lunes, febrero 15, 2010

Feliz sólo cuando llueve

El videíto de estos días (¡fuck inserción deshabilitada!)

Ya cociné, lavé, dejé cosas para hacer mañana cuando llegue del trabajo, ya fui al gimnasio y me saturé de alegría el cuerpo, ya comí duraznos en almíbar sin almíbar, ya pensé la lista de las compras para mañana y para más adelante, ya decidí la cena del martes y del miércoles, ya grité de felicidad por la lluvia, ya me bañé con agua tibia y me mimé un poco con aceites el cuerpo medio baqueteado de tanta exigencia. Ya me limé las uñas, ya empecé dos nuevas lecturas, ya llegué al objetivo en el trabajo y lo superé (feliz primer mes para mí...), ya estoy pensando en mis treinti, ya estoy organizando mi vida para volver a ver a mis amigos relegados, ya me despedí de una persona muy querida que se va (aunque no la voy a sentir lejos, nunca más), ya re-estrené el skype, ya soporté algunas cosas que me dan alergia con una sonrisa, ya perdoné, ya me olvidé, ya tapé los libros para que no se mojen por tener la ventana abierta, ya escuché las voces de May y Finis, ya me estremecí por hijos ajenos, ya me embronqué y me deshice de la bronca, ya le gané a la fiebre y a los mocos, ya empezó otra semana loca en Cassender Heighs....

Lo único que no puedo hacer... por ahora, es bailar a los saltos. Vivimos en una caja de zapatos, por Eru! Prontito, prontito, pronto.

Pero igual bailo. A mi manera. Entre risas y caricias. Entre voces queridas. Bailo y canto y revivo con la lluvia.

martes, febrero 02, 2010

Hace tiempo, en una galaxia muy lejana...

Revisando posts viejos, me encontré con este y pensé que estaría bueno tomar el test otra vez a ver qué salía.

Como en aquella época todavía no tenía este blog para hacer testudeces, solía ser muy honesta en mis respuestas. Me asombré bastante aquella vez, pero ahora no.


This Is My Life, Rated
Life:
7.5
Mind:
7.1
Body:
7.3
Spirit:
7.4
Friends/Family:
7.4
Love:
9.1
Finance:
8.4
Take the Rate My Life Quiz


Creo que he mejorado, aunque (por supuessssto) no necesitaba re-hacer el test para darme cuenta. Nomás de curiosa ^_^


lunes, febrero 01, 2010

De Summers y Tomasitos

Bueno, finalmente vi "(500) Days of Summer". Miento si les digo que no tenía ganas de verla, aún si no me la hubieran recomendado tanto: las historias de desamor tienen ese qué se yo que siempre me causa curiosidad, sobre todo por la distancia que suelo ponerle a todas por igual ("eso a mí no me pasaría", por caso: ¡si habré pensado esto de chica!).
De todos modos, acá pasó algo raro. Por primera vez en mucho tiempo me encontré hablando a la pantalla, debatiendo en pareja sobre las situaciones que se presentaban y los paralelos en nuestras respectivas vidas. Riéndome y pensando un rato, más allá del hecho cinematográfico. Porque ¿para qué están las películas sino para movernos el piso, emocionarnos un poco, cambiarnos la vida?

En fin, que no pude evitar ponerme por momentos del lado de Zooey (Summer), porque alguna vez me tocó estar allí. Si bien no fui una heartless bitch todo el tiempo, sí que tuve episodios bitchy que todavía hoy me apenan (también mentiría si dijera que me arrepiento; la yo que fui me hizo la yo que soy. Entiendan: el karma existe).
Las heartless bitches lo son inevitablemente porque quieren el pan y la torta. Quieren divertirse sin consecuencias. Reclaman inconscientemente una revancha por siglos de machismo, de "yo te llamo", de ser las que sufren en silencio. Lo sepan o no, se creen las reivindicadoras de su género y están absolutamente convencidas de obrar de la única forma correcta, de no hacer nada con mala intención. Son inevitablemente egoístas, aunque comiencen mostrándose como personas generosas; al final de una relación siempre será "sálvese quien pueda, y si soy yo mejor".
Para ellas, quien avisa no traiciona. Entonces, cuando Tom recapitula sus sentimientos por Summer luego de la ruptura, puede concluir:
"O es un ser humano malo, miserable y sin alma...o un robot".

Pero a su vez, y luego de escuchar esta letanía de sufrimientos, una anónima cita a ciegas puede retrucarle a Tom:
"¿Ella nunca te traicionó? ¿Se aprovechó de tí en alguna manera? ¿Y te dijo desde el principio que no quería un novio?"

Claro que la neurosis de Tom es tan fuerte en este punto de la ruptura que será incapaz de tener la epifanía por sí mismo. Necesitará hacer todos los pasos del duelo, incluída la recaída. Ella, mientras tanto, rehará su vida ignorando deliberadamente los sentimientos de Tom, convencida de que está haciéndole un favor al conservarlo en su vida, porque total las cosas están muy claras... ¡Para ella!

