sábado, noviembre 18, 2006

...Jugarán los niños?

El miércoles me tocó llevar a May al jardin.

Ella durmió en casa, despertó callada, se tomó el chocolisio y un par de Operas (come irrisoriamente poco) y ahi marchamos rumbo a Taller, sin hablar. Hasta aceptó que le hiciera una colita de caballo totalmente desarrapada con tal de no despegar los labios.

Los pocos minutos que estuvimos juntas y de a pie, se colgó de mis hombros como siempre, como si no fuera mi sobrina sino tal vez una hermana muy tardía.



Con May compartimos muchos gustos, y también los silencios. Es, como nosotros (Nosotros: Pau, Ra y yo) una personita de dos mundos. La nena criada en departamento en Buenos Aires nueve meses al año, los días de semana. Y la india que, más libre y mejor acompañada, corretea por la costa del río en Gualeguaychú.

Hay una foto que la muestra en pleno salto a la parte más honda de la pileta; sus cinco años flamantes en actitud de desafío, una carrera que parece va a continuar sobre el agua. Una audacia que nunca tuvieron sus padres. Y los juegos al aire libre con los primos. Y el desprecio de cualquier sofisticación al tirarse boca abajo en el piso pelado, con nada más que un bloc de hojas, fibras, acuarelas.
Cajas y cajas llenas de sus recortes que nunca me animo a tirar. Un par de ojos melancólicos. Momentos de silencio y de euforia. Risas de verano y llantos de invierno. Una nena completa que sabe tanto de la programación del Disney Channel como de los cuentos de Grimm y Perrault (que ya cuenta de memoria); manejar el Internet Explorer como criar conejos; dejar de lado un bonito collar de semillas última moda para usar uno de cintas que ella misma fabricó.


May entra al colegio de mi mano, sin mirar al patio donde el recreo del secundario está en su apogeo. Es difícil distinguir entre tanto adolescente quiénes tienen más o menos de quince años. Las diferencias se han desdibujado.

El patio es interno, con baldosas de concreto. Yo pienso en el enorme parque de mi colegio señorial, lleno de rincones a donde "no se podía ir", y donde sin embargo me perdía gustosa por quince minutos.

Estos púberes no juegan, no corren, no hacen nada más que estar parados allí, en grupos. Alguno envía subrepticiamente un mensaje por celular. Están tan quietos y hablan tan monocordemente parejo que por un momento pienso que esperan la orden de izar la bandera, no sé... algo. Pero no; es el recreo. Y justo cuando May y yo encaramos para la rampa que lleva al Taller, suena el timbre y los chicos vuelven rápido a las aulas.

Ella me arrastra entusiasmada. Qué irán a hacer, me pregunto. Tal vez algún "art attacks", como dicen mis hermanos. De esos que ella disfruta tanto como la compañía de otros chicos.
La miro, los miro.

Pienso en (deseo) un futuro que tenga más que ver con las risas de verano y los dedos llenos de tierra, y los collares hechos con cintas y las coronas de papel. Pero no sé si llegaré a verlo.


Los niños que jugamos, somos especies en extinción.

6 comentarios:

Joao dijo...

Me gustaría decirte muchas mas cosas de las que puedo expresar con palabras.
Entré por acá (hace mucho que no visitaba) y me volví a sorprender.
Ciertos acontecimientos me hicieron encasillarte en un papel específico, y lo lamento por mí.
Estoy entendiendo muchas cosas de golpe, y agradezco todo los días por eso.
Tenés magia para escribir, porque mirás atenta...
Hacelo mas seguido.

gerund dijo...

sos linda
:)

Fender San dijo...

Bueno, yo vengo seguido, y todavia no la entiendo...

donnie dijo...

Yo quiero jugar más, pero no hay gente dispuesta a acompañar.

Eso sí, el jueguito de rafting que tiene el celular nuevo de mi cuñado es lo más.

:/


(yo quiero jugar más)

YHVH dijo...

que raro que esta todo...:\

incluso en los tiempos mas oscuros los niños jugaban, ahora ni eso
personalmente trato de seguir jugando ni que sea para matar el rato

Fender San dijo...

Los niños de hoy no saben jugar a nada, porque sus padres tampoco juegan.
Eso de siempre poner la satisfacción donde no se la puede alcanzar viene dando sus frutos...

Lo dice el sucesor de Don Fulgencio, capaz de inventar juegos como el "Pip!", "El chonky" y la "Patanga".

(Soy el unico adulto de la familia con quien se puede jugar a "la tienda de Paris" y al "veo veo" durante horas y reirse todo el tiempo. Pero está el ciber y la compu, asi que me quedo jugando solo)