viernes, julio 17, 2009

So long, Mr Darcy

Algunas mujeres esperan toda la vida al tipo ideal. Un hombre que cumpla con todos los requisitos que impone el status quo (el propio y el ajeno), pero sobre todo que pueda ser lucido ante los pares como una especie de logro personal. Se critica bastante a los hombres por este tipo de actitudes, pero es cierto que muchas mujeres, más papistas que el Papa en cuestiones de machismo, no hacen sino ofrecer su propia versión de la "pareja trofeo".

En una charla de sobremesa que tuvimos entre ayer y hoy, surgió el tema y me quedé pensando. Entre las muchas recurrencias de mi vida hay algunas muy curiosas que involucran a mis parejas más estables, o hablando más ampliamente, a los hombres que me cautivaron.

Entre mis amigas me hice desde chica fama de "quedarme con el más feo" (o con el más raro, o con el que nadie disputaría). Era una forma cruel de verlo, porque si bien ninguno de ellos era un Adonis nunca llegué a verlos feos. De hecho, me fascinaban. Nunca pude estar cerca de ningún hombre que no me resulte fascinante, de alguna u otra manera.

Ninguno de ellos fue el típico "hombre trofeo". Eran más bien difíciles de clasificar, con tipos físicos variados. Definitivamente, ninguno era la primera opción de nadie en reuniones sociales y fiestas (qué reuniones? qué fiestas? qué es sociabilizar?)
A todos (excepto al último) les repugnaba el mate.
Ninguno fue rubio, excepto de chico.
Todos eran un poco altaneros, un poco soberbios, y estaban asquerosamente seguros de sí mismos.
Todos eran de notables a brillantes en algún área específica, o varias.
Todos fueron amores a segunda vista.
No los busqué. Llegaron a mí de las maneras más inverosímiles.

La primera vez que leí "Orgullo y Prejuicio" fue en una edición de traducción castiza donde Lizzie era "Bebel" y todos los nombres sonaban extraños junto a los apellidos ingleses.
La atracción por Austen fue irresistible e inmediata. Yo tenía doce años y nunca había sido besada, no había bailado lentos con ningún chico que me gustase de verdad, no entendía del amor más que la sensación primigenia de las ganas de estar cerca de "él" todo el tiempo, de hacer comentarios que lo hicieran reír, de que me viera como algo más que una gringuita demasiado alta que todavía usaba ropa de nena aunque ya parecía una mujer.
¿Cómo no iba a empatizar de inmediato con esa noción del amor que Austen describía en "Orgullo y Prejuicio"? Una atracción que pasaba por el cuerpo y por la mente y que no llegaba a expresarse en el arrebato, aunque todo el tiempo la química entre los personajes hiciera pensar en la inminencia de un beso (que jamás llegaba). Un espíritu hablando al otro, las palabras entre líneas, el lenguaje corporal que se adivinaba detrás. Fantaseé y soñé con ese libro durante años. Y me pasó como a muchas otras desde hace siglos: me enamoré perdidamente de Darcy.

Todos mis "ellos" tuvieron cosas en común que eran notables a simple vista, pero más significativo aún fue lo que nadie notó, excepto yo: todos tenían algo de Darcy. Del primero al último.
El último fue como llegar a casa en un día lluvioso de invierno.

Escena de la lluvia
"Desde el momento en que lo conocí, su arrogancia y presunción y su desdén egoísta por los sentimientos de los demás me hicieron darme cuenta de que es el último hombre con el cual me casaría"

Escena final
"Debes saber... seguro debes saber que lo hice todo por tí"


So long, Mr. Darcy.

jueves, julio 16, 2009

Ejercicio de autoconciencia / Jueves

No voy a aprender a manejar mi frustración si me empeño en mirar mis logros o mis omisiones a través de las lupas de otros. Mi lupa es suficientemente potente como para amargarme el día. La neurosis va para los dos lados, el del "debe" y el del "haber". No hice tanto como habría querido, hice más que mucha gente pero aún así...
Obviamente que si sigo acobardada por mi percepción de otras personas que a mi edad ya tenían o iban encaminadas a conseguir algo parecido a lo que yo aspiro para mí misma, nunca voy a despegar.Y si despego y nadie se da cuenta, es igual a haberme quedado quieta.

Mi mayor problema (lo descubrí gracias a vos, sí... a vos) no es la poca certeza de lo que debe hacerse o cómo, sino la inminencia, siempre postergada o empujada al futuro, del punto de partida.

Cuándo, cuándo, cuándo. No qué, no cómo. Cuándo.

martes, julio 14, 2009

Everybody loves Samanta


No es ningún secreto que uno de los libros que me iluminaron la vida en 2008 fue "El núcleo del disturbio", de Samanta Schweblin. Una de esas personas que una no puede siquiera intuir a través de sus cuentos y que en un par de páginas (más o menos) es capaz de hacerte pensar, viajar, imaginar, creer, disfrutar.
Una de las cosas que más me fastidiaban hace un tiempo era esa pátina autorreferencial, muy "nuevocineargentino", que impregnaba casi a toda la narrativa que había caído en mis manos en los últimos cinco o seis años. Y no me refiero sólo a la narrativa argentina. (De todos modos dejé el fastidio de lado hace rato, junto con mi culpa lectora: si no me gusta, simplemente lo abandono... pero esa es otra historia). Schweblin hace que toda traza de autor desaparezca de su ficción, como quien crea un mundo en una habitación cerrada y te deja allí, solo, espectador imposibilitado de escapar de la trama. Es la propia historia la que te suelta, la que te expulsa. Dejarla, al menos a mí, se me hacía imposible.

Devoré el libro de un solo tirón, en una tarde. Creo que me llevó una hora. Lo leí más lentamente en los días sucesivos, imponiéndome un límite de dos cuentos diarios y nada más. Cada tanto vuelvo a abrirlo y a quedarme absorta con "Adaliana", "Matar a un perro" o "Agujeros Negros". Me conmueve de un modo que no puedo explicar con certeza la historia casi cinematográfica de "El momento". Las historias que cuenta Samanta son viscerales, visuales, fantásticas. Coquetean con el horror, con lo que no se dice ni se muestra, y también con las locuras más explícitas como si formaran parte de un acervo cotidiano. Los personajes tienen, la mayoría de las veces, nombres extraños; la mayoría de las veces, son cucos. Antihéroes. Víctimas. Nada es rosa acá, diría Panza.

Su segundo libro, "Pájaros en la boca", también es sobresaliente. Aunque tengo que confesar que "El núcleo del disturbio" tiene uno de los pocos invictos de mi corazón.

Lo más inquietante de todo es que pese a la gran difusión de su trabajo en los últimos tiempos y del reconocimiento de muchos de sus pares (sus dos libros de relatos ganaron, respectivamente, el premio Fondo Nacional de las Artes y Casa de las Américas), "El núcleo del disturbio" todavía se puede conseguir fácilmente en las mesas de saldos de Corrientes o de Florida.

Yo ya compré para regalarle a gente querida. Si les interesa la buena narrativa, revuelvan... que lo encuentran.

Acá les dejo, también, un video donde Samanta Schweblin cuenta una anécdota de infancia., durante la presentación de "Pájaros en la boca", hace un mes en la librería "La boutique del libro", en Palermo (Gracias a PZ que lo linkeó)


lunes, julio 13, 2009

Abrazo de palabras

Alguna vez dije que no me gusta reconocer en mí algunas muletillas que deploro en otras personas.

En los últimos meses, descubrí que a fuerza de convivir con May y Finis se me pegó una de las peores: hablar del sobrinaje. Supongo que es algo que cualquier persona mínimamente emotiva es incapaz de evitar: para las madres directamente es una obligación. A mí se me sale a borbotones en los momentos más inoportunos, esa baba pegajosa de tía exclusivista, posesiva, que se muere por hablar de las cosas que hacen las gordis como si fueran maravillas, absolutas maravillas.

Sé que no son más que otros pequeños proyectos de seres humanos. Pero son tan maravillosas como cualquier otro proyecto de ser humano. Son un milagro.

Lo que me provocan es milagroso.

Podría contar mil cosas sobre la manera en que jugamos, las charlas que tenemos, la forma en que Finis estira una manito para apoyarla en mi antebrazo (siempre en el mismo lugar, siempre de la misma manera) cuando quiere dormir, o la sensibilidad infinita de May que la hace tan permeable a personas y ambientes (como yo cuando era chica).

Pero no voy a decir nada.
Las quiero tanto que intento no dejar rastro de ellas en ninguna parte, como hago con prácticamente todos mis seres más queridos. Ni una foto identificable en Internet, ni un dato sobre el lugar donde viven o sus actividades diarias.