Lo cierto es que es inevitable volverse Tom cuando el corazón se te hizo astillas y la persona que creías tu Felices Para Siempre te dice que no quiere verte más, o peor: te trata como a un amigo. Créanme: si no pasaron por esto todavía, aprenderán llegado el momento que la buena persona es aquella que los dejará ir, les librará de su presencia y les prohibirá todo contacto.
A la persona que buscó apurar el proceso pasando de media naranja cuchicuchi a BFF (mejores amigos por siempre) la recordarán mal, con una sensación de veneno en la boca del estómago, aún cuando el duelo esté más que superado: no conozco una sola persona que recuerde ese dolor sordo y amargo de lo inalcanzable (la expectativa que excede a la realidad) como algo positivo. A menos que sea un masoquista.

A esa persona que te expulsa de su vida en lo inmediato la recordarás bien, independientemente de lo hija de puta que la hayas sentido en ese momento. El tiempo todo lo cura. Todo. Incluso los corazones rotos.
Los seres humanos, como ya dije tantas veces, estamos hechos para la esperanza.

Para los que esperaban un análisis más propio de una cinéfila, les diría que me gustó pero no me encantó, y que sin dudas lo mejor de todo es lo logrado que está el equilibrio narrativo y los flashbacks-flashforwards. Y Zooey Deschanel me encanta. He dicho.

martes, enero 26, 2010

Darkest dreaming of a saturday's child...

Quienes frecuentan el blog hace un tiempo conocen de mi absoluta pasión por Dead Can Dance, This Mortal Coil, Cocteau Twins, etc, etc ... todas melodías muy alegres*. Y resulta que el otro día mientras miraba CSI por canal 9 (prácticamente es el único uso que tiene la televisión en casa los domingos) me encuentro con este señor:



E inmediatamente pensé en este otro señor:



De David Sylvian conozco muy poco, por ahora. Pero a Brendan Perry le aguanto los trapos hace un rato largo. También me encantan de él otros trabajos como éste y éste. El gothic-ambient me parte el mate. Me pongo a darle vueltas y vueltas, y siempre encuentro algo que me hace click en la cabeza. Y no es que haya demasiada complejidad o virtuosismo en esas composiciones (hay de todo, como en botica). ¿Viste cuando algo te pega en un punto personal y le habla a tus instintos? Eso es lo que me pasa con este tipo de melodías.

Vaya la advertencia: este no será el último post donde hable de música. Me andan rondando algunas asociaciones de lo más extrañas. Vaya mi reconocimiento a una que hace rato nos viene entreteniendo con este tipo de ejercicios (guiño-guiño).
También a ese que me cree un pequeño prodigio, sólo por tener buen oído; alguien que estimula esas cosas que siempre estuvieron en mí y me hacen tan bien.


*Léase irónicamente.


And now for something completely different: ya les dije que el calor no es lo mío, no? uf.

domingo, enero 24, 2010

Silencio

Me cuesta imaginar la vida silenciosa. Poner la cabeza en pausa un instante cuando hay tanto ruido que atender es algo que experimentamos muy pocas veces. Sé que algunos fármacos consiguen un efecto similar al de una escafandra, alejando el ruido y alterando la percepción de una forma parecida a la del exceso de alcohol o drogas. Pero el silencio absoluto es algo tan precioso y perfecto que se diría un estado de ánimo antes que una objetivación de situaciones reales.

Al menos así me viene pasando desde que vivo un poco más lejos del campo que de la ciudad. La costumbre del silencio perfecto, o casi perfecto, se diluyó inevitablemente en la adaptación a ambientes más ruidosos. Tuve que reaprender ritmos de sueño, o acostumbrarme a llegar a la cama tan cansada que no hubiera frenazo de colectivo, alarma o guitarreada de vecinos borrachos a la madrugada capaz de despertarme. Recurrí al inefable aparatejo de radio y casette cuando el cansancio no era suficiente. Y de a poco me volví casi impermeable a los ruidos, incluso a los sonidos del equipo de música, en la necesidad de recuperar el espacio del silencio que sentía cada vez más inaccesible.

Creo que por una cuestión atávica estamos menos preparados para el silencio que para el ruido. Concentrémonos por el momento sólo en el murmullo exterior y no en el ruido blanco de las demás actividades en las que invertimos tiempo. Hoy por hoy, la ausencia de ruido inquieta antes que relajar.
Para algunos, el silencio es el espacio de la reflexión y del encuentro con uno mismo (me incluyo en este pensamiento); para muchos, ausencia de palabras o sonidos es incomodidad. Y para otros cuantos, el silencio es la prueba de fuego de las relaciones humanas. Quien es capaz de permanecer callado sin cargar el ambiente de una electricidad enervante es un raro objeto coleccionable, un amigo fetiche al que podemos recurrir cuando todo lo demás falla. Aunque, eventualmente, pase la magia y sus silencios se vuelvan incómodos; aquí no hay que engañarse: el problema es uno mismo, la falta de conexión propia con los silencios personales.

