de lo que actualmente se llama "crisis de los alimentos".
Pero la verdad es que el informe avisa que "morirán millones", cuando en realidad, ya están muriendo. Si todos los esfuerzos se hicieran en función de la salvación de -digo por decir- la mitad de los que actualmente mueren ¿Deberíamos darnos por cumplidos?
Esto me lleva derecho a Dostoievsky, cuando imagina un mundo feliz, libre de todo dolor, salvo por un sólo niño que, oculto, sufre las peores penurias. Se pregunta si tal mundo sería justo, y yo creo que no. Pero los pragmáticos dirán que "¿qué querés, millones de niños enfermos, desnutridos, golpeados, trabajando, masacrados en la guerra?". Ninguno de los dos mundos serían mundos justos.
Por eso detesto la estupidez de los que apoyan a los K., cuando se creen muy "buenos" porque "redistribuyen" un poco (no sé qué tanto) y se golpean el pecho diciendo, ufanos, mientras se mueren miles de pibes (¿esos son culpa del agro?).
Argentina es el país por excelencia de "siempre hay otro que es peor" para justificar cualquier cosa.
Me fui al carajo...

Fodor Lobson dijo...

wow, su post da para mucho, estimada, y recontra que es uno...

me centro en algunas cosas:

Primero: su jefe es estúpido. No, no, no lo estoy insultando gratuitamente, por darme el gustillo y sacarme la bronca. Su jefe es estúpido, porque lo que dice es una estupidez, que no resiste ningún análisis sociológico, histórico o ético (y habría que ver si resiste aunque sea un análisis sintáctico, preguntémosle a doña Ge).

Segundo: entré a la página de la causa virtual y (pido perdón por anticipado) no pude menos qué cagarme de la risa: tiene unos bonitos marcadores que rezan
494 Members.... $0 Donated
a ver, no me parece mal que nadie done un peso ¿para qué, para quien?
A vos, lector y/o comentador que caíste en el extraño mundo de Cass te digo que si crees en la causa de las bolsas de plástico te sugiero lo siguiente:
1. No las recibas o utilices. Andá al super con el carrito de la compra o similar.
2. Aceptá bolsas de papel o cartón, pero SI y Sólo SI las vas a reciclar, es decir si las vas a disponer por separado y te vas a asegurar de que se llevan a una planta recuperadora de papel (Botnia, por ejemplo - cuack, pido perdón otra vez). Porque si vas a utilizar bolsas de papel, para luego tirarlas con el resto de la basura, estás matando árboles al reverendísimo pedo.
3. Convencé a tus amigos y conocidos de que sigan tu ejemplo. Utilizá todos tus dotes de persuasión.

Finalmente le comento que con referencia a lo de los miles de millones que se mueren de hambre no tengo comentarios sarcásticos que hacer. Es cierto y es terrible. Hay pobres para que pueda haber ricos.
Si junto el hambre mundial, el trabajo infantil, la violencia doméstica, el uso de animales en experimentos de laboratorio, y todas las otras injusticias que se podrían agregar a esta lista, hay una única conclusión: Dios no existe.

Ana dijo...

Fodor me ha sacado las palabras de la boca. Sí, tu jefe es un pelotudo. Sí, lo de la eliminación de la bolsita plástica da gracia no tanto por el objetivo per se sino por la proliferación de esos grupos en facebook, que no hacen nada más que, capaz, aliviar las conciencias de alguna gente. Una cosa rarísima. En todo caso, a mí las bolsas me mortifican; algún día contaré la cantidad apabullante que tengo en mi cocina. Lo que hago es reutilizar las mismas desde hace tiempo para todo tema. Al almacén chino de la vuelta, voy con mi bolsita y que metan todo ahí, y así. Una vez en un súper no me dejaron y cuando insistí en que me llevaba los 4 o 5 artículos en la mano me enchufaron igual la bolsa con el logo del supermercado, porque son un cartel, viste, porque cuando salís con ella sos una publicidad andante. Estúpidos, como si los tres cuartos de manzana y los cartelotes en una calle de barrio no fuesen suficientes ya.
Estoy en deuda con el libro "ante el dolor de los demás" de Susan Sontag, quiero leerlo hace tiempo. Creo que estaría bueno engancharse con ese libro, Cass, presiento que tiene algunas respuestas acerca del sentimiento de impotencia en este mundo tan injusto.

Cassandra Cross dijo...

Fender: Nada de "me fui al carajo", acá somos democráticos con los exabruptos. Y, como suele suceder, tiene razón. ¿Que por qué la tiene? Porque sabe ver el cuadro, cosa que yo muchas veces pierdo por el detalle. Gracias por el comentario, de corazón.

Fod: Wow. Cuando escribí esto no pensaba más que en poner mi impotencia en palabras, qué puedo decirle... Tal vez haya sido simplista al reducir el pensamiento vivo de mi jefe a esas palabras, pero básicamente es lo que piensa, y no me sale defenderlo porque ese pensamiento va contra el mío. En cuanto a las bolsas, cada vez más me voy acostumbrando a llevar una de tela que uso para distintas compras, a ver si de a poco erradico el uso de las de plástico. El resto trato (tratamos) de meterlo siempre en la mochila, por la misma causa.
De lo demás, está todo dicho.

Ana: Como siempre, buenísimas tus recomendaciones... estaré atenta a ese libro. Últimamente vengo atrasada con todo.

Gracias a todos por pasar, como siempre.

Manuelita dijo...

Alguna vez escuche decir que quien reparte conciencias lo hace a quien sabe que puede hacerse cargo de llevarla a cuestas. Y eso consiste justamente en lo que decís bien clarito: hacer lo máximo posible desde nuestro lugar.
Pretender hacer más nos convertiría en el panóptico de nuestro entorno, ineficaz y poco sano.
Hay muchas formas de hacer las cosas bien, para uno, y para el otro; y muchas que uno hace sin saber que hacen bien a alguien más que a uno...y esas también cuentan a favor.
Hay que cuidarse del vicio de creer que uno no puede hacer nada, pero también del de creer que uno no hace nada si no es dejando de trabajar para ir a servir en un comedor popular.

Cassandra Cross dijo...

Manuelita: Qué te puedo decir... Si lo dijiste clarísimo, y más sintético de lo que yo podría hacerlo.
Gracias por darte una vuelta por acá. De corazón.