Las quiero tanto, que necesitaba escribir esto... Nomás porque ya van como cinco meses que las cuido casi a diario. Porque hoy se cumple una semana desde la última vez que las abracé, y no veo la hora de volver a tenerlas cerca.

Y con ellas a todos esos seres queridos que extraño, que me muero por abrazar y que los vientos de la vida me quitaron por algún motivo.

Hay días en que estoy hipersensible, como hoy. Escribo para no gritar, y persiguiendo abrazos invisibles, termino abrazada a estas palabras.

Es inevitable.

Cuando el amor desborda, es inevitable.

Contra la incoherencia de ciertas prácticas diarias

Como muchos saben, estoy suscrita a Menéame y por esa vía he llegado a muchos blogs interesantes. Pero pocas veces me toca leer un artículo tan contundente y a la vez tan coherente (que no excluye la autocrítica) como el que me encontré en Dame La Voz. Se titula "Los estúpidos y el catálogo de Ikea".

Me vais a permitir que encarne en el «catálogo de Ikea» todo lo que vienen a ser los folletos publicitarios, triple envoltorio de plástico para las magdalenas, doble precinto de las botellas de agua, flyers, y un largo etcétera de productos de un solo uso con utilidad nula. He escogido al catálogo como cabeza de turco porque es un tocho de papel satinado, a todo color, que yo no he pedido que me envíen y que anuncia un producto en el que el lector sólo estará interesado cuando se mude o reforme su casa, es decir, una o dos veces en la vida.

Por el párrafo anterior ya podéis intuir de qué va el tema. Parece que una magdalena va a estar contaminada de ébola a menos que lleve un plástico individual, otro plástico para el pack de 3 “para llevar” y otro plástico para la bolsa, sumado a un tercer plástico que es la bolsa de la compra. De todos ellos, irónicamente, el único reutilizable es la bolsa de la compra, que la mayoría de la sociedad usamos para tirar la basura. ¿Los otros? Simplemente, forman parte de esa basura. Digo que es irónico porque las administraciones están poniéndose serias para restringir las bolsas del súper, cuando lo que deberían hacer es parar la vorágine de productos de un sólo uso o, sorpresa, de cero usos.


(seguir leyendo)

Más allá de que hay cuestiones que no comparto en lo personal, estoy de acuerdo con la postura crítica asumida por el autor, Carlos Fenollosa. Desde ya, le agradezco haya puesto en palabras los pensamientos que muchos otros estúpidos compartimos (y practicamos) a diario.

Buena semana para todos!

viernes, julio 10, 2009

Locuritas de fin de semana

Vía Facebook, me vengo a enterar de unas cuantas cosas... a saber:

- Ana, exhabitué blogger (y hoy, sumamente ocupada periodista :-) ) me sorprende con la noticia de que Koji Suzuki publicó una novela de horror llamada "Drop"... en papel higiénico!! Y leyendo en otros blogs, amplío la info: se trata de una novela corta, de 2000 palabras y es una historia de terror psicológico que transcurre, como no podía ser de otra manera, en un pequeño baño japonés. La historia se repite 88 veces por rollo, por si te quedás con ganas de leerla o bien, si querés guardarte un tramito del papel de recuerdo... y ya está batiendo records de venta en Japón.


- Milo publicó el trailer, esperadísimo para mí, de "Where the wild things are". Encima, la música que eligieron es la de Arcade Fire (una de mis bandas preferidas de los últimos tiempos). Voilá.

- Volvió Mamá Lucchetti, para alegría de mis sobrinas, de Fodor y mía.

- GuilleX, de Sunchales, me recuerda que lo bizarro nunca muere. Había visto este video hace como un año. Me matan las caritas de Samwell y la sutileza de la letra (bah, de todo. Ojo, que es "fete", enserio).

Buen (resto del) fin de semana para todos.

(No se malacostumbren: a menos que haya votación masiva de posteo diario, esta regularidad raramente volverá a repetirse :-P)

Ch-ch-ch-ch-changes...

Parece mentira, pero este blog va a cumplir cuatro años en breve y todavía no me pongo de acuerdo conmigo misma sobre qué hacer de él. Nunca me decido a cambiar el template, cuando toco los gadgets hago cagada y siempre me olvido de ir actualizando los links de blogs amigos. Nunca le doy bola a las estadísticas (tengo un statcounter que de ni mirarlo me olvidé el password...) ni a la cantidad de seguidores.

Lo que menos entiendo es que todavía haya gente que siga viniendo a ponerle onda y premiarlo dos por tres, y es en honor de esos poquísimos elegidos que me decidí a poner la primera encuesta (la primera en cuatro fuckin' años!), así me ayudan a pensar qué hacer con este espacio ecléctico y por sobre todas las cosas, adorable (!)

Tienen tiempo hasta casifindemes para votar. Y aunque no sé qué va a salir de todo esto y también tengo mucho cagazo, asumo desde ya el compromiso de apegarme a la opinión generalizada.

Además, me tomé el trabajito de empezar una wishlist de cumpleaños (no esperen coherencia ni consideración, es la primera wishlist de mi vida y estoy absolutamente entregada a pedir lo que se me cante) para que vayan pensando en el gran ágape del año entrante, hagan mérito y reciban la correspondiente invitación al megaevento que ya estoy planificando para mis tres décadas.

Live long and prosper.




jueves, julio 09, 2009

9 de julio

Hace dos años nevaba. Podría volver a nevar, así celebro junto a él los dos años que pasaron desde que lo esperaba, bajo la nieve, escuchándolo por el celular mientras los copos me mojaban el buzo y la remera debajo (todo el abrigo que tenía disponible en ese día). Llegó unos días después y se perdió la nieve, pobre.

Hoy salimos a pasear. Dos horas. Caminamos hasta la Plaza, entramos y salimos de varios lugares. Comimos temprano, hubo cama, lecturas, música (todavía hay). Todo para el vago de feriado...

El domingo pasado quise postear algo que me había quedado hermoso y al final lo borré de puro torpe. Básicamente, recomendaba que le pegaran una miradita a esta película (muy loca) y comentaba que desde que tenemos el ampli en casa retomé las prácticas abandonadas de canto.

Canto todos los días. Toco bastante menos de lo que canto, las manos hechas cuero de tanto lavado de manos y cuerdas .11. Pero la garganta va queriendo recuperar el tiempo perdido y un registro de mezzo que supe cultivar cuando era coreuta.

Mi objetivo para fin de año es encontrar un violinista que nos haga la segunda y reversionar esto:




Ténganme fe.

domingo, junio 21, 2009

Paloma

La fascinación por la inteligencia es algo fascinante. Para mí no es un valor en sí. Gente inteligente la hay a patadas. Hay muchos cretinos, pero también hay muchos cerebros muy capaces. Voy a decir una banalidad, pero la inteligencia en sí no tiene ningún valor ni ningún interés. Personas inteligentísimas consagraron su vida a la cuestión del sexo de los ángeles, por ejemplo. Pero muchos hombres inteligentes tienen una especie de virus: consideran la inteligencia como un fin. Sólo tienen una idea en la cabeza: ser inteligentes, lo cual es muy estúpido. Y cuando la inteligencia se toma por un objetivo, funciona de manera extraña: la prueba de que existe no reside en el ingenio y la sencillez de sus frutos, sino en la oscuridad de su expresión.

(extractado del capítulo Idea profunda nº 11)

En estos días no estoy posteando mucho en general. Ando bastante tiempo en Twitter por comodidad (es lo único que puedo tener abierto mientras trabajo además del GReader) y cuando termino mis jornadas laborales combinadas a veces sólo tengo resto para poner la casa en orden y leer un poco.
Por suerte, en estos días abundan las buenas lecturas. Finalmente nos compramos "El jugador", de F. Dostoievsky, y es mi libro de ruta en los momentos de tránsito entre mi casa y las ocupaciones diarias. Estuve leyendo a Coetzee, y también a Muriel Barbery, una escritora que ya se apuntó un poroto conmigo. Su novela, "La elegancia del erizo" (Seix Barral, junio 2009) es best seller en Francia y se prepara una versión cinematográfica que me da mucha curiosidad; espero que no demore tanto como la adaptación de "La escafandra y la mariposa".

Al libro de Barbery corresponde la cita que abre el post. Leída así, aislada, puede parecer una verdad de perogrullo (el roommie no perdona); sin embargo, situada en el contexto, resulta de un interés y una actualidad pasmosas. La reflexión corresponde a uno de los dos personajes centrales del libro, una niña de 12 años llamada Paloma, hija menor de una familia adinerada en la que la inteligencia es un valor supremo y que se ha pasado prácticamente toda la vida ocultando el hecho de que es superdotada. Ha decidido suicidarse cuando cumpla 13 años, y en el ínterin se ocupa de escribir sus impresiones personales en una especie de bitácora de ensayo bajo dos etiquetas: "Ideas profundas" y "Diario del movimiento del mundo".

Lo que escribe Paloma puede que sea banal, pero ¿cuántas veces los adultos se cruzan con esas banalidades sin prestarles atención? Al minuto de leer el párrafo se me vinieron a la cabeza un sinfín de ejemplos prácticos . El culto a la inteligencia por lo que la inteligencia representa (una mera cuestión de status, una falacia narcisista que le da a su portador la impunidad de burlarse de un prójimo al que prejuzga) está bastante extendido en los círculos donde me muevo desde que era muy chica. Me apena, porque cuanto más inteligente es la persona que conozco, habitualmente más se atormenta con naderías, más obligada se siente a demostrar su inteligencia, más se acompleja frente a la capacidad ajena, más se cierra su cabeza en conceptos estáticos, cuando lo que debería hacer es justamente mostrarse abierta e inquieta.

Para mí, igual que para Paloma, la inteligencia que no sirve para apreciar la belleza de las cosas más simples, o que es una causa de angustias y frustraciones para quien la porta, es tan inútil como aquella inteligencia que predicando inconformismo, se conforma en sus compartimientos estancos volviéndose "oscura en su expresión". No se comparte, por ende no sirve; no es útil, no cambia el mundo. Los grandes genios han sido, todos ellos e incluso a su pesar, generosos: la belleza de sus creaciones y sus aportes, por indescifrables que parezcan (yo no me voy a fijar tanto en la poética de la teoría de la relatividad o del signo lingüístico como en las emociones y el impulso creativo que me generan la música, la pintura o la narrativa) han cambiado la vida de cientos de millones de personas a lo largo de los tiempos.
Pretender guardarse para uno mismo esa comprensión, ese goce, es desvirtuar la finalidad misma del arte y la cultura. Pretender que ese goce no está (o no debería estar) al alcance de todos, o que sólo las mentes mejor preparadas pueden apreciarlo, es una afirmación propia de personas poco inteligentes. La inteligencia que se basa en una autocomplacencia contemplativa, esa que detentan los supuestos torturados e incomprendidos, no me sirve. Es como haberte comprado la edición más hermosa de un libro o película que te gusta para dejarla en el envoltorio y jamás usarla o leerla. Inteligencia de memorabilia, como objeto de culto, es como tener comida de adorno. Pasar hambre para que todos puedan ver que tenés algo que comer y que es más importante para vos como objeto de deseo que como alimento, es una de las peores incoherencias de las que es capaz el ser humano.

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Pasando la hoja, ¡marchen todos a ver Up! Yo no veo la hora de volver a verla.



martes, junio 09, 2009

Espacio de autobombo y difusión cultural


Amigos de este blog aletargado, mas no muerto. Dos avisos.

Primero: El estimadísimo Unser me ha hecho inmerecida (y por descarte) acreedora de un premio que comparto con gente más valiosa y posteadora, sin dudas. Pa que vean. El Premio Dardo (Best Blog Darts Thinker), que valora la creatividad de los autores y consiste en un reconocimiento "por transmitir cada día valores culturales, éticos, literarios, personales...", etc. Aceptarlo implica cumplir estas normas:


  1. Publicar el reglamento y el logo del premio.
  2. Enlazar al sitio que nos lo haya obsequiado.
  3. Premiar a otros 15 que según nuestro criterio se lo merezcan.
(si, copypasteé del blog del Unser. cuál é?)

Mis nominados son los quince primeros que lean este post y se adueñen del premio. Sé que mis lectores son pocos, pero todos dignos de cualquier premio que yo podría darles (sea inventado o heredado).

Segundo, y no menos importante: El amigo Paco, a.k.a. Paquette, nos invita a todos muy amablemente a un espectáculo del que puedo dar fe de su calidad artística y humorística: "Cronopio: Ser feliz".


Los veo allá, si se animan. El que menciona este post, me paga una cerveza. Me la merezco por trabajadora y buena niña.
AVISO DE ERRATA: La dirección del volante está mal, eh. Así que agenden la posta: Agüero 489, Abasto.

Saludos a todos y avanti popolo, que falta poco para las elecciones. ¿Cómo, todavía no saben a quién votan? Vamos, gente, media pila.

domingo, mayo 24, 2009

Darte cuenta...

... de que por alguna razón tus amigos dejaron de llamarte, y que cuando los hablás por teléfono el trato es distinto, es un golpe que siempre duele. 

No importa cuántos te hayan decepcionado antes, siempre es horrible darte cuenta que puede pasar. Una y otra y otra vez.

Y no sé qué es peor. Si darte cuenta de que hace mucho tiempo no tenés noticia de ellos por ningún lado (aunque los extrañás y se los hacés saber), o empezar a sospechar el motivo de esas ausencias, de ese destrato. 
Quizá ni ellos se dan cuenta que el trato empezó a cambiar mucho antes y que te diste cuenta, pero como una idiota pensaste que era culpa tuya, y te dedicaste a tratar de revertir lo que podría haber hecho que te ignoren o que te excluyan de las conversaciones. 

Será momento entonces, de dejar de ser abandónica cortés (de esas que nunca pueden, pero al menos agradecen que la tengan en cuenta, manda un mail por los cumpleaños o llama cada tanto para que se enteren de que le interesa mantener el contacto) y empezar a ser una de esas quemanaves compulsivas, cambiando de grupo como de calzones sin el más mínimo sentido de la lealtad.

Cada vez son menos los amigos y cada vez es más difícil el desprendimiento. Porque una vez que estás en mi vida de algún modo, no te saco. No me sale excluír, sino incluír. Aunque a veces siento que no doy abasto para devolver llamados o atenciones, trato de no fallar. Y siempre cuentan conmigo en los momentos donde todo falla. 

Porque yo cambié muchas cosas, pero esos detalles esenciales siguen estando.
Será que ya no soy soltera, será que mis payasadas ya no son las que eran, será que soy menos divertida ahora que cuando me ponía en pedo y me curtía todo lo que se movía. No sé. Me habré vuelto aburrida de golpe, prescindible. Habré dicho algo que no gustó. 

Sinceramente, ya no sé qué pensar. Y no quiero cansarme de pensar, porque el día que decida que no me importa nada, habré perdido otra vez.

viernes, mayo 01, 2009

Reflexiones que no vienen a cuento de nada.

Mientras juntaba y doblaba la última tanda de ropa limpia, hundiendo la nariz en el perfume a jabón y a aire fresco (que no es ni siquiera parecido al de la ropa oreada en la terraza de mi casa paterna, lamentablemente), me vino a la cabeza algo que puse en Twitter el otro día, hace unos cuantos días más bien.

Como individuos, experimentamos a medida que vamos viviendo y asomándonos al mundo (a la gente y al entramado social, más bien, que conforman ese mundo) diferentes sensaciones, sentimientos, emociones. A medida que las conocemos y les ponemos nombre, nos habituamos a ellas. Las desambiguamos por repetición, las asimilamos por costumbre. Siempre hay una rutina de emociones a la que estamos más o menos expuestos por una cuestión de carácter, o de educación, o de tendencia.

Pero seguramente más de una vez nos topamos con emociones y sensaciones nuevas o algo así. Tal vez nunca fueron experimentadas antes, quizá evoquen lejanamente a alguna otra que se les parece. Por poner un ejemplo clásico: el primer orgasmo de una mujer. Es algo que difícilmente se olvida, porque llega en un momento en que, mal que bien, hemos clasificado la mayor parte de la gama general de emociones y sensaciones que vamos a experimentar por el resto de nuestra vida: amor, odio, alegría, tristeza, decepción, angustia, impaciencia. O sea que la autoconciencia y el mecanismo identificatorio están a pleno buscando lo nuevo. El descubrimiento de lo nuevo es fundacional cuando somos niños, pero como adultos puede significar un momento precioso.

También pasa (bueno, en realidad a mí me pasa: no sé a ustedes) que un día te encontrás en medio de una conversación donde la gente habla de una sensación en común y vos sentís que sos sapo de otro pozo. Como si vinieran a discutir sobre el libro de Paluch o sobre física cuántica. Sapo de otro pozo de una emoción colectiva. A mí me pasa cuando alguien trata de transmitirme la emoción de un hincha de fútbol yendo a una cancha: yo podría perfectamente ir a una cancha y no sentir absolutamente nada, creo que vine sin ese chip. 
Pero me refiero a emociones bastante comunes, que corresponden a la mayoría de la población y que es bastante raro que una argentina adulta viviendo en esta metrópolis, hiperconectada e hiperinformada, no haya tenido todavía.