De cualquier manera no me apresuraría a juzgar a nadie por la forma en que llenan sus días de ruidos varios. Quien ha sabido callar para escucharse en momentos críticos comprenderá perfectamente si digo que muchas veces la mente es un pequeño infierno. Decidirse a recorrer los vericuetos de un edificio espiritual en ruinas, a bucear en las cavernas inexploradas de la psique, es tan duro como cualquier otra decisión vital más inmediata. Más aterrador, a veces, en tanto no hay certeza de qué encontraremos. Más incómodo, ya que no hay manera de culpar a otros. Cuando estás solo con tu alma, estás solo. Es intransferible. Se requiere de una enorme voluntad para internarse en ese núcleo de silencio, sin neurosis (otro ruido) y sin trampas. Reconocerse a sí mismo como alguien diferente a ese que se presenta ante el mundo. El silencio, la decisión del silencio, funcionaría como metáfora del verdadero Yo; el ego desnudo, sin intermediarios. Sin capas de música preferida, actividades diarias, ropa, status socioeconómico, gente relacionada, todo eso que hace que el otro crea conocernos. Todo eso que creemos que nos identifica.

A la vez (oh, paradoja) debería ser la decisión más sencilla de tomar. Uno puede saltar del adentro hacia el afuera y dejar de pensar(se) automáticamente, si así lo desea. O tal vez no. Tal vez la trampa sea ese delicado engranaje enganchado a nuestra conciencia que sigue girando aún cuando creemos estar a salvo, de regreso al ruido y a las distracciones diarias.

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Cita del día:

La vida tiene una problemática muy sencilla, tan sencilla que es casi pava: o vivís o te morís.
Estuve todos estos meses viendo por cuál de las dos me decidía. Y no fue fácil tomar la decisión porque cuando a uno le toca sufrir, quiere terminar con el dolor lo más rápido posible. Y en el dolor, uno es egoísta. Y además, el dolor nunca se puede compartir, ni siquiera acompañar. Entonces, uno está solo y dolido. Y está solo de verdad, como nunca antes. Y no le queda otra más que, en algún momento, decidir qué va a hacer.

Vontrier - Diarios Daneses

domingo, enero 17, 2010

La Bohéme

A mis casi treinta sigo sin tener del todo claro cuál es la definición de bohemia, que en más de una ocasión me fue (creo que inmerecidamente) adjudicada. Claro, para los estándares de mi familia gringa, de clasemediatrabajadora, aspirante a propietaria de al menos un bien inmueble y cultora de la tranquilidad que dan el ahorro y la salud, probablemente yo sea lo más cercano a la bohemia que han conocido.


Esto viene un poco a cuento de que recién ahora tengo un trabajo formal, después de varios años de informalidad y adhonorenismo. Algunos de mis mejores amigos deben estar boyando entre la alegría por este inesperado golpe de buena fortuna y la sorpresa por el lugar donde terminé. Era más creíble que me quedara subsistiendo con lo mínimo y, quizá, tocando la guitarra en el subte como forma alternativa de ganarme la vida. O que empezara de nuevo, una mano atrás y otra adelante, en algún pueblito recóndito junto a las sierras o al mar.


Mis actuales compañeros de trabajo desconocen prácticamente todo lo que me define como persona. Apenas saben que soy una especie de multitasking con mucha energía, mayormente de buen humor (aunque con arranques de mal genio); que me gusta mucho caminar, comer y tomar cerveza, y que soy casi casada. Y que vengo del interior del país. Nada saben (no hay manera) de mis veleidades artísticas, el berretín de escribir, el placer diario de embriagarse con música, lectura y subgéneros basura (comics, animé, catch...).


Si bien este blog ha funcionado un poco como vidriera de esa forma de vida y de pensamiento a la que me permito vagamente adscribir, muchas cosas que no exhibo ni siquiera aquí podrían calificar también como "bohemia". Si tuviera que inventarme mi propia definición sería largo.


Sería ese vicio que no se me quitó con los años, de dividirme en dos para no ser mi trabajo, ni la forma en que me visto, ni mi charla convencional en la mesa de los domingos en familia. My own private citadel, con sus códigos inventados y su caos tempoespacial, con sus pliegues y ocultamientos.


Vivir en la ciudad como si no estuviera acá, pero estando. Transcurrir mientras aspiro a otra forma de vida donde pueda (podamos) cristalizar en la vida real ese espacio que sólo es real parte del tiempo. ¿Impracticable? No lo creo. Como el agua, tarde o temprano, la naturaleza del bohemio se abre paso y encuentra un cauce. Es un remanso cuando la vida te tira por lugares donde no querrías estar, o atravesando situaciones inevitables. Es lo que te obliga a moverte, a decir "no me quedo con esto, no me agoto en esto". Es tener un sueño más cada día, algo más para esperar del futuro. Es no bajar los brazos. Ser, por encima de todo; la forma más difícil de la coherencia. Duro de poner en palabras, porque siempre la acción define mejor. Con contradicciones y todo. Bohemia sería un continuo aprendizaje, no una etiqueta ni un compartimento estanco; me encantaría conocer a una persona pura bohemia. Todavía no me pasó.


Allí, en el blogroll de al lado, hay unos cuantos ejemplos de bohemians-to-be. En la ruta estamos, ellos y yo. A veces sueño que en un futuro fundamos una comuna anárquica y terminamos bailando y cantando alla RENT. Pero es mi propia proyección platónica. Como dice el roommie: después duermo y se me pasa.

Libertad por siempre. Qué hermoso sueño. Nunca termina...





(Acá hay una definición de bohemia accesible, aquí otra. Se aceptan correcciones y contribuciones).

martes, enero 05, 2010

Irritantes redescubrimientos veraniegos


- Amo los vestidos aunque me hagan lucir como un repollo incubando un embarazo. Vuelven a ser mis musts del verano.

- El carácter me cambia con el calor, aunque no quiera. Me vuelvo totalmente intratable e irritable, como un oso al que hubieran obligado a postergar la hibernación. No hay suficiente agua, no hay suficiente aire, y por sobre todas las cosas... sigue habiendo demasiada gente en Buenos Aires. 

- No respondo de mí si alguien hace sentir mal a quienes quiero. Cuidado con este grizzly chinchudo, que hacen treintaytodosgradoscentígrados, y no soy yo cuando me enojo.

viernes, enero 01, 2010

Feliz 2010

En muchos sentidos, esta es la primera vez que formulo mi deseo a conciencia. Con total y absoluta conciencia de su extensión. 

Cuando empecé a escribir en este blog llevaba una carga, en cierto sentido. Esa carga ya no la tengo. Me eché algunas otras después, pero ninguna como aquella. Hace cuatro o cinco años había perdido el Norte y me sentía agobiada, miserable. Extra culposa. Encaré un camino de redención equivocado, porque en su transcurso no me perdoné a mí misma. Ahora pienso si todos los deseos que tuve desde ese momento hasta un tiempo después no tuvieron algún tipo de efecto rebote, y el bien que quise hacer se transmutó en daño. De todas maneras ya no importa.

No importa porque desde hace tres años, poco más o menos (parece mentira, ¡tanto y tan poco!) pasó algo que trastocó mi manera de ver el mundo. Reafirmó certezas que tomaba por intuiciones y derrumbó un par de ilusiones que había tomado por ciertas. De los golpes de la realidad salí rehecha y más dispuesta que nunca a no dejarme vencer de nuevo. Y este diario dejó de ser lo que era.

Hay registro de todos los cambios entre líneas. Los que estuvieron y están, desde el antes-durante y ahora, tienen un poco más de datos para entender esos cambios. Para mí, los altos y bajos están muy claros. Algunos me avergüenzan, pero elijo no tocar ni una coma.

A cambio, lavo la cara del blog (ah, las mujeres siempre hacemos algo drástico con la estética cuando queremos comunicar insignificancias sin usar las palabras) y dejo libre el deseo, absolutamente libre, para que los encuentre a todos ustedes. Los que leen y los que no leen. Los que saben y los que ignoran. Los que prefieren creer que no escribo en blogs. Los que me encontraron y me encontrarán por accidente. 

Lo que importa, siempre, va a estar muy dentro de mí. O sea, allá afuera. 

Donde los encuentro, tarde o temprano, a ustedes. Mis otros. A quienes he elegido llamar con toda humildad y respeto, mis amigos de la vida.

Namasté.

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Update: Lucy in the Sky, desde su San Martín de los Andes, lo dice mejor que yo. Y le agradezco. Comparto el deseo de ella con todos ustedes.

lunes, diciembre 14, 2009

Hermosa locura

Voy y vuelvo. Las noticias son buenas. No todas, pero algunas y eso alcanza para ponerme bien. Listo, Cass. No hay manera de conformar a todos, eso está claro. Tampoco hay que pedirles que tengan la infinita paciencia de casarse con tus problemas (la historia de tu vida: ser la escuchaproblemas y nunca la que es escuchada). Alguien sufrirá, alguien se resentirá, alguien va a borrarte y muchos van a odiarte sin saber por qué. ¿Qué importa? Lo que importa está acá dentro. Está entre líneas. Está en esta parrafada con comas puestas a la fuerza y en el día a día que te devora. Está en las escapadas y en los padecimientos, en la respiración de un texto bien escrito y en la picardía de las pequeñas cosas.
El futuro entero yace en esas promesas cruzadas para el 2010. El desafío planteado: ¿puedo trabajar a deadline otra vez? ¿Puedo someterme al juicio implacable de terceros sin ponerme a temblar o a vomitar?
Ya no hay culpa por sentarse a tejer ilusiones.
Propósito en movimiento, que no se te olvide.

Y esas memorias. Esas memorias fugaces.


