martes, abril 28, 2009

Cuando una amante muere

Pasó hace once años. Me regalaron un libro con una dedicatoria que hoy yace pegoteada entre dos hojas porque no quise volver a leerla. Oculté con ese gesto la letra dolorida del primer amor, del primer muchacho-hombre al que le rompí el corazón. Con un dolor que no querría haber sentido nunca, le dije "no te quiero" y, un poco, lo maté. Un poco, me morí. Porque sí lo quería; en realidad, recién había empezado a olvidarlo y la culpa la tuvo el otro amor, el que yo creía único, el definitivo. Que llegó tan de golpe que hizo que quisiera deshacerme en caliente de los primeros besos, aunque los extrañara un tiempo después. Que me hizo distinta, más yo y menos aquella que quería conformar a todo el mundo. El Amor, le llamé, con mayúsculas. El que se sentía como deben sentirse las épicas de la primera juventud.

El mismo amor que seis años después de eso me rompió el corazón, pero en serio. En mil pedazos. El mismo que con una sola frase me quitó de un solo golpe todo el aire del pecho. El que me llenó la cara de tristeza, de ojeras, de noches ásperas, y el pecho de una sensación de estrangulamiento permanente. Entonces, casi sin querer, en la mudanza con la que lo dejaba atrás para siempre (al segundo, al Amor con mayúsculas, al que me fracturó para siempre), reapareció ese libro. Recordé el poema, el último, el que más me había gustado y que me parecía tan triste. Las dos palabras:

YA
NO

Y el nombre de la autora, un nombre poderoso. Como su historia.
Porque aunque sólo conocí esa historia algunos años después, en el momento de releer el poema, con lágrimas en los ojos, la columna doblada de dolor y el pecho cerrado de angustia, yo era igual que Idea extrañando a Juan, jurándole su herida de amor para siempre.
¿Qué pasará con este amor cuando muera? habrá pensado, como pensé. ¿Alguien lo recordará? ¿Entenderán qué significó para mí? ¿Morirá conmigo?
Idea, con su vida y con su obra, eternizó su amor para siempre. No es un sentimiento extemporáneo con olor a nafalina. Es el mapa de sus emociones, grabado para siempre en el papel y en la memoria.

Por eso, llegué a casa y escribí este post.

Gracias por lo que perdura, Idea.
Gracias por Idea, que perdura.

lunes, abril 20, 2009

Sueño con tornados

Me encantan los tornados. Me fascinan. Me asustan, me llenan de vértigo y adrenalina.
A menudo sueño con tornados gigantes que se arman a pocos kilómetros del lugar donde estoy. Escucho el aullido del viento. Los veo formarse y crecer, cambiar su curso. Huelo a azufre y a polvo. Pienso "es imposible" y aún así estoy clavada al piso sin poder correr, maravillada. El corazón me va a explotar de tanto latir, lo siento en el ardor de la garganta. Corro a un lugar seguro, llego justo a tiempo y nunca me alcanzan.

Hasta hace un par de días.

El último sueño que tuve con tornados terminó con uno de ellos alcanzándome. Creo que nunca había soñado uno tan inmenso. Lo último que recuerdo es la fuerza con la que el viento me levantó del suelo y que quedé ciega instantáneamente por un chispazo de luz blanca casi al mismo tiempo en que sentía un "crac" en el cuello.

Me desperté transpirada, de cara a la ventana. Afuera llovía mansamente.

Hoy, Oli posteó algo sobre tornados y supe que este video tenía que estar, también, en este blog.


domingo, abril 19, 2009

Contra la desesperanza

(inspirada por este post de Jerome en Un Dios Danzante)

