La verdad es que, pese a los miedos de mi madre, yo ni siquiera tomaba alcohol para esa época... Digamos que apenas dos veces al año: las únicas en que mi curso del secundario se reunía para algo, por ejemplo, en época de carrozas estudiantiles o de "serenatas".
En La Plata empecé a frecuentar gente un poco más grande que yo. Tenía dos o tres grupos distintos (pensión, facultad, amigos heredados) y salía con todos ellos. Como era de esperar, tenían aficiones e intereses muy diferentes, y me dediqué a aprender de todos. Mi cultura alcohólica empezó allí mismo, un mes después de llegar, con un melón relleno de vino tinto berreta y jugo Tang que jamás volví a repetir por asqueante.
Mi cabeza siempre fue una esponja, empecé a absorber cosas nuevas con avidez. Comics, cine, música, salidas de fin de semana, lecturas, conversaciones. Yo no tenía ningún tipo de sentido del humor ni de agilidad para el debate verbal, hasta que me crucé con toda esta gente. La tónica del grupo era la rapidez de reacciones para las respuestas, siempre sarcásticas, irónicas o ácidas. O todo eso junto. Al lado mío, eran aviones (o así los sentía yo).
Algo de mi cultura musical incipiente empezó a florecer allí. En gran parte gracias a Sebastián (que hoy es DJ y gerente de Musimundo, HOLA SEBAAAAAASSS) que es una de las personas más enfermas de melomanía que haya conocido y que tenía/tiene una manera muy extraña de compenetrarse con la música. Y también una manera muy particular de buscar artistas nuevos, que me terminó contagiando hasta volverme la esquizofónica que soy actualmente.
Sebas pasaba de Stray Cats a Suede, de Air a St Germain, de Pizzarelli a Hedwig and the Angry Inch sin solución de continuidad aparente, pero cuando te sentabas a escuchar cómo había llegado de una banda a la otra, o de un artista a otro, pensabas que todo tenía lógica.
El propósito de todo este delirio es llegar a Liz Fraser. Elizabeth Fraser, una mujer con una voz capaz de sacar emociones a las piedras, tan versátil como afilada. Llegué a ella haciendo una relación zigzagueante que empezó en la banda sonora de Gladiator y terminó en Cocteau Twins (y todo el sello 4AD por extensión).
Por algún motivo que no conocemos sus fans, Liz no tiene carrera solista que incluya álbumes. Sí muchas colaboraciones, como verán. Su página web oficial está sin actualizar desde el año 2007. Sin embargo, es un verdadero placer tener la posibilidad de escuchar cada tanto un tema suelto y decir "Hey, esta voz la conozco"... para después darse cuenta que es ella, sí, la que estaba detrás de los coros de Howard Shore en "Lord of the Rings" o en esa canción inesperada que te conmueve hasta las lágrimas.