Todo este matete lleva a la conclusión de que, al día de la fecha, creo que nunca experimenté estos sentimientos -que considero- negativos:

- Odio. Si bien soy una persona a la que se podría calificar de emocional in extremis, nunca estuve de este lado del espectro. Sí he amado apasionadamente. Pero de alguna manera percibo al odio como una fuerza tan destructiva que algo me detiene justo antes de llegar a un punto de enrosque que me ponga en esa vereda. Me considero por demás sensible / perceptiva (algunas experiencias las volqué aquí) y absorbo demasiada vibra negativa por día como para desear que el estado de veneno se vuelva permanente.  
- Envidia: ídem odio. 
- Aburrimiento: No entiendo esta sensación. A ver si consigo explicarme. Alguna vez fui muy chica e inquieta. No este ente contemplativo y medio metafísico que a veces se cuela en el Extraño Mundo, sino una nena verdaderamente inquieta. De esas que hacen cagadas como treparse a cinco sillas superpuestas con tal de alcanzar un antojo momentáneo de inmediato. De esas que se tiran a una poza sin saber si van a dar pie. De las que no tenían problema en caminar distancias imposibles si al final del camino iba a estar la recompensa (una aventura, claro: a esa edad todo es aventura). Ayudó mucho que mis viejos me dieran mucha libertad para canalizar mis inquietudes; o tal vez esta tendencia a la dispersión de mi adultez sea hija de una faceta multitasking muy prematura. 
Pero no conozco el aburrimiento porque desde que tengo memoria me recuerdo haciendo algo.
Aún cuando parecía que estaba inmóvil, con la vista en el vacío, mi cabeza estaba llena de pensamientos y recuerdos que me costaba mucho clasificar y ordenar. Mis cefaleas empezaron en esa etapa, la primera infancia, y al día de hoy no me pongo de acuerdo: ¿eran causa o consecuencia de esa ebullición? Ya crecidita, sigo teniéndolas aunque los pensamientos están un poquito más ordenados. 
Aparte, todo me apasiona. Todo. Las pequeñas cosas de la vida diaria me encantan. Si bien no me caracerizo por mi practicidad (soy de las que van a lo difícil, según el compañero de depto), la rutina de mi casa me resulta tan apasionante como un viaje, aunque en distinta escala. Si tengo que hacer algo, trato de que me guste. No podría hacerlo si no me gusta. Soy una disfrutadora, una hedonista. De a poco fui excluyendo todo lo que me desagrada o transmutándolo en cosas que me dan más placer. Esto no quiere decir que me apasione sentarme a hacer encuestas telefónicas cuatro horas al día, o que no reniegue despegando la grasa de la cocina. Pero me gusta la mecanicidad de los ritos, y sobre todo siento que en el alma de esos ritos está el orden de mis pensamientos (que van desde el último libro que estoy leyendo hasta alguna evocación del pasado. Como por ejemplo, jugar a recordar cómo olía exactamente el hospital donde estaba internado mi abuelo paterno, o el ruido de la hamaca donde me senté durante dos horas a hacer el duelo de su muerte).
Aburrimiento me suena a pérdida de tiempo. "Pérdida de tiempo" es una frase tabú en la casa donde me crié. Al pedo, pero levantate temprano. Al pedo, pero hacé algo. Y si estás quieta y al pedo, disfrutá de la quietud y el alpedismo. En consecuencia, nunca me aburro.

Sí he experimentado otros sentimientos negativos. Y con mucha virulencia... Supongo que es eso lo que anula en mí la posibilidad de llegar a tener estos otros. La potencialidad del daño me asusta. 
Tiendo a percibirme como una persona feliz y ocupada. 

Corolario: Feliz día a todos los trabajadores: a aquellos que nunca se cansan de lo que hacen, a los que lo disfrutan, a los que lo sufren pero disfrutan de la recompensa, a los que no saben por qué, pero trabajan. A los que buscan sin dejar de hacerse útiles, a los que siempre están dispuestos a ayudar a otro aunque estén tapados de obligaciones. A mis mayores. A mis menores aprendiendo el valor del trabajo. Feliz día porque sí. Porque así me salen los posts, todos mezclados como mis emociones, como mis pensamientos, como mis reflexiones a cuento de nada.

martes, abril 28, 2009

Cuando una amante muere

Pasó hace once años. Me regalaron un libro con una dedicatoria que hoy yace pegoteada entre dos hojas porque no quise volver a leerla. Oculté con ese gesto la letra dolorida del primer amor, del primer muchacho-hombre al que le rompí el corazón. Con un dolor que no querría haber sentido nunca, le dije "no te quiero" y, un poco, lo maté. Un poco, me morí. Porque sí lo quería; en realidad, recién había empezado a olvidarlo y la culpa la tuvo el otro amor, el que yo creía único, el definitivo. Que llegó tan de golpe que hizo que quisiera deshacerme en caliente de los primeros besos, aunque los extrañara un tiempo después. Que me hizo distinta, más yo y menos aquella que quería conformar a todo el mundo. El Amor, le llamé, con mayúsculas. El que se sentía como deben sentirse las épicas de la primera juventud.

El mismo amor que seis años después de eso me rompió el corazón, pero en serio. En mil pedazos. El mismo que con una sola frase me quitó de un solo golpe todo el aire del pecho. El que me llenó la cara de tristeza, de ojeras, de noches ásperas, y el pecho de una sensación de estrangulamiento permanente. Entonces, casi sin querer, en la mudanza con la que lo dejaba atrás para siempre (al segundo, al Amor con mayúsculas, al que me fracturó para siempre), reapareció ese libro. Recordé el poema, el último, el que más me había gustado y que me parecía tan triste. Las dos palabras:

YA
NO

Y el nombre de la autora, un nombre poderoso. Como su historia.
Porque aunque sólo conocí esa historia algunos años después, en el momento de releer el poema, con lágrimas en los ojos, la columna doblada de dolor y el pecho cerrado de angustia, yo era igual que Idea extrañando a Juan, jurándole su herida de amor para siempre.
¿Qué pasará con este amor cuando muera? habrá pensado, como pensé. ¿Alguien lo recordará? ¿Entenderán qué significó para mí? ¿Morirá conmigo?
Idea, con su vida y con su obra, eternizó su amor para siempre. No es un sentimiento extemporáneo con olor a nafalina. Es el mapa de sus emociones, grabado para siempre en el papel y en la memoria.

Por eso, llegué a casa y escribí este post.

Gracias por lo que perdura, Idea.
Gracias por Idea, que perdura.

lunes, abril 20, 2009

Sueño con tornados

Me encantan los tornados. Me fascinan. Me asustan, me llenan de vértigo y adrenalina.
A menudo sueño con tornados gigantes que se arman a pocos kilómetros del lugar donde estoy. Escucho el aullido del viento. Los veo formarse y crecer, cambiar su curso. Huelo a azufre y a polvo. Pienso "es imposible" y aún así estoy clavada al piso sin poder correr, maravillada. El corazón me va a explotar de tanto latir, lo siento en el ardor de la garganta. Corro a un lugar seguro, llego justo a tiempo y nunca me alcanzan.

Hasta hace un par de días.

El último sueño que tuve con tornados terminó con uno de ellos alcanzándome. Creo que nunca había soñado uno tan inmenso. Lo último que recuerdo es la fuerza con la que el viento me levantó del suelo y que quedé ciega instantáneamente por un chispazo de luz blanca casi al mismo tiempo en que sentía un "crac" en el cuello.

Me desperté transpirada, de cara a la ventana. Afuera llovía mansamente.

Hoy, Oli posteó algo sobre tornados y supe que este video tenía que estar, también, en este blog.


domingo, abril 19, 2009

Contra la desesperanza

(inspirada por este post de Jerome en Un Dios Danzante)

Hace algunos años me hablaron de la abulia de mi generación: Los de entre 20 y 30, años más, años menos. Hablamos de la ausencia del pensamiento crítico. Del hacer sin saber para qué, sólo porque podemos. De la obligación que te da ser portador de un talento específico y el lugar en que esa responsabilidad te pone (o te debería poner). De la angustia, otra vez, de no saber para qué. ¿Para conseguir fama, fortuna, status, reconocimiento de pares? ¿Para conformar a los que nos rodean a costa de nuestra propia inclinación abúlica?
Hablamos de cómo el factor "para mí mismo" nunca es suficiente. El factor "para otro" es motivo de risa. Pobre infeliz, ¿creés que tu sonrisa y tu buen trato van a salvar al mundo? ¿Que tu entusiasmo va a contagiar a tus compañeros de trabajo? ¿Que tu buen humor no llenará de envidia a todo aquel que no se permite una sonrisa hasta tanto no haya un buen motivo para sonreír? Como si no hubiera cientos de motivos a diario...
Pasaron cuatro o cinco años desde aquella primera conversación, y pasaron muchos más desde que descubrí que lo que yo creía normal no lo era tanto. A algunas criaturas se le acaba la inocencia a una edad muy temprana, y a gran parte de los adolescentes cuando se asoman al mundo tal como es. Tuve la suerte de ser de esas criaturas con la curiosa capacidad de conservar la inocencia y la autoconciencia al mismo tiempo. Seguí creyendo en magia y posibilidades de vuelo mientras caían en mis manos los primeros escritos racionalistas, filosóficos y nihilistas de la biblioteca de mis mayores y de la biblioteca pública. Algún punto de neurosis hubo, seguro. La sensación de escisión fue muy fuerte en el momento en que debía serlo, en la adolescencia.
Quizá debería haber elegido otra profesión, otro destino, mejores empleos.
Quizá. Pero todo me ayudó a conocer mejor a la gente. Incluso las pésimas experiencias. Y me ayudó a no ser indulgente conmigo misma: cada error fue mío, cada tropiezo me lastimó. Al mismo tiempo, me descubrí capaz de caminar con algún hueso roto, de aguantar varios días sin comer, de dar un poco más de mí cuando creía que ya no había nada más para dar.
La adultez me está trayendo un poco más de templanza, pero mi impaciencia ante la debilidad ajena sigue intacta. Puedo perdonar un momento de descanso en el camino, pero no el eterno flotar a favor de la corriente: alguna vez tendrás que aprender a nadar. La voluntad es un músculo que se ejercita o se pierde. Detrás de la voluntad perdida se va la vida misma.
Hay cansancio, hay hastío y está también la impotencia de quien se sabe incapaz de hacer lo necesario para que el cambio se opere a un nivel que parece inalcanzable.
Nos cansa la mediocridad, el gregarismo de masas acrítico y bienpensante, el wannabismo, el vacío ajeno que nos empuja a unirnos a una desesperanza universal.
Pero obviamente, dolorosamente y necesariamente hay esperanza.
Porque si no seríamos sólo una procesión de muertos yendo a lo inevitable.

Particularmente yo, una de esas acosadas por la muerte (le gusta andar pegada a mis talones, susurrando en mi oído palabras de tentación), prefiero sacarle la lengua por encima del hombro y correr hacia ella con los brazos abiertos, pero más adelante. En otro tiempo. Cuando me haya cansado de asombrarme, de gozar todo lo disponible, de quedarme seca de tanto dar, de reír hasta que se me descoyunte la mandíbula, de bailar hasta que no quede un hueso sano, de gritar y de pelearme con todo.
Pelearé para que cada muerto sea un otro significante, venga de donde venga. No voy a agobiarme de agobios ajenos. Quiero seguir haciendo escuela de pequeñas interpretaciones propias, por imbéciles que suenen, por más que parezcan formuladas contra un canon.
Quiero conformarme inconformistamente, como hasta ahora.

Por eso, ante todo y en consecuencia con el modo de vida que elegí llevar hace algunos años, este blog se pronuncia hoy oficial e ineludiblemente a favor de la esperanza y de la gente despierta. O que desea despertar.

Nada tiene más fuerza que un deseo formulado con el corazón y hacia el Corazón del Mundo.



viernes, abril 17, 2009

Abandono

... Parece, pero no es.
Increíblemente tengo mucho en borrador y nada para largar. La vida me (nos) despeina...

Gracias por el apoyo de siempre :-)

YAPA: Por si no lo vieron (ya que está por todos lados desde ayer), véanse este videito de Youtube y emociónense hasta las lágrimas con Susan Boyle.

lunes, abril 06, 2009

Descubrimientos sobre mí misma

Hace una semana exacta, se cortó la luz en casa. Por casi una hora y con la comida a media marcha ya en el horno, prendimos las dos últimas velas y nos tiramos boca arriba en la cama a conversar sobre música.
Los dos somos autodidactas, pero él ha sido muchísimo más dedicado que yo y tiene horas de práctica encima. Incluso ha tocado en bandas, cosa que yo no hice jamás (a menos que cuenten algunos cerámenes musicales de mi adolescencia, con formaciones caóticas que duraban lo que un pedo en una canasta). Prefiero rasguear, inventar acordes y escalas de los que no sé el nombre ni la progresión. No se me da el punteo, ni el solfeo, ni nada. Soy puro instinto, y además siempre abrevio por el camino más corto: si requiere práctica, ni lo intento. ¿Con qué tiempo?
Él insiste, casi desde que nos conocemos, en que si hubiera vencido esa pereza atávica podría haber llegado a ser muy buena música. Para probarle que está equivocado, empiezo a intentar algunos ejercicios básicos de velocidad y coordinación: secciones breves de piecitas clásicas que se usan para ganar agilidad y familiarizarse con los trastes, todo eso.
Saco dos piezas en dos minutos, tirada boca arriba en la cama, sin mirar dónde pongo los dedos. Por puro instinto. Otra vez, el que tiene la razón es él; pero en vez de enojarme, me alegro.
Nunca se es lo suficientemente grande para descubrir cosas sobre uno mismo.
Cenamos a la luz de una vela casi consumida y siento el corazón muy cálido, lleno de propósitos.
Tengo tantas ganas de cumplirlos...

Nothing brings me down
(Emiliana Torrini)
Home alone and happy
Nothing brings me down
Full of wine and steady
Nothing brings me down
What's left of the rain runs down my roof
Nothing brings me down
The night is lush the air is still
Nothing brings me down
Dum dum dum dum dum dum
The windows are open, the flies are in
Nothing brings me down
The phones are off the music's on
Nothing brings me down
Dum dum dum dum dum dum
Home alone and happy
Nothing brings me down
My love for you is ready
Nothing brings me down
My love for you is ready

miércoles, abril 01, 2009

Los lugares vacíos

Anoche llamó papá. Tenía esa voz alegre que detrás es pura ansiedad contenida: una marca de familia para las angustias indefinidas, esas que no podemos verbalizar o determinar. Necesitaba que le hiciera "un favor en la compu" y mientras tanto, como quien no quiere la cosa, me dijo "se murió Alfonsín". Hablamos un ratito del tema. Estaba emocionado, no sé si por este suceso en sí o por las fechas, o por esas angustias que nunca cuenta pero que tampoco exorciza del todo.

Nada más cortar, me vino a la mente una imagen de papá hace casi veintiseis años, cuando yo pisaba los tres y Alfonsín acababa de ganar las elecciones nacionales. Él, afiliado radical desde que puedo recordar y antes también, se había prestado (con todo el tiempo del que disponía siendo padre de tres hijos y laburante a destajo) a ayudar en el comité de nuestra ciudad. Como era (y es) un tipo macanudo, que da hasta cuando no tiene, puso auto, nafta, plata y parte de su herencia a favor de una campaña en la que creía y que lo entusiasmaba muchísimo. Me acuerdo que el 3CV en el que mi mamá re-aprendió a manejar había una calcomanía que, leída del revés, decía "SELACIDAR ETNALEDA". Se me quedó grabada de tanto mirarla: blanca y negra y roja en letras de imprenta grandes.

Atrás habían quedado los años de sobresaltos y paranoia de mi Tiatá, que escuchaba en Radio Colonia las noticias de Malvinas y que a veces decía que convenía hablar en voz baja "por si nos estaban grabando". Gracias a ella yo fantaseaba con que había micrófonos en las patas de las camas, bajo los muebles y hasta en las canillas de la cocina, pero ingenuota como era, me arrimaba al lugar sospechoso para cantar alguna canción. Atrás habían quedado los primeros pasos de mis hermanos, la varicela que nos tumbó a los tres y la epidemia de ratas que nos siguió hasta la casa nueva.

Tengo memorias de la época de la híper, cuando papá y mamá apenas ganaban para comer y él empezaba a tener problemas de espalda (que eventualmente lo dejarían sin trabajo), pero nunca le flaqueó el bolsillo para dar en la colecta de Cáritas o para comprar un sachet de leche de más para los pobres que golpeaban a nuestra puerta. Jamás lo escuchamos quejarse o hablar de política, pero se lo notaba caído y amargado con los traspiés de ese gobierno en el que había puesto tantas esperanzas.

Más allá de los acuerdos y desacuerdos que con la perspectiva de los años fui teniendo con Alfonsín y su gobierno, estoy convencida de que hoy se fue un gran hombre. Uno de esos que dejan un espacio irremisiblemente vacío, sin sucesores ni recambios. Uno de esos que hicieron historia, primero desde un perfil moderado a bajo y luego desde el lugar de responsabilidad que le tocó cubrir.
Les recomiendo que pasen por lo de Unser, si no lo hicieron ya, y lean el magnífico post que escribió sobre Raúl Alfonsín. Creo que todo lo importante está allí.

Y mañana será otro día.

viernes, marzo 27, 2009

Perder

En las novelas, en las películas y en la vida hay un punto de inflexión para el o los personajes principales. Hasta ayer, estuve leyendo "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson (setecientas y pico de páginas que me devoré en cuatro días): uno de los personajes principales se refiere al punto de inflexión de su vida como Todo Lo Malo. Y allí se acaba la referencia. No necesita recordar exactamente lo que pasó. El lector se muere por saberlo, pero al personaje sólo le basta convocar la imagen de Todo Lo Malo para enseguida exorcizarlo.
En la vida misma (nuestra vida), los personajes somos nosotros. Y llegado ese punto de inflexión, todos nos miramos desde afuera. Como si fuéramos asistentes a una película ajena, nos posicionamos en un plano externo y nos vemos en tercera persona y en primera al mismo tiempo.
La sensación es de película. A veces la película es una de terror. O la novela, uno de esos dramones insoportables que de tan patéticos darían risa a un lector más objetivo.

El punto de inflexión casi siempre implica pérdida.

A mí me tocó perder desde muy chica, pero mi punto de inflexión fue hace diez años. Si hubiera que ponerle una fecha, sería la de hoy. Diez años atrás.

Cuando mi vida empezó a cambiar de golpe, yo estaba con Florencia en el Musimundo de 47 entre 7 y 8 de La Plata. No me enteré enseguida, sino una hora y media, dos horas después. Tere llamó al único celular del grupo con el que yo estaba reunida. Llovía a cántaros, con esa lluvia que se abate sobre La Plata como una cortina espesa. Esas lluvias que deben llover en el Amazonas o en la isla de Yakushima. Una lluvia que habría adorado, si no hubiera llegado en un momento de inquietud y desesperación.

Emi manejó durante quince minutos sin decirme nada, aunque él ya sabía la noticia que me esperaba al llegar a mi casa. Antes de abrir la puerta, yo ya sabía. Cuando Tere empezó a hablar, completé la frase en mi cabeza. Había empezado a perder, y en ese momento sólo me costó un puñado de lágrimas. Pagué después con muchas más lágrimas, duelos incompletos y una sensación casi paranoica de profecía autocumplida en ciernes.

Un año después, ya me había devorado por completo la sensación de que todo estaba en ruinas. Los cimientos, carcomidos; lo que creía seguro, perdido. La vida y la muerte aceleraron sus ciclos. Mis vivos pasaron a ser mis enfermos, y luego mis muertos. En el medio, una película (y su leitmotiv, "le temps détruit tout") me llenó de angustia: ¿cuánto perdí en todo ese tiempo que me quitaron?
Después, nada importó. Me quedó una canción para hacerme llorar, incluso hoy. La escuchábamos todo el tiempo, cuando estábamos en medio de Todo Lo Malo.



Pero todo pasa. Y hoy estoy bien.
Estoy bien. Como un vidrio roto, compuesto pero agrietado. Y es mejor.
Porque a lo malo, como a lo bueno, conviene jamás olvidarlo.

(Para Edgardo, para mi familia, y para todos mis "ellos")

jueves, marzo 19, 2009

Basta de todo

Cuando ando así, con ganas de meterme para adentro de nuevo
pienso
seriamente:

cuánto falta para que todos empecemos a portarnos
como si el otro contara,
como si el otro valiera lo mismo que yo;
ni más ni menos:

lo mismo.

Ellas,
él,
nosotros,
todos.

Si no alzo mi voz y no me oyen, no existo.
Si la alzo y lo que digo no conforma, me anulan.
Mientras tanto, este fuego... este país en llamas
y las manos que trabajan, partiéndose indiferentes sobre arados y salares,
sobre niños enfermos
sobre el horror vacui de la indiferencia selectiva.

Yo, que hace años no rezo,
me inclino y los pienso para que no se olviden
que no me olvido.

domingo, marzo 15, 2009

Dias extraños / 2

En estos días que pasaron entre lluvia y lluvia, pasaron algunas cosas.

Primero que todo: nació Paulina. No la esperábamos hasta mayo, pero llegó. Y mi regalo para ella, hasta que pueda hacerle otro más adecuado, es esta nana con la que me duermo con la esperanza de despertar siempre en un mundo mejor:



Sekai no Yakusoku (The Promise of the World)
La sonrisa que se esconde tras las lágrimas
Es la promesa del mundo desde el principio de los tiempos.

Aún si estás solo, desde el ayer en que eran dos
Hoy es un brillante comienzo
Como el día en que se vieron por primera vez.

No eres simples recuerdos,
viniendo como la brisa a acariciar mi mejilla.

Aún después de partir con la tarde, el sol se filtra entre las hojas
La promesa del mundo nunca muere.

Ahora estás sola, pero el mundo no tiene límites.
Me enseñaste que la gracia se esconde aún en la noche.

No eres simples recuerdos:
Vives en la melodía de los arroyos,
en el color del cielo, en el aroma de las flores.

Aún después de partir con la tarde, el sol se filtra entre las hojas,
y la promesa del mundo nunca muere.

(Traducción de Ojousan y Alec74, porque yo no tengo idea de japonés)

Segundo y menos importante, tuve unos días de furia bastante curiosos que me llevaron a ensañarme (como suele pasar) con la gente que más quiero.

El punto culminante fue el jueves. Me fui de casa sintiéndome aplastada y volví totalmente desconectada del mundo exterior. Directo a la bañera, a llenarla hasta la mitad con agua tibia y espuma con olor a hierbas. El agua salía un poco oscura y por un momento pensé en todas las personas que no tienen siquiera agua corriente.
Me quedé allí un rato largo, devolviéndome a la vida, raspándome con la esponja y con las uñas hasta que me quedó la piel colorada. Necesitaba quitarme de encima ese relente a día perdido, a memoria hecha agujeros. Sentía que los recuerdos se iban escurriendo entre mis dedos y cuando quité el tapón de la bañera, todo se había ido.
Y hoy, aunque no recuerdo cómo era la sensación de aplastamiento ni el motivo que me llevaba a estar furiosa con el mundo, ni el cansancio, ni la tristeza... tengo muy presente que hay mucho para arreglar, después de esa tormenta que sólo pudo aplacar la vuelta a casa.

Sé que me voy a cansar de tanta catarsis en algún momento, pero la necesidad de escribir esto fue más fuerte.

Entre tanto, buena vida para todos y bienvenido sea el otoño, aunque tarde un poco... Este anticipo de domingo fresquito me puso al cien por cien otra vez.

miércoles, marzo 04, 2009

Ah, look at all the lonely people...

Un día de lluvia cualquiera en la Cassiecueva...
(...también conocida como Cassender Heighs)

Milo - Se volvió a aburrir de la gente acaba de iniciar sesión.

Me: qué pasó???
Milo: qué pasó con qué? el aburrimiento de la gente? jeje
Me: esooo
Milo: lo de la gente es lo de siempre, eso me pasa por hacerme el sociable de nuevo
Me:
pero a quién le debo ahora el honor?
Milo: no se qué es lo q nos tiene a todos tan suceptibles al stress ultiamemente
Me: y... digamos que el panorama general no es lo más reconfortante
Milo: no claro, pero tiene que ser algo más
no solo falta de futuro
o será q los jóvenes nos creímos q nunca iba a ser tan terrible y es el primer sopapo que no parece dejar de doler nunca

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Mientras, en mi reproductor suenan (entre otros) estos temas que asocio siempre con la lluvia:

Rain - Theatre des Vampires


Rain - Cowboy Bebop OST


Space Lion - Cowboy Bebop OST


Ice Dance - Danny Elfman (de la OST de Edward Scissorhands)


Comptine D un Autre ete / L appres midi - Yann Tiersen (de la OST de Amélie)


Alwyn Spires - Christopher Young (de la OST de The Shipping News)

Y este otro, que me parece increíble cada vez que lo escucho y que irrumpió en mis oídos a las ocho y media de la mañana, en Las Heras y Pueyrredón, mientras miraba el cielo embobada y agradecida de tanta lluvia...




Parafraseando a Baterflai, ¿Cuáles son sus temas para un día de lluvia, como hoy?

miércoles, febrero 25, 2009

Hercules and Love Affair

Este tema me tiene loca, loca.
Desde que lo escuché por primera vez, dos por tres me pongo a bailarlo sola... aunque no esté sonando más que en mi cabeza.



(Dedicado a Voncita en su cumpleaños, con mis mejores deseos de un año sabático a pleno... y porque me encantaría que volvamos a bailar y saltar juntas cuando el postparto sea un recuerdo ;-) )

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¿Qué lleva generalmente en sus bolsillos?

Mis manos


¿Qué haría si se encontrara a solas en un ascensor con Videla?

No me encontraría a solas con Videla en ninguna parte.


¿Donó sus órganos?

No puedo donarlos. Los necesito.


¿Usted tiene apodos?

Sí, la mayoría de las veces me dicen “Vení” o "Disculpame"


¿Tiene animales?

No, sólo ex novios.


¿Es fiel?

Sí, cuando puedo.


¿Qué hace inmediatamente después de hacer el amor?

Llamo al radio taxi.


¿A quién quiso y no pudo?

¿A quién quise qué? ¿Quién dijo que no pude?


¿Cómo seduce?

Me hago la linda y la inteligente. Cuando se dan cuenta de que no lo soy, es demasiado tarde.


¿Qué quería ser de pequeño/a?

Grande. Después me di cuenta que estaba equivocado/a

(Una chica como yo - Diciembre 2006)

lunes, febrero 23, 2009

Extraña extrañitis

Tengo una constelación de ronchas en el brazo. La piel me arde un poco, me quema.
Hoy lloré leyendo el diario y todavía no me acostumbro a este reencuentro, con esa sensibilidad alejada hace unos meses a manotazos para no sentirme vulnerable o mala.
Ahora me siento peor con mi conciencia cuando camino por la calle y tengo que ignorar una mano extendida, pero me siento mejor conmigo misma porque me estoy haciendo caso.
El "no puedo" es real. El "no tengo" también. No es que doy la vuelta a la manzana y me compro una Coca-cola o un libro. Doy la vuelta a la manzana y sigo tan pobre como antes. Voy caminando a montones de lugares porque no tengo otra manera de llegar. Y está bien así.
El tiempo es mío, mío.
El cansancio y la satisfacción de hacer las cosas lo mejor que se puede es mía, también.
Me duelen el cuerpo, las piernas.
Todavía no recibo ese llamado que tanto espero, que tanto necesito.
Me siento ignorada, insignificante. Ninguneada de a ratos.
Y soy tan feliz.
Incómodamente feliz.
Sin suspicacias, sin nada de más, sin un extra para festejar el Día de los Enamorados. Feliz.

Tengo esa satisfacción un poco rara de la decisión inamovible y del panic attack ignorado deliberadamente. Estoy probando envolverme de nuevo en las blandas nubes del karma. Estoy intentando que no se me escape ni una gota de hiel, y lo consigo.
Ni un poco de envidia. Ni un pensamiento frustrado o frustrante... Ni un déjà vu revanchista, nada. Es tan bueno.

Me resulta rara la sensación de serenidad justo en estos días en los que estuve tan border. Y después de todo eso, extrañar.
Extrañar evocando (poquito, mucho) es como una peste que te consume lento, una pupa de la infancia, esa cascarita que siempre querés rascarte hasta sangrar, una y otra vez.
Extrañar de esa manera rara, no angustiosa... sino amorosa. De esa manera que es plena y sin susceptibilidades. Tratando de entender y de que me entiendan. No sé si soy difícil. Sí sé que soy esquiva. Quizá me quede sola, quizá me canse de buscar excusas para no abandonar este camino. Quizá algún día entiendan que soy del que me encuentra, del que pide, del que se gana mis ganas. No quiero menos por buscar menos encuentros. ¡No puedo! Me encantaría tener todo el tiempo de antes. La predisposición es la misma, la gente y las obligaciones cada vez son más.

¿Molesto? ¿No molesto? ¿Me necesitan? ¿Me extrañan? ¿Debo ir? ¿Dejar que vengan?
Por ahora sólo estoy preparando un equipaje ligerito para viajar rumbo al abrazo de mis necesidades más inmediatas. Espero que quieran que las atienda, que las mime... Que sigan queriendo jugar conmigo, dejarme mirarlas o escucharlas.
Quiero ser digna de estos pocos afectos. No puedo pensar en mucho más que en ellos estos días.

viernes, febrero 20, 2009

Viernes temático: The Wrestler

Otra semana pasó. Sigo ansiosa, con pocas noticias relevantes y todo por esperar, aunque no sé bien si estoy haciendo bien en esperar algo ya. Muchas ideas que brotaron el año pasado van cerrando, y me despierto a la mañana preguntándome si merezco tener tanta gente atenta a mi alrededor. ¡Si yo no hice nada! Lo juro...

Mientras, ayer me fui a llorar al Abasto con "The Wrestler", la película de Darren Aronofsky que se llevó el León de Oro en el último festival de cine de Venecia y que, Oscar o no Oscar, ya es consagratoria para Mickey Rourke por motivos que de sobra explica Reynaldo Sietecase en este artículo de Crítica, muy bueno.

Ya que estoy, les recomiendo este dossier pequeñín que está colgado al respecto en Cine y Medios. Como para tener una pequeña referencia.

Uno de los mayores méritos de esta película es que el espectador puede encontrarle mucho mérito aún sin estar empapado en el tema. Pero si tienen ese plus (algún ocasional lector de este blog, seguramente), la apreciarán mucho más. Inmensamente más.
¿Por qué? Porque Aronofsky y su guionista, Robert Siegel, hacen lo que nunca hizo nadie: seguir al hombre. Hay una dimensión dramática tan pesada detrás del negocio del catch, que parece mentira que nadie la haya llevado al cine antes. "The Wrestler" es una película que no tiene picos, no tiene clímax a la vista. Pero no es una película chata. Todo te pasa por enfrente: la crítica a la industria que, detrás del espectáculo, se devora a sus personajes. Los tipos que no conocen otra forma de vivir. La adicción al reconocimiento ajeno. La nostalgia de haber sido y el dolor de ya no ser. Los golpes que no se ven y aquellos que se pagan a largo plazo con la vida. Todo en poco más de una hora y media, y dejando espacio para otros dramas.
Un capo, Aronofsky. Acá le hacemos el aguante desde "Pi" y hasta que se jubile, por más que bardeen a "The Fountain" y prefieran emocionarse con "Marley and Me" (si dicen que lo de Rourke es golpe bajo, esperen a ver el cuento del perrito...).

La frase que resume todo: "Cuando eliges quemar la vela por ambos extremos hay un precio a pagar". ¿Demagogia? Para nada. Tiene sentido.
Imposible escuchar esa frase y no acordarse de los sábados de WWE, de RAW, de Smackdown. De todo ese mundo que me era desconocido y al que me asomé primero con indiferencia, para después volverme una aficionada más. Aficionada antropológica, sensible, vulnerable, pero aficionada al fin. De esas que se sabía por ósmosis hasta los precios de las plateas en el ringside.

Imposible no acordarse de Eddie Guerrero, de Owen Hart, de los ignotos que se mueren a puñados tratando de llegar a la cima. Cómo no me voy a acordar, si hasta lloré cuando los diarios y los noticieros salpicaron el horror de Chris Benoit, un tipo al que no importaba cuántas veces lo vieras pelear, siempre te daban ganas de abrazarlo porque parecía incapaz de matar a una mosca. Pienso en esa vela consumida y veo la cara de las estrellas de la WWE de McMahon diciendo su adiós en cámara. Demasiado conmocionados para recordar, demasiado asustados para hablar. Muchos, quizá, pensando en su propio futuro si persisten en el abuso de esteroides y otras drogas duras. Pero todos, absolutamente todos, continuando en ese camino que eligieron sin un solo día de duelo por el compañero muerto o por las circunstancias de esa muerte. Show must go on, road must go on. Un camino incomprensible y masoquista donde el aplauso parece tan pobre, la guita tan poca cosa al lado de lo que se arriesga y se pierde.

Les dejo, entonces, este post lleno de links referidos y la más ardiente de mis recomendaciones para que vayan a verla. Lo vale. Cada minuto, hasta ese increíble tema final.



Qué diablos. Les dejo el trailer, también. El domingo tengo mi reunión anual con excusa de trivia de los Oscar y es mi evento más esperado del fin de semana. Buena gente, buena charla, buena música y buena comida. En ese orden, exactamente, porque puntuar sería imposible...


martes, febrero 17, 2009

Escribo



Escribo.
Escribo.
Escribo para nadie.
Escribo y leo.
Leo cosas que me gustan mucho,
cosas que me gustan poco, cosas que no me gustan,
cosas que me están cambiando la vida.
Leo y escucho. Escucho y escribo.
Sueño. Me despierto.
Cada vivencia está escrita, o será escrita.

Escribo.
Escribo hasta quedarme ciega.
Hasta estrangularme.
Hasta envenenarme.
Hasta reir a carcajadas.
Este teclado es música. Transpiro letras.

Escribo en horas de trabajo.
Escribo cuando estoy caminando.
Cuando estoy dormida.
Cuando hablo. Cuando pienso.
Cuando canto. En la cocina.
En la cama, en los baños.
En el recuerdo de los hoteles.
Escribo en las hamacas de la plaza.
Escribo con los gestos de mis manos.
Escribo en el carrito del supermercado,
en los bancos de piedra,
en los árboles, en la ceniza,
en el agua y en el cielo,
en los bichos, en el pasto.
Escribo en mi cara.
Escribo en la tuya.
Escribo en esta carne que nunca se queja de mis garabatos.

Escribo. Y leo.
Para mí y para una posteridad inexistente.

Escribo porque, como tantos otros,
si no hubiera escrito nunca, estaria muerta.


domingo, febrero 15, 2009

Música para una caminata de domingo

No era el mejor día para caminar, pero tengo que entregar una quíntuple reseña musical y un par de otros trabajitos en la semana, así que abandoné mi cómodo capullo con ventilador y circulación ventana-a-ventana y partí, auriculares en la oreja, a pensar caminando rumbo al río.

La ciudad está bastante tranquila (y además es domingo), pero apesta. El olor de la basura en descomposición te azota a cada paso, prácticamente en todas las esquinas. Se me tuerce la panza de pensar que hace apenas tres semanas estábamos en Carpintería, acampando en un lugar lleno de Tatadioses, sí (bicho que me asusta de manera irracional), pero con un aire limpio, perfectamente limpio. Y tomando agua fría directamente de la canilla a cinco metros de la carpa.

Caminé muchas cuadras escapándome de la realidad de la única manera que puedo: con música. La música me ayuda a pensar, dispara mi imaginación y cura mis ñangas. Cuando estoy en mi casa me resulta muy fácil mantenerme tranquila y contenida, pero salir a caminar por el centro de Buenos Aires en verano me exaspera un poco. Sobre todo por eso de las miradas que no se pueden evadir y las palabras que no se quieren escuchar cuando una está sensible.

Hay un par de temas que me tienen particularmente enganchada.
Al primero, no puedo parar de escucharlo. Los otros dos son increíblemente pegadizos y levantones.




Aunque toda la banda sonora de Ar Rahman es increíble, no se la pierdan! Pueden bajar esa y las otras nominadas al Oscar de aquí.

viernes, febrero 13, 2009

Escape de viernes 13

Los viernes, parece ser, es un buen día para que los bloggers readeradictos encontremos eventualmente algunas joyitas que nos gusta recomendar. Porque somos muy fiacos para postear, o porque nunca hay tiempo de terminar los 20 o 30 borradores que andan dando vuelta en el administrador de este coso.

Es por esta febrilidad de viernes que les ataca a algunos bloggers, que me encontré unas cuantas joyitas y me gustaría compartirlas con ustedes.

- Ana (con el auspicio de Allen Konigsberg) nos invita a escaparnos al libro que se nos antoje. Dense una vueltita a ver si se inspiran...
- tuvo una semana AllYouNeedIsLove y nos dejó un regalito musical en su blog.
- Volvió Milo Peopleproof, un amigo de la casa. Yo todavía estoy esperando el regreso del scrapbook de momentos urbanos...
- Música para el fin de semana (no importa la fecha, sólo la buena compañia): "Iris", una bellísima banda de sonido del maestro James Horner y el violinista Joshua Bell. En Esquizo, dónde más.
- La película Slumdog Millionaire, de Danny Boyle, es un highlight para que los que puedan darse el gusto de ir al cine, vayan y no se la pierdan. Emocionante, digna de verse. No sé si será la película más maravillosa y genial de la historia, pero pasa a mis imprescindibles a partir de ayer a las... 12 de la noche, ponele.

Después, también me encontré con barbaridades que no me gustaron ni un poco y me dejaron una sensación horrible de impotencia y frustración, pero elijo ignorarlos y seguir, secretamente, mi cruzada contra la intolerancia y a favor del humanismo en este blog (bueno, eso intento, che. Si de a ratos se me traba un engranaje y me salta la tanada, sepan comprender. Yo trato de querer a todo el mundo, pero lo único que me sale es no odiar a nadie).

Ojo al piojo: Esta semana también tenemos este recordatorio de Baterflai, para que quienes tengan la posibilidad de ayudar a Tartagal acerque su colaboración al lugar señalado (los que vivan por San Telmo), o bien a la Casa de la Provincia de Salta (Av. Roque Sáenz Peña 933, teléfonos 011-4326-2456 al 59)

Como estoy teniendo una temporada muy Marillion, dejo un tema alusivo que pega con el título y todo.



¡Buen fin de semana!

lunes, febrero 09, 2009

Ejercicio de autoconciencia / Lunes

Viví como quieras vivir. Viví como tu intuición te indique que debas vivir. Sin esperar reconocimiento, sin creer que tu vida deberia ser un ejemplo para otros o inspirar a otros. Lo que a vos te sirve puede no servir al otro. Los outsiders lo sabemos. Por eso somos outsiders.

Lo que deba ser, será. El que aprenda algo, será porque así debía ser. No te asombres si tus consejos no llegan a ningún puerto. No te alegres de ser el único que sigue su propia filosofía: no inventaste nada, y detrás de esa necesidad de ser el contrera del mundo puede haber más necedad que principios.

Por supuesto que hay otra manera de vivir que no es la de la masa (no descubriste la pólvora, justamente...), si es que tanto te aterra "pertenecer". Siempre se pertenece a un colectivo de algo. Si no, estarías viviendo en las montañas hace rato.

No sos único, no sos especial. Por escasa que sea la gente de tu palo, siempre hay gente de tu palo.

El complejo de gurú es la perdición de la gente libre.

sábado, febrero 07, 2009

Lovely Liz (y bonus: de cómo me enfermé de música)

Once años atrás yo era una pendeja recién llegada a una ciudad nueva, y como toda outsider de pueblo chico me estrenaba con montones de cosas.
La verdad es que, pese a los miedos de mi madre, yo ni siquiera tomaba alcohol para esa época... Digamos que apenas dos veces al año: las únicas en que mi curso del secundario se reunía para algo, por ejemplo, en época de carrozas estudiantiles o de "serenatas".

En La Plata empecé a frecuentar gente un poco más grande que yo. Tenía dos o tres grupos distintos (pensión, facultad, amigos heredados) y salía con todos ellos. Como era de esperar, tenían aficiones e intereses muy diferentes, y me dediqué a aprender de todos. Mi cultura alcohólica empezó allí mismo, un mes después de llegar, con un melón relleno de vino tinto berreta y jugo Tang que jamás volví a repetir por asqueante.

Mi cabeza siempre fue una esponja, empecé a absorber cosas nuevas con avidez. Comics, cine, música, salidas de fin de semana, lecturas, conversaciones. Yo no tenía ningún tipo de sentido del humor ni de agilidad para el debate verbal, hasta que me crucé con toda esta gente. La tónica del grupo era la rapidez de reacciones para las respuestas, siempre sarcásticas, irónicas o ácidas. O todo eso junto. Al lado mío, eran aviones (o así los sentía yo).

Algo de mi cultura musical incipiente empezó a florecer allí. En gran parte gracias a Sebastián (que hoy es DJ y gerente de Musimundo, HOLA SEBAAAAAASSS) que es una de las personas más enfermas de melomanía que haya conocido y que tenía/tiene una manera muy extraña de compenetrarse con la música. Y también una manera muy particular de buscar artistas nuevos, que me terminó contagiando hasta volverme la esquizofónica que soy actualmente.
Sebas pasaba de Stray Cats a Suede, de Air a St Germain, de Pizzarelli a Hedwig and the Angry Inch sin solución de continuidad aparente, pero cuando te sentabas a escuchar cómo había llegado de una banda a la otra, o de un artista a otro, pensabas que todo tenía lógica.

El propósito de todo este delirio es llegar a Liz Fraser. Elizabeth Fraser, una mujer con una voz capaz de sacar emociones a las piedras, tan versátil como afilada. Llegué a ella haciendo una relación zigzagueante que empezó en la banda sonora de Gladiator y terminó en Cocteau Twins (y todo el sello 4AD por extensión).

Por algún motivo que no conocemos sus fans, Liz no tiene carrera solista que incluya álbumes. Sí muchas colaboraciones, como verán. Su página web oficial está sin actualizar desde el año 2007. Sin embargo, es un verdadero placer tener la posibilidad de escuchar cada tanto un tema suelto y decir "Hey, esta voz la conozco"... para después darse cuenta que es ella, sí, la que estaba detrás de los coros de Howard Shore en "Lord of the Rings" o en esa canción inesperada que te conmueve hasta las lágrimas.

En honor a este fanatismo que me absorbe, hoy me di un empacho de videos y audios de Liz. Les dejo tres de ellos... uno de ellos es el video oficial de la canción que subí en otro post.

El último video corresponde a un tema que Liz grabó junto a Yann Tiersen para "Les Retrouvailles", es uno de los temas que me hacen soltar el moco con muchísima facilidad. La letra es demoledora. Cerrar los ojos y representarse cada palabra de Liz es terrible en días bajones. Están avisados.




jueves, febrero 05, 2009

Tres

Haciendo el camino de siempre hacia el trabajo, las volví a ver.

Estaban con sus papás, bajo los árboles. Y ahora tienen un hermanito.