Hace algunos años me hablaron de la abulia de mi generación: Los de entre 20 y 30, años más, años menos. Hablamos de la ausencia del pensamiento crítico. Del hacer sin saber para qué, sólo porque podemos. De la obligación que te da ser portador de un talento específico y el lugar en que esa responsabilidad te pone (o te debería poner). De la angustia, otra vez, de no saber para qué. ¿Para conseguir fama, fortuna, status, reconocimiento de pares? ¿Para conformar a los que nos rodean a costa de nuestra propia inclinación abúlica?
Hablamos de cómo el factor "para mí mismo" nunca es suficiente. El factor "para otro" es motivo de risa. Pobre infeliz, ¿creés que tu sonrisa y tu buen trato van a salvar al mundo? ¿Que tu entusiasmo va a contagiar a tus compañeros de trabajo? ¿Que tu buen humor no llenará de envidia a todo aquel que no se permite una sonrisa hasta tanto no haya un buen motivo para sonreír? Como si no hubiera cientos de motivos a diario...
Pasaron cuatro o cinco años desde aquella primera conversación, y pasaron muchos más desde que descubrí que lo que yo creía normal no lo era tanto. A algunas criaturas se le acaba la inocencia a una edad muy temprana, y a gran parte de los adolescentes cuando se asoman al mundo tal como es. Tuve la suerte de ser de esas criaturas con la curiosa capacidad de conservar la inocencia y la autoconciencia al mismo tiempo. Seguí creyendo en magia y posibilidades de vuelo mientras caían en mis manos los primeros escritos racionalistas, filosóficos y nihilistas de la biblioteca de mis mayores y de la biblioteca pública. Algún punto de neurosis hubo, seguro. La sensación de escisión fue muy fuerte en el momento en que debía serlo, en la adolescencia.
Quizá debería haber elegido otra profesión, otro destino, mejores empleos.
Quizá. Pero todo me ayudó a conocer mejor a la gente. Incluso las pésimas experiencias. Y me ayudó a no ser indulgente conmigo misma: cada error fue mío, cada tropiezo me lastimó. Al mismo tiempo, me descubrí capaz de caminar con algún hueso roto, de aguantar varios días sin comer, de dar un poco más de mí cuando creía que ya no había nada más para dar.
La adultez me está trayendo un poco más de templanza, pero mi impaciencia ante la debilidad ajena sigue intacta. Puedo perdonar un momento de descanso en el camino, pero no el eterno flotar a favor de la corriente: alguna vez tendrás que aprender a nadar. La voluntad es un músculo que se ejercita o se pierde. Detrás de la voluntad perdida se va la vida misma.
Hay cansancio, hay hastío y está también la impotencia de quien se sabe incapaz de hacer lo necesario para que el cambio se opere a un nivel que parece inalcanzable.
Nos cansa la mediocridad, el gregarismo de masas acrítico y bienpensante, el wannabismo, el vacío ajeno que nos empuja a unirnos a una desesperanza universal.
Pero obviamente, dolorosamente y necesariamente hay esperanza.
Porque si no seríamos sólo una procesión de muertos yendo a lo inevitable.

Particularmente yo, una de esas acosadas por la muerte (le gusta andar pegada a mis talones, susurrando en mi oído palabras de tentación), prefiero sacarle la lengua por encima del hombro y correr hacia ella con los brazos abiertos, pero más adelante. En otro tiempo. Cuando me haya cansado de asombrarme, de gozar todo lo disponible, de quedarme seca de tanto dar, de reír hasta que se me descoyunte la mandíbula, de bailar hasta que no quede un hueso sano, de gritar y de pelearme con todo.
Pelearé para que cada muerto sea un otro significante, venga de donde venga. No voy a agobiarme de agobios ajenos. Quiero seguir haciendo escuela de pequeñas interpretaciones propias, por imbéciles que suenen, por más que parezcan formuladas contra un canon.
Quiero conformarme inconformistamente, como hasta ahora.

Por eso, ante todo y en consecuencia con el modo de vida que elegí llevar hace algunos años, este blog se pronuncia hoy oficial e ineludiblemente a favor de la esperanza y de la gente despierta. O que desea despertar.

Nada tiene más fuerza que un deseo formulado con el corazón y hacia el Corazón del Mundo.



viernes, abril 17, 2009

Abandono

... Parece, pero no es.
Increíblemente tengo mucho en borrador y nada para largar. La vida me (nos) despeina...

Gracias por el apoyo de siempre :-)

YAPA: Por si no lo vieron (ya que está por todos lados desde ayer), véanse este videito de Youtube y emociónense hasta las lágrimas con Susan Boyle.