domingo, noviembre 29, 2009

Blogland / The merry-go-round of life

Es domingo y la lluvia acaba de pinchar nuestros planes de salir de esta ciudad por un rato. No me hace del todo bien escuchar a esa amiga del otro lado del teléfono con voz entre dormida y chinchuda a la que me habría encantado ver hoy (ya me había predispuesto...) después de tanto tiempo. Ella es mamá ahora. Me anticipa una charla interesante sobre planes a futuro y me clava la espina para que tenga, todavía, más ganas de ir a verla. Pronto, pienso. Muy pronto.
¿Qué será de mi blog? Mis blogs. Abandonadísimos en estos días, como el Reader, como Twitter, como Facebook. En mis horas libres leo y me ejercito. Todavía me debo muchas cosas, pero tienen que darse algunas otras a nivel laboral para que vuelva a disponer del tiempo necesario para materializarlas.
Soy propósito en movimiento y se siente bien. La sensación vuelve justo ahora que una foto en Facebook inesperadamente me recuerda cómo era yo cuando no tenía que preocuparme del día a día (vivir con los padres, en algún punto, te eterniza en eso: a mí me duró lo justo, dieciocho años). Cuando llegaba a casa a las nueve de la noche a tiempo para cenar en familia y pegar una leída al tema del examen del día siguiente en el colegio. En el medio: gimnasia, inglés, taller de teatro o letras, coro, carrozas, mate con las compañeras, escribir. ¿De dónde me viene esta energía? No sé. Alguna vez después de eso fui puro propósito.
Propósito en movimiento, sin tantas palabras, acción pura... simplemente, se siente bien.
Estoy tomando mate con talitas al lado de la persona que amo. Leemos. Escuchamos música y vemos películas y nos acompañamos en todos los sentidos. Ya pasaron más de tres años desde que nos advertimos el uno al otro y cayeron muchas barreras en el medio. Aún así sigo teniendo esa sensación abrumadora de que el tiempo vuela, que es demasiado poco y precioso, que nunca me va a alcanzar para todo. A veces la angustia me atenaza la garganta y estoy a punto de llorar por la frustración de no ser Dr Manhattan (omnipresente y con la capacidad intelectual, además, para llevar adelante todo de una sola vez).
Después, pasa. Como la tormenta allí afuera. Vuelvo a creer que somos eternos y que los males del mundo pueden vulnerabilizarnos, pero no dañarnos. Oh, neurosis. Puedo vivir sin todo esto, incluso podría vivir sin un techo sobre mi cabeza. Algo de mí se moriría con cualquiera de mis significant others si algo les pasara. Podría vivir también con eso. He sido un gebbet, una zombie, un cuerpo sin alma funcionando a cuerda, porque la única cura que conozco para mis dolores y preocupaciones es el movimiento.
Puedo volver a todo eso. Life's tricky.

Moverse. La vida es moverse.
¿Te acordás cuando empezamos a compartir películas y música?
And then, there was the beginning of our life's merry-go-round.


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Vuelvo al Reader. No quiero perderme el pequeño placer de leer lo que allí guardo. Ojalá los no pocos seres queridos que tengo instalados allí se den por enterados de que, pese a las ausencias virtuales y los pocos tiempos reales para encontrarnos, los tengo siempre presentes.

miércoles, noviembre 18, 2009

Un (raro) cortito

Leyendo este post de Estrella, a varios twitteros, a mis conocidos de Facebook y a los locos lindos de siempre me quedo pensando por qué sé que soy rara y cómo nunca me puse a enumerar las razones que me hacen rara para los demás.

La respuesta engloba (em-bloga) todo el sentido de mi vida:

No me intereso lo suficiente para dedicarme tanto autoanálisis. Y además me da fiaca escribir sobre mí cuando la vida me está dando tantos momentos interesantes, más (por primera vez en años) la posibilidad de volver a escribir ficción.

Así que ya saben. A los que nunca me conocerán es al cuete que les enumere mis rarezas: la magia de los bichos raros nunca llega a través del papel de la misma manera que en vivo y en directo.
Alguna que otra cosa podrán intuirla a través de lo que escribo.

jueves, octubre 22, 2009

Tiempo

¿Les pasó alguna vez tener tantos proyectos y por alguna razón tenían que postergarlos?
Hasta hoy, siempre encontré una excusa para relegar los míos. Mis sueños, mi vocación, mis ganas de hablar, mi lado oscuro, la disección calculada y concienzuda de mi mundo privado (ese que me habita, el que boya entre la fantasía y la vivencia).

Hasta hoy me fue más cómodo pensar que he sido víctima de determinadas circunstancias. Que cuestiones ajenas a mí misma me ataban o me limitaban. Después de un tiempo llegué a darme cuenta que la mayor limitación, si no la única, son toda la inseguridad y la frustración que arrastro desde que era muy, muy chica. Sólo que en mi época Ponyo llevaba esa carga como un farolito entre las manos y hoy me pesa como avalancha de nieve. No supe sacudirme esa mierda a tiempo, maldita falsa modestia.

Ser autoconsciente, emocionalmente inteligente, naturalmente talentosa y todas esas mierdas que vas aprendiendo a nombrar con los años es una limitación que nunca, jamás debería infravalorarse. Podría haber usado todo esto como un bastón y en lugar de eso, convertí mis talentos en una pala con la que, despacito y a conciencia, me cavé mi propia fosa. Y antes de tiempo, me acosté en el fondo a mirar el cielo y esperar algo que nunca iba a llegar.

Todo se resume a la maldita mirada externa que aprendí a usar conmigo misma para criticarme y que me pesa peor que si fuera ajena. Claro que hay mucha gente mejor que yo. Vivo, respiro, camino todos los días con gente mil veces mejor que yo. Los leo y escucho todo el tiempo. TODO el tiempo. Si hay algo que hice bien con mi vida y mi tiempo fue elegir a la poca gente que me acompañaría en este tramo del camino. Es sólo que ya no quiero vivir a la sombra de todo eso. Quiero sacarme de encima el agobio.

Hasta hoy todo me daba miedo. ¡A mí, que no le tengo miedo a nada! Todo me superaba: circunstancias, limitaciones, complejos. Todo. Todo. Y no se crean que no la peleo todavía. Sigo tan insegura, discutidora y autocrítica como siempre. Eso no va a cambiar. Hasta hoy estaba convencida de que la vara con la que me mido no era lo suficientemente rigurosa. Entonces vino él, como siempre, a darme vuelta la existencia. Con menos de diez palabras puso en perspectiva los tres años de conversaciones y de reflexiones que venimos compartiendo.

En definitiva, ¿por qué "hasta hoy"?
Porque llegué a un punto en el que no me banco más el autoboicot (fuck Stamateas que me plagiaste el inconsciente), ese autoboicot sistemático - decía - de mis oportunidades y mis sueños. Entonces estoy decidiendo, en las corridas del día a día, plantarme de una vez por todas frente a mis temores y mis inseguridades

De una vez por todas me convenzo de que estoy lista, que ya esperé bastante, que ya tuve changüí para la excusa y que teniendo las oportunidades que tengo ahora no puedo dejar pasar un día más, un año más, una década más.

¿Dije "voy a plantarme"?
Caramba. Si ya lo estoy haciendo...
Qué alivio darme cuenta* de que el Tiempo es mío y sólo mío.



*Porque es al pedo: me lo pueden decir mil veces, toda la gente que amo y con las mejores intenciones. Soy de las que necesitan romper la pared a cabezazos.

domingo, octubre 18, 2009

Contra la desesperanza II

¿De qué sirven los placeres culposos, los subgéneros, las películas de mierda que nos gustan, la música vacía de contenido pero llena de punch, las catarsis pelotudas frente a la PC o el televisor?
¿Para qué gastar el tiempo en cosas que los pares pueden considerar frívolas o pelotudas? (Libre albedrío, cada quien hace de su tiempo lo que le place, ya lo sabemos. Suspendan el juicio por un ratito).
¿A quién le sirven los libros descastados, despreciados por "vendedores" o por tontos?
A gente como ésta.


(Fuente: PostSecret)

Es fija que quienes jamás hayan estado cerca de un depresivo o de una persona con tendencias suicidas se rían o hagan "pffff" al ver cosas así. Posiblemente, porque no entienden toda la fuerza que tienen las pequeñas cosas a la hora de torcer algunas decisiones. Lucky them.
Este tipo de "pelotudeces", amigos míos (y no tanto), preservan algo de mi fe en la humanidad.

sábado, octubre 17, 2009

Decir por decir

Las vi y me llenaron de una felicidad que ni la mínima bronca puede empañar.
Las vi y todo tuvo otro sentido. Recordé que la libido bien puesta (en tus objetivos, en la gente que querés y en lo que sabés hacer mejor, sobte todo) es la medicina perfecta y que todo lo demás son fuegos artificiales.
Lo recuerdo ahora mirando sus fotos.
Lo tengo presente viéndolo a él trabajar a pocos pasos de distancia de mi escritorio.

Creía que no me importaba caerle bien a nadie, pero a esta altura sé que quiero que esos pocos "ellos" me sigan queriendo así, como yo los quiero, aunque más no sea la mitad de lo que yo los quiero. Que es tanto que no puedo abarcarlo con la palabra ni con el pensamiento.

Gracias a ustedes me salvo del desastre cotidiano, de la marea roja, de la depresión que siempre acecha y de las malas compañías.

Un deseo para el futuro: si este blog me sobrevive, quiero que ellas lo encuentren y sepan que las amo. Usted, el que lee siempre, ya lo sabe.

Los demás: sepan disculpar las catarsis sucesivas, pronto habrá un retorno a la programación levemente más amigable de siempre.


jueves, septiembre 24, 2009

Un poco (más) de autocrítica

Los que pasan por este espacio hace ya algún tiempo saben que el deporte nacional del Extraño Mundo es el dramaqueenismo y la autoflagelación. Entonces se estarán preguntando ¿por qué MÁS autocrítica? o sea... ¿no te alcanza con cuestionarte todo el tiempo, hacer catarsis y darte cuenta que sos una pelotuda a pedales por engancharte en cuestiones que no merecen una sola línea?
Me es inevitable escribir hoy para asumir, de una vez por todas, que el problema soy yo. O sea: no sos vos, soy yo. O sea:

- La que se enrosca con una pelotudez soy yo.
- La que da segundas oportunidades a gente que puede traicionar, soy yo.
- La que da cabida a la mala leche ajena escudándose en un exacerbado sentido de la tolerancia, soy yo.
- La que perdona, perdona y vuelve a perdonar soy yo.
- La que no puede dormir cuando un ser querido tiene problemas soy yo.
- La que tratando de hacer las cosas bien la embarra con una mala decisión, soy yo.

También soy yo...

... la que alguna vez tiró la piedra y escondió la mano
... la que se calló cuando tenía que hablar
... la que habló cuando tenía que callar (por no poder estar simplemente en silencio)
... la que esperó a sentirse bien hecha mierda y bien cargada de emociones para saltar como leche hervida y sin filtro
... la que procrastina placeres todo el tiempo cuando la obligación acucia (y viceversa)
... la que no escribe porque no tiene tiempo
... la que está dejando que se la devore una sociopatía galopante y pierde en el trayecto ese hilo místico que la une a la condición humana.

Todo esto viene muy a cuento. En las próximas horas, o días, no va a faltar quien me pida un poco de autocrítica (de hecho, ya llegó el primer mail). Que me baje del caballo. Que no sea tan forra. Que yo no soy perfecta y que tampoco hago las cosas taaaaan bien, vamos. Como si no lo supiera. Go on and get a life.
Lo que no voy a tolerar de ninguna manera es que pretendan decirme quién soy yo: qué calidad humana, qué filiación gremial o política, qué nivel de sinceridad, qué méritos en lo profesional o laboral. Cada vez que abro la boca es para decir algo constructivo: si no, me callo. Y la verdad es que estoy un poco podrida de callarme. Debería tener menos filtro.

Mayormente, la gente que me rodea se cuida muy poco de mis sentimientos. Les da lo mismo que me sienta lastimada o herida, total no se nota (y qué bronca que no se note: pensar que incluso hay gente que es más feliz cuanto peor te va). Mientras soy funcional puedo ser usada a placer, cargada de negativismo, ninguneada, forreada. Cuando pongo el freno, saltan ofendidos pidiéndome "autocrítica". La veo venir.

En el fondo leo: miedo, bronca, resentimiento, palabras viejas atragantadas, mala leche, tristeza, frustración. No conmigo quizá, pero sí hacia mí, sublimando quién sabe cuántos años de penurias, o proyectando la imagen deforme y grotesca de un monstruo que tiene mi cara.

En síntesis: yo te hago toda la autocrítica que quieras. ¿Vos sos capaz de mirarte en el espejo y verte?



Ahora, no estoy buscando absolución
Ni perdón por las cosas que hago
Pero antes de que llegues a ninguna conclusión
Trata de caminar en mis zapatos.
Tropezarás en mis pasos.
Mantén los mismos compromisos que yo mantuve.
Si caminas en mis zapatos.
Trata de caminar en mis zapatos.

....

No busco una conciencia más clara
O paz mental después de lo que he pasado.
Y antes de hablar de arrepentimiento,
trata de caminar en mis zapatos.
Tropezarás en mis pasos...


lunes, septiembre 21, 2009

Equinoccio

Este coso anda bastante abandonado y a veces más que nada pumparabajo, pero lo cierto es que en cuatro añitos fue el compañero silencioso de los vaivenes de mi vida. Una vida con entretelones que dan para escribir una novela, tranquilamente. Aunque ni aquí ni ahora.

Entonces, por un año más de este blog, donde (como me gusta decir) pasó la vida entre líneas.
Salud con violines y con esta pieza de despedida a mi estación favorita:


martes, septiembre 08, 2009

No more I love you´s

Ya no me quejo, ya no lloro.
Estoy dejando muchas cosas atrás y no las extraño. Para nada.

No más "te quieros" desprovistos de sentido.
No más llanto ni rabias ni angustias desperdiciadas.

Si no supieron estar cuando los necesité, fue para que aprendiera a no necesitarlos. Ni entonces, ni nunca.
Si dejaron de buscarme en algún momento no fue porque yo les dije "no puedo". A esta altura saben que "no puedo" no existe en mi vocabulario. Siempre me hago un tiempo para compartir con gente valiosa. Así que no me batan más esa excusa.
Ahora soy yo y mis circunstancias. Soy yo con regalito. Yo casada. Aburrida y repetitiva. Crecida, aunque no del todo madurada. La misma. Exactamente la misma. Aunque me miren y me traten distinto. Ni un ápice menos de ganas. Ni un poquito menos de fuerza.

Muchísimas gracias por lo poco que me dieron, que fue mucho para mí y nada para ustedes.
Muchas gracias por enseñarme que la hipocresía fue unilateral y no mutua. Que sigo teniendo el invicto de la honestidad.
Gracias, gracias, gracias de corazón.
No saben lo que me alivia sacármelos de encima y lo feliz que me siento en este momento de mi vida. Un momento que habría estado buenísimo compartir con ustedes, pero que eligieron perderse.


jueves, agosto 20, 2009

Que tiren papelitos

No soy un bicho urbano. No me van los amontonamientos de gente. Las pocas veces que fui a recitales fue al aire libre, o en el punto más alejado. Las pocas fiestas que frecuento me encuentran siempre a los costados, nunca en el epicentro. Busco las funciones menos concurridas de cine. Camino por las noches para chocarme menos con la gente. Me siento al lado de los más callados en reuniones donde no conozco a nadie, o conozco a pocos.
El 30 de diciembre me encontró en casa, escribiendo. Sola. Mi hermano se había ido a pasar las fiestas al pago natal. Escuchaba la radio cuando dieron la noticia. Fuego en República Cromañón, en el Once. Aunque vivía en un departamento que no daba a la calle, se podía escuchar el ulular de las ambulancias a las dos, tres de la madrugada. Venía de noches de pesadilla, parecidas a las que describo aquí y esa madrugada me quedé dormida junto a la compu mientras veía el caos que TN iba colgando en internet.
A las siete de la mañana salí a la calle y ya había vecinos pispeando hacia la morgue judicial, a un par de cuadras de donde vivíamos. Me quedé sentada un rato en el umbral del edificio. Era sábado y hacía calor. Quería ir, pero... ¿a qué? ¿Para qué? El morbo de la situación me daba asco. ¿Cuánta gente que no tenía nada para hacer más que mirar el dolor ajeno estaría parada alrededor de la morgue en ese momento?
Volví a entrar. Escribí en un cuaderno universitario dos hojas de reflexiones tristes que tenían que ver con Cromañón y con el tsunami en Asia, donde una persona a la que había empezado a querer a la distancia se había quedado, de pronto, sin futuro, sin familia. Sin nada.
Fue el primer fin de año realmente triste que tuve en toda mi vida. No iba a ser el último.

Ayer, durante la lectura del veredicto de un juicio que duró un año y contra lo que muchos esperaban (aunque algunos lo vimos venir, con tristeza y con rabia), el tribunal dio, una vez más, una lección de argentinidad al palo. Los magistrados, la madre de Fontanet y los fans de Callejeros, infantería en puerta incluída. Sobre todo esa suelta de papeles cuando no había nada que celebrar, como no hay nada que celebrar cuando una guerra termina, o cuando se acaba la agonía de la incertidumbre.
Escuché, pese al dolor inmenso que deben haber sentido, claridad en los padres y familiares de las víctimas. Se me volvió a partir el corazón con las imágenes y los sonidos de todo lo que estaba pasando a pocas cuadras de mi casa.
Otra vez, estaba lejos del epicentro. Ya no era sábado, pero había sol y era un día perfecto para exorcizar la bronca, y me habría venido bárbaro porque con esto ya suman muchos dolores y preocupaciones para apenas un par de semanas. Esta vez, me habría gustado estar ahí. No por morbo. Para brindar un abrazo sincero. Para ofrecer un frente sólido contra la desesperanza. Para decirles que ninguna condena es absoluta y que se puede pelear, se puede seguir peleando aunque se te caguen de risa en la cara. Porque no somos mejores que los que se fueron, quizá; pero somos los que estamos. Y queremos estar.
Porque después de casi cinco años, las caras anónimas que me crucé durante dos, tres días cerca de la morgue judicial empezaron a ser más y más familiares. Porque entendí cada salto al vacío, cada muerte de pena, cada caso de stress postraumático. Los números dejaron de ser números y empezaron a tener la identidad (la entidad) que sólo da la memoria colectiva.

Ahora sí.
Por esta semana, este mes, esta década de mierda.

Rompan todo.





Understand I can't feel anything
It isn't like I wanna sift through the decay
I feel like a would, like I got a fuckin' gun against my head
You live when I'm dead

viernes, agosto 14, 2009

The dark night of the soul

Debería estar trabajando, pero escribo esto. Es tarde. Mi día laboral empezó hace exactamente doce horas y media. A partir de esta semana, todas mis semanas serán más o menos iguales quién sabe hasta cuándo.
La oficina es linda. En este momento escribo a doce pisos por encima de 9 de julio, la ventana mira a Sarmiento. Vi el hermoso atardecer celeste y rosa por encima de un edificio que tiene una casa en su terraza que sólo se puede observar a esta precisa altura. En este momento, una luz índigo la hace parecer un sueño burtoniano. Desde hace horas los coches desfilan en una hilera interminable. Escucho las bocinas, el rumor de los motores y como en una alucinación, las ranas. Ese croar que recién voy a estar escuchando de verdad mañana por la noche, cuando estemos en silencio, en la laguna del parque Unzué.

Nos imagino así, sentados uno junto al otro bajo los faroles, el sol cayendo sobre el parque y el duelo silencioso en el alma, y las ranas croando y "Qué bello es vivir" y "Réquiem por un sueño" todo junto.

Hoy se me amontona todo: anhelos, sensaciones, dolores, viajes que vendrán.
Se amontonan todos los posts que me debía en borrador.
Se me amontonan las emociones.
Se me atragantan las ganas de llorar y de abrazar.
Mi "debe" crece hasta el infinito.

Estoy volando de una fiebre que no cura nada, de una sed que no sacia nada.

Estoy en el medio de un páramo que reconozco, con todas las certidumbres puestas y los sentidos alerta.

Espero. Camino. Trabajo. Espero. Pienso. Escribo. Investigo. Espero. Duermo. Gozo. Como. Espero. Sufro. Siento. Todo junto. Y en el medio, las canciones que estaban trabadas en medio de la garganta queriendo salir, las palabras que nunca encontraron un cauce, una desconocida que me convence de la inevitabilidad de escribir y que me agradece un gesto que quizá nunca pueda retribuirme. El amor, los miedos, extrañar. La ansiedad y la angustia reaprendidas.

Estoy a punto de salir del todo.

Y justo ahora, nada de todo esto importa. Nada importa. Nada.

Que vayas con bien, amor

Cuando faltan las palabras lo único que nos salva es la música.



I wish I were on yonder hill
'Tis there I'd sit and cry my fill
'Til every tear would turn a mill
Is go dté tú mo mhúirnín slán (And may you go safely, my darling)

Suil, suil, suil a ruin (Go, go, go, my love)
Suil go sochair agus suil go ciúin (Go quietly and go peacefully)
Suil go doras agus éalaigh liom (Go to the door and fly with me)
Is go dté tú mo mhúirnín slán (And may you go safely, my darling)

I'll sell my rock, I'll sell my reel
I'll sell my only spinning wheel
And buy my love a sword of steel
Is go dté tú mo mhúirnín slán

I wish, I wish, I wish in vain
I wish I had my heart again
And vainly think I'd not complain

Is go dté tú mo mhúirnín slán