martes, octubre 24, 2006

Recuerdos de invierno

¿Será mucho pedir un mandato biológico que me mande a dormir sin consecuencias durante tooooodo lo que dure este calor?

¿Podré, el día de mañana, emigrar como una golondrina pero a tierras más frías? No tolero este calor pesado y agobiante que no me deja pensar, y que me hace enojarme con la vida.

Extraño esos días de helada entrerriana... Plenos '80. Nunca hubo heladas parecidas. Maldito cambio climático...


En el patio de mi casa, a las seis y media de la mañana, con las estrellas de junio titilando aún en el cielo, hasta los sonidos del amanecer parecían suspendidos en el aire helado. La vida despertaba más despacio. Y yo era una esquimal feliz.


Disfruté enormemente cada paso en la escarcha, las manos entumecidas, no sentir los cachetes, morderme los labios morados, las pestañas húmedas y frías, los dedos pegados a la baranda del puente sobre el río, los puños golpeando el hielo de la superficie del agua, las uñas raspando el polvo de bruma sobre las hojas de los rabanitos.


Lo disfruté intensamente y sin pereza mientras duró. Pero la pucha... ¡Cómo lo extraño ahora!

4 comentarios:

gerund dijo...

bellísima descripción. Es extraño... a mí me gustan tanto el calor como el frío, pero el frío me aburre más rápido que el calor... y, sin embargo, tu relato me dio una ganas de estar ahí, helándome yo también!

besitos y medialunas ;)

YHVH dijo...

bello blog, cassandra...recien entre y lo poco que lei, ya me impresiona, ademas de que claro, amo el frio y todo lo relacionado con el...

y otra cosa que puede parecer medio falsa me encanta tu nombre... (si es el verdadero)

YHVH dijo...

lamento muchisimo no haberte podido leer antes...la verdad que te encontraste con grandes verdades tal vez hasta ni te hayas dado cuenta y tal vez hasta ni te importe...asi esta bien.
prometo volver

Juan Solo dijo...

Hay algo más lindo que el invierno? Sentir el frío fuerte en la cara, el resto del cuerpo tapado con ropa pesada, excepto las manos, heladas... debe ser lo más lindo que hay. Una vez, en pleno invierno, y en un año especialmente frío, me levanté a las 7 y media de la mañana a pasear al perro (en esa época no laburaba y no habia clases) sólo para disfrutar del frío tranquilo.