lunes, abril 06, 2009

Descubrimientos sobre mí misma

Hace una semana exacta, se cortó la luz en casa. Por casi una hora y con la comida a media marcha ya en el horno, prendimos las dos últimas velas y nos tiramos boca arriba en la cama a conversar sobre música.
Los dos somos autodidactas, pero él ha sido muchísimo más dedicado que yo y tiene horas de práctica encima. Incluso ha tocado en bandas, cosa que yo no hice jamás (a menos que cuenten algunos cerámenes musicales de mi adolescencia, con formaciones caóticas que duraban lo que un pedo en una canasta). Prefiero rasguear, inventar acordes y escalas de los que no sé el nombre ni la progresión. No se me da el punteo, ni el solfeo, ni nada. Soy puro instinto, y además siempre abrevio por el camino más corto: si requiere práctica, ni lo intento. ¿Con qué tiempo?
Él insiste, casi desde que nos conocemos, en que si hubiera vencido esa pereza atávica podría haber llegado a ser muy buena música. Para probarle que está equivocado, empiezo a intentar algunos ejercicios básicos de velocidad y coordinación: secciones breves de piecitas clásicas que se usan para ganar agilidad y familiarizarse con los trastes, todo eso.
Saco dos piezas en dos minutos, tirada boca arriba en la cama, sin mirar dónde pongo los dedos. Por puro instinto. Otra vez, el que tiene la razón es él; pero en vez de enojarme, me alegro.
Nunca se es lo suficientemente grande para descubrir cosas sobre uno mismo.
Cenamos a la luz de una vela casi consumida y siento el corazón muy cálido, lleno de propósitos.
Tengo tantas ganas de cumplirlos...

Nothing brings me down
(Emiliana Torrini)
Home alone and happy
Nothing brings me down
Full of wine and steady
Nothing brings me down
What's left of the rain runs down my roof
Nothing brings me down
The night is lush the air is still
Nothing brings me down
Dum dum dum dum dum dum
The windows are open, the flies are in
Nothing brings me down
The phones are off the music's on
Nothing brings me down
Dum dum dum dum dum dum
Home alone and happy
Nothing brings me down
My love for you is ready
Nothing brings me down
My love for you is ready

miércoles, abril 01, 2009

Los lugares vacíos

Anoche llamó papá. Tenía esa voz alegre que detrás es pura ansiedad contenida: una marca de familia para las angustias indefinidas, esas que no podemos verbalizar o determinar. Necesitaba que le hiciera "un favor en la compu" y mientras tanto, como quien no quiere la cosa, me dijo "se murió Alfonsín". Hablamos un ratito del tema. Estaba emocionado, no sé si por este suceso en sí o por las fechas, o por esas angustias que nunca cuenta pero que tampoco exorciza del todo.

Nada más cortar, me vino a la mente una imagen de papá hace casi veintiseis años, cuando yo pisaba los tres y Alfonsín acababa de ganar las elecciones nacionales. Él, afiliado radical desde que puedo recordar y antes también, se había prestado (con todo el tiempo del que disponía siendo padre de tres hijos y laburante a destajo) a ayudar en el comité de nuestra ciudad. Como era (y es) un tipo macanudo, que da hasta cuando no tiene, puso auto, nafta, plata y parte de su herencia a favor de una campaña en la que creía y que lo entusiasmaba muchísimo. Me acuerdo que el 3CV en el que mi mamá re-aprendió a manejar había una calcomanía que, leída del revés, decía "SELACIDAR ETNALEDA". Se me quedó grabada de tanto mirarla: blanca y negra y roja en letras de imprenta grandes.

Atrás habían quedado los años de sobresaltos y paranoia de mi Tiatá, que escuchaba en Radio Colonia las noticias de Malvinas y que a veces decía que convenía hablar en voz baja "por si nos estaban grabando". Gracias a ella yo fantaseaba con que había micrófonos en las patas de las camas, bajo los muebles y hasta en las canillas de la cocina, pero ingenuota como era, me arrimaba al lugar sospechoso para cantar alguna canción. Atrás habían quedado los primeros pasos de mis hermanos, la varicela que nos tumbó a los tres y la epidemia de ratas que nos siguió hasta la casa nueva.

Tengo memorias de la época de la híper, cuando papá y mamá apenas ganaban para comer y él empezaba a tener problemas de espalda (que eventualmente lo dejarían sin trabajo), pero nunca le flaqueó el bolsillo para dar en la colecta de Cáritas o para comprar un sachet de leche de más para los pobres que golpeaban a nuestra puerta. Jamás lo escuchamos quejarse o hablar de política, pero se lo notaba caído y amargado con los traspiés de ese gobierno en el que había puesto tantas esperanzas.

Más allá de los acuerdos y desacuerdos que con la perspectiva de los años fui teniendo con Alfonsín y su gobierno, estoy convencida de que hoy se fue un gran hombre. Uno de esos que dejan un espacio irremisiblemente vacío, sin sucesores ni recambios. Uno de esos que hicieron historia, primero desde un perfil moderado a bajo y luego desde el lugar de responsabilidad que le tocó cubrir.
Les recomiendo que pasen por lo de Unser, si no lo hicieron ya, y lean el magnífico post que escribió sobre Raúl Alfonsín. Creo que todo lo importante está allí.

Y mañana será otro día.

viernes, marzo 27, 2009

Perder

En las novelas, en las películas y en la vida hay un punto de inflexión para el o los personajes principales. Hasta ayer, estuve leyendo "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson (setecientas y pico de páginas que me devoré en cuatro días): uno de los personajes principales se refiere al punto de inflexión de su vida como Todo Lo Malo. Y allí se acaba la referencia. No necesita recordar exactamente lo que pasó. El lector se muere por saberlo, pero al personaje sólo le basta convocar la imagen de Todo Lo Malo para enseguida exorcizarlo.
En la vida misma (nuestra vida), los personajes somos nosotros. Y llegado ese punto de inflexión, todos nos miramos desde afuera. Como si fuéramos asistentes a una película ajena, nos posicionamos en un plano externo y nos vemos en tercera persona y en primera al mismo tiempo.
La sensación es de película. A veces la película es una de terror. O la novela, uno de esos dramones insoportables que de tan patéticos darían risa a un lector más objetivo.

El punto de inflexión casi siempre implica pérdida.

A mí me tocó perder desde muy chica, pero mi punto de inflexión fue hace diez años. Si hubiera que ponerle una fecha, sería la de hoy. Diez años atrás.

Cuando mi vida empezó a cambiar de golpe, yo estaba con Florencia en el Musimundo de 47 entre 7 y 8 de La Plata. No me enteré enseguida, sino una hora y media, dos horas después. Tere llamó al único celular del grupo con el que yo estaba reunida. Llovía a cántaros, con esa lluvia que se abate sobre La Plata como una cortina espesa. Esas lluvias que deben llover en el Amazonas o en la isla de Yakushima. Una lluvia que habría adorado, si no hubiera llegado en un momento de inquietud y desesperación.

Emi manejó durante quince minutos sin decirme nada, aunque él ya sabía la noticia que me esperaba al llegar a mi casa. Antes de abrir la puerta, yo ya sabía. Cuando Tere empezó a hablar, completé la frase en mi cabeza. Había empezado a perder, y en ese momento sólo me costó un puñado de lágrimas. Pagué después con muchas más lágrimas, duelos incompletos y una sensación casi paranoica de profecía autocumplida en ciernes.

Un año después, ya me había devorado por completo la sensación de que todo estaba en ruinas. Los cimientos, carcomidos; lo que creía seguro, perdido. La vida y la muerte aceleraron sus ciclos. Mis vivos pasaron a ser mis enfermos, y luego mis muertos. En el medio, una película (y su leitmotiv, "le temps détruit tout") me llenó de angustia: ¿cuánto perdí en todo ese tiempo que me quitaron?
Después, nada importó. Me quedó una canción para hacerme llorar, incluso hoy. La escuchábamos todo el tiempo, cuando estábamos en medio de Todo Lo Malo.



Pero todo pasa. Y hoy estoy bien.
Estoy bien. Como un vidrio roto, compuesto pero agrietado. Y es mejor.
Porque a lo malo, como a lo bueno, conviene jamás olvidarlo.

(Para Edgardo, para mi familia, y para todos mis "ellos")

jueves, marzo 19, 2009

Basta de todo

Cuando ando así, con ganas de meterme para adentro de nuevo
pienso
seriamente:

cuánto falta para que todos empecemos a portarnos
como si el otro contara,
como si el otro valiera lo mismo que yo;
ni más ni menos:

lo mismo.

Ellas,
él,
nosotros,
todos.

Si no alzo mi voz y no me oyen, no existo.
Si la alzo y lo que digo no conforma, me anulan.
Mientras tanto, este fuego... este país en llamas
y las manos que trabajan, partiéndose indiferentes sobre arados y salares,
sobre niños enfermos
sobre el horror vacui de la indiferencia selectiva.

Yo, que hace años no rezo,
me inclino y los pienso para que no se olviden
que no me olvido.

domingo, marzo 15, 2009

Dias extraños / 2

En estos días que pasaron entre lluvia y lluvia, pasaron algunas cosas.

Primero que todo: nació Paulina. No la esperábamos hasta mayo, pero llegó. Y mi regalo para ella, hasta que pueda hacerle otro más adecuado, es esta nana con la que me duermo con la esperanza de despertar siempre en un mundo mejor:



Sekai no Yakusoku (The Promise of the World)
La sonrisa que se esconde tras las lágrimas
Es la promesa del mundo desde el principio de los tiempos.

Aún si estás solo, desde el ayer en que eran dos
Hoy es un brillante comienzo
Como el día en que se vieron por primera vez.

No eres simples recuerdos,
viniendo como la brisa a acariciar mi mejilla.

Aún después de partir con la tarde, el sol se filtra entre las hojas
La promesa del mundo nunca muere.

Ahora estás sola, pero el mundo no tiene límites.
Me enseñaste que la gracia se esconde aún en la noche.

No eres simples recuerdos:
Vives en la melodía de los arroyos,
en el color del cielo, en el aroma de las flores.

Aún después de partir con la tarde, el sol se filtra entre las hojas,
y la promesa del mundo nunca muere.

(Traducción de Ojousan y Alec74, porque yo no tengo idea de japonés)

Segundo y menos importante, tuve unos días de furia bastante curiosos que me llevaron a ensañarme (como suele pasar) con la gente que más quiero.

El punto culminante fue el jueves. Me fui de casa sintiéndome aplastada y volví totalmente desconectada del mundo exterior. Directo a la bañera, a llenarla hasta la mitad con agua tibia y espuma con olor a hierbas. El agua salía un poco oscura y por un momento pensé en todas las personas que no tienen siquiera agua corriente.
Me quedé allí un rato largo, devolviéndome a la vida, raspándome con la esponja y con las uñas hasta que me quedó la piel colorada. Necesitaba quitarme de encima ese relente a día perdido, a memoria hecha agujeros. Sentía que los recuerdos se iban escurriendo entre mis dedos y cuando quité el tapón de la bañera, todo se había ido.
Y hoy, aunque no recuerdo cómo era la sensación de aplastamiento ni el motivo que me llevaba a estar furiosa con el mundo, ni el cansancio, ni la tristeza... tengo muy presente que hay mucho para arreglar, después de esa tormenta que sólo pudo aplacar la vuelta a casa.

Sé que me voy a cansar de tanta catarsis en algún momento, pero la necesidad de escribir esto fue más fuerte.

Entre tanto, buena vida para todos y bienvenido sea el otoño, aunque tarde un poco... Este anticipo de domingo fresquito me puso al cien por cien otra vez.

miércoles, marzo 04, 2009

Ah, look at all the lonely people...

Un día de lluvia cualquiera en la Cassiecueva...
(...también conocida como Cassender Heighs)

Milo - Se volvió a aburrir de la gente acaba de iniciar sesión.

Me: qué pasó???
Milo: qué pasó con qué? el aburrimiento de la gente? jeje
Me: esooo
Milo: lo de la gente es lo de siempre, eso me pasa por hacerme el sociable de nuevo
Me:
pero a quién le debo ahora el honor?
Milo: no se qué es lo q nos tiene a todos tan suceptibles al stress ultiamemente
Me: y... digamos que el panorama general no es lo más reconfortante
Milo: no claro, pero tiene que ser algo más
no solo falta de futuro
o será q los jóvenes nos creímos q nunca iba a ser tan terrible y es el primer sopapo que no parece dejar de doler nunca

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Mientras, en mi reproductor suenan (entre otros) estos temas que asocio siempre con la lluvia:

Rain - Theatre des Vampires


Rain - Cowboy Bebop OST


Space Lion - Cowboy Bebop OST


Ice Dance - Danny Elfman (de la OST de Edward Scissorhands)


Comptine D un Autre ete / L appres midi - Yann Tiersen (de la OST de Amélie)


Alwyn Spires - Christopher Young (de la OST de The Shipping News)

Y este otro, que me parece increíble cada vez que lo escucho y que irrumpió en mis oídos a las ocho y media de la mañana, en Las Heras y Pueyrredón, mientras miraba el cielo embobada y agradecida de tanta lluvia...




Parafraseando a Baterflai, ¿Cuáles son sus temas para un día de lluvia, como hoy?

miércoles, febrero 25, 2009

Hercules and Love Affair

Este tema me tiene loca, loca.
Desde que lo escuché por primera vez, dos por tres me pongo a bailarlo sola... aunque no esté sonando más que en mi cabeza.



(Dedicado a Voncita en su cumpleaños, con mis mejores deseos de un año sabático a pleno... y porque me encantaría que volvamos a bailar y saltar juntas cuando el postparto sea un recuerdo ;-) )

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¿Qué lleva generalmente en sus bolsillos?

Mis manos


¿Qué haría si se encontrara a solas en un ascensor con Videla?

No me encontraría a solas con Videla en ninguna parte.


¿Donó sus órganos?

No puedo donarlos. Los necesito.


¿Usted tiene apodos?

Sí, la mayoría de las veces me dicen “Vení” o "Disculpame"


¿Tiene animales?

No, sólo ex novios.


¿Es fiel?

Sí, cuando puedo.


¿Qué hace inmediatamente después de hacer el amor?

Llamo al radio taxi.


¿A quién quiso y no pudo?

¿A quién quise qué? ¿Quién dijo que no pude?


¿Cómo seduce?

Me hago la linda y la inteligente. Cuando se dan cuenta de que no lo soy, es demasiado tarde.


¿Qué quería ser de pequeño/a?

Grande. Después me di cuenta que estaba equivocado/a

(Una chica como yo - Diciembre 2006)

lunes, febrero 23, 2009

Extraña extrañitis

Tengo una constelación de ronchas en el brazo. La piel me arde un poco, me quema.
Hoy lloré leyendo el diario y todavía no me acostumbro a este reencuentro, con esa sensibilidad alejada hace unos meses a manotazos para no sentirme vulnerable o mala.
Ahora me siento peor con mi conciencia cuando camino por la calle y tengo que ignorar una mano extendida, pero me siento mejor conmigo misma porque me estoy haciendo caso.
El "no puedo" es real. El "no tengo" también. No es que doy la vuelta a la manzana y me compro una Coca-cola o un libro. Doy la vuelta a la manzana y sigo tan pobre como antes. Voy caminando a montones de lugares porque no tengo otra manera de llegar. Y está bien así.
El tiempo es mío, mío.
El cansancio y la satisfacción de hacer las cosas lo mejor que se puede es mía, también.
Me duelen el cuerpo, las piernas.
Todavía no recibo ese llamado que tanto espero, que tanto necesito.
Me siento ignorada, insignificante. Ninguneada de a ratos.
Y soy tan feliz.
Incómodamente feliz.
Sin suspicacias, sin nada de más, sin un extra para festejar el Día de los Enamorados. Feliz.

Tengo esa satisfacción un poco rara de la decisión inamovible y del panic attack ignorado deliberadamente. Estoy probando envolverme de nuevo en las blandas nubes del karma. Estoy intentando que no se me escape ni una gota de hiel, y lo consigo.
Ni un poco de envidia. Ni un pensamiento frustrado o frustrante... Ni un déjà vu revanchista, nada. Es tan bueno.

Me resulta rara la sensación de serenidad justo en estos días en los que estuve tan border. Y después de todo eso, extrañar.
Extrañar evocando (poquito, mucho) es como una peste que te consume lento, una pupa de la infancia, esa cascarita que siempre querés rascarte hasta sangrar, una y otra vez.
Extrañar de esa manera rara, no angustiosa... sino amorosa. De esa manera que es plena y sin susceptibilidades. Tratando de entender y de que me entiendan. No sé si soy difícil. Sí sé que soy esquiva. Quizá me quede sola, quizá me canse de buscar excusas para no abandonar este camino. Quizá algún día entiendan que soy del que me encuentra, del que pide, del que se gana mis ganas. No quiero menos por buscar menos encuentros. ¡No puedo! Me encantaría tener todo el tiempo de antes. La predisposición es la misma, la gente y las obligaciones cada vez son más.

¿Molesto? ¿No molesto? ¿Me necesitan? ¿Me extrañan? ¿Debo ir? ¿Dejar que vengan?
Por ahora sólo estoy preparando un equipaje ligerito para viajar rumbo al abrazo de mis necesidades más inmediatas. Espero que quieran que las atienda, que las mime... Que sigan queriendo jugar conmigo, dejarme mirarlas o escucharlas.
Quiero ser digna de estos pocos afectos. No puedo pensar en mucho más que en ellos estos días.

viernes, febrero 20, 2009

Viernes temático: The Wrestler

Otra semana pasó. Sigo ansiosa, con pocas noticias relevantes y todo por esperar, aunque no sé bien si estoy haciendo bien en esperar algo ya. Muchas ideas que brotaron el año pasado van cerrando, y me despierto a la mañana preguntándome si merezco tener tanta gente atenta a mi alrededor. ¡Si yo no hice nada! Lo juro...

Mientras, ayer me fui a llorar al Abasto con "The Wrestler", la película de Darren Aronofsky que se llevó el León de Oro en el último festival de cine de Venecia y que, Oscar o no Oscar, ya es consagratoria para Mickey Rourke por motivos que de sobra explica Reynaldo Sietecase en este artículo de Crítica, muy bueno.

Ya que estoy, les recomiendo este dossier pequeñín que está colgado al respecto en Cine y Medios. Como para tener una pequeña referencia.

Uno de los mayores méritos de esta película es que el espectador puede encontrarle mucho mérito aún sin estar empapado en el tema. Pero si tienen ese plus (algún ocasional lector de este blog, seguramente), la apreciarán mucho más. Inmensamente más.
¿Por qué? Porque Aronofsky y su guionista, Robert Siegel, hacen lo que nunca hizo nadie: seguir al hombre. Hay una dimensión dramática tan pesada detrás del negocio del catch, que parece mentira que nadie la haya llevado al cine antes. "The Wrestler" es una película que no tiene picos, no tiene clímax a la vista. Pero no es una película chata. Todo te pasa por enfrente: la crítica a la industria que, detrás del espectáculo, se devora a sus personajes. Los tipos que no conocen otra forma de vivir. La adicción al reconocimiento ajeno. La nostalgia de haber sido y el dolor de ya no ser. Los golpes que no se ven y aquellos que se pagan a largo plazo con la vida. Todo en poco más de una hora y media, y dejando espacio para otros dramas.
Un capo, Aronofsky. Acá le hacemos el aguante desde "Pi" y hasta que se jubile, por más que bardeen a "The Fountain" y prefieran emocionarse con "Marley and Me" (si dicen que lo de Rourke es golpe bajo, esperen a ver el cuento del perrito...).

La frase que resume todo: "Cuando eliges quemar la vela por ambos extremos hay un precio a pagar". ¿Demagogia? Para nada. Tiene sentido.
Imposible escuchar esa frase y no acordarse de los sábados de WWE, de RAW, de Smackdown. De todo ese mundo que me era desconocido y al que me asomé primero con indiferencia, para después volverme una aficionada más. Aficionada antropológica, sensible, vulnerable, pero aficionada al fin. De esas que se sabía por ósmosis hasta los precios de las plateas en el ringside.

Imposible no acordarse de Eddie Guerrero, de Owen Hart, de los ignotos que se mueren a puñados tratando de llegar a la cima. Cómo no me voy a acordar, si hasta lloré cuando los diarios y los noticieros salpicaron el horror de Chris Benoit, un tipo al que no importaba cuántas veces lo vieras pelear, siempre te daban ganas de abrazarlo porque parecía incapaz de matar a una mosca. Pienso en esa vela consumida y veo la cara de las estrellas de la WWE de McMahon diciendo su adiós en cámara. Demasiado conmocionados para recordar, demasiado asustados para hablar. Muchos, quizá, pensando en su propio futuro si persisten en el abuso de esteroides y otras drogas duras. Pero todos, absolutamente todos, continuando en ese camino que eligieron sin un solo día de duelo por el compañero muerto o por las circunstancias de esa muerte. Show must go on, road must go on. Un camino incomprensible y masoquista donde el aplauso parece tan pobre, la guita tan poca cosa al lado de lo que se arriesga y se pierde.

Les dejo, entonces, este post lleno de links referidos y la más ardiente de mis recomendaciones para que vayan a verla. Lo vale. Cada minuto, hasta ese increíble tema final.



Qué diablos. Les dejo el trailer, también. El domingo tengo mi reunión anual con excusa de trivia de los Oscar y es mi evento más esperado del fin de semana. Buena gente, buena charla, buena música y buena comida. En ese orden, exactamente, porque puntuar sería imposible...


martes, febrero 17, 2009

Escribo



Escribo.
Escribo.
Escribo para nadie.
Escribo y leo.
Leo cosas que me gustan mucho,
cosas que me gustan poco, cosas que no me gustan,
cosas que me están cambiando la vida.
Leo y escucho. Escucho y escribo.
Sueño. Me despierto.
Cada vivencia está escrita, o será escrita.

Escribo.
Escribo hasta quedarme ciega.
Hasta estrangularme.
Hasta envenenarme.
Hasta reir a carcajadas.
Este teclado es música. Transpiro letras.

Escribo en horas de trabajo.
Escribo cuando estoy caminando.
Cuando estoy dormida.
Cuando hablo. Cuando pienso.
Cuando canto. En la cocina.
En la cama, en los baños.
En el recuerdo de los hoteles.
Escribo en las hamacas de la plaza.
Escribo con los gestos de mis manos.
Escribo en el carrito del supermercado,
en los bancos de piedra,
en los árboles, en la ceniza,
en el agua y en el cielo,
en los bichos, en el pasto.
Escribo en mi cara.
Escribo en la tuya.
Escribo en esta carne que nunca se queja de mis garabatos.

Escribo. Y leo.
Para mí y para una posteridad inexistente.

Escribo porque, como tantos otros,
si no hubiera escrito nunca, estaria muerta.


domingo, febrero 15, 2009

Música para una caminata de domingo

No era el mejor día para caminar, pero tengo que entregar una quíntuple reseña musical y un par de otros trabajitos en la semana, así que abandoné mi cómodo capullo con ventilador y circulación ventana-a-ventana y partí, auriculares en la oreja, a pensar caminando rumbo al río.

La ciudad está bastante tranquila (y además es domingo), pero apesta. El olor de la basura en descomposición te azota a cada paso, prácticamente en todas las esquinas. Se me tuerce la panza de pensar que hace apenas tres semanas estábamos en Carpintería, acampando en un lugar lleno de Tatadioses, sí (bicho que me asusta de manera irracional), pero con un aire limpio, perfectamente limpio. Y tomando agua fría directamente de la canilla a cinco metros de la carpa.

Caminé muchas cuadras escapándome de la realidad de la única manera que puedo: con música. La música me ayuda a pensar, dispara mi imaginación y cura mis ñangas. Cuando estoy en mi casa me resulta muy fácil mantenerme tranquila y contenida, pero salir a caminar por el centro de Buenos Aires en verano me exaspera un poco. Sobre todo por eso de las miradas que no se pueden evadir y las palabras que no se quieren escuchar cuando una está sensible.

Hay un par de temas que me tienen particularmente enganchada.
Al primero, no puedo parar de escucharlo. Los otros dos son increíblemente pegadizos y levantones.




Aunque toda la banda sonora de Ar Rahman es increíble, no se la pierdan! Pueden bajar esa y las otras nominadas al Oscar de aquí.

viernes, febrero 13, 2009

Escape de viernes 13

Los viernes, parece ser, es un buen día para que los bloggers readeradictos encontremos eventualmente algunas joyitas que nos gusta recomendar. Porque somos muy fiacos para postear, o porque nunca hay tiempo de terminar los 20 o 30 borradores que andan dando vuelta en el administrador de este coso.

Es por esta febrilidad de viernes que les ataca a algunos bloggers, que me encontré unas cuantas joyitas y me gustaría compartirlas con ustedes.

- Ana (con el auspicio de Allen Konigsberg) nos invita a escaparnos al libro que se nos antoje. Dense una vueltita a ver si se inspiran...
- Gé tuvo una semana AllYouNeedIsLove y nos dejó un regalito musical en su blog.
- Volvió Milo Peopleproof, un amigo de la casa. Yo todavía estoy esperando el regreso del scrapbook de momentos urbanos...
- Música para el fin de semana (no importa la fecha, sólo la buena compañia): "Iris", una bellísima banda de sonido del maestro James Horner y el violinista Joshua Bell. En Esquizo, dónde más.
- La película Slumdog Millionaire, de Danny Boyle, es un highlight para que los que puedan darse el gusto de ir al cine, vayan y no se la pierdan. Emocionante, digna de verse. No sé si será la película más maravillosa y genial de la historia, pero pasa a mis imprescindibles a partir de ayer a las... 12 de la noche, ponele.

Después, también me encontré con barbaridades que no me gustaron ni un poco y me dejaron una sensación horrible de impotencia y frustración, pero elijo ignorarlos y seguir, secretamente, mi cruzada contra la intolerancia y a favor del humanismo en este blog (bueno, eso intento, che. Si de a ratos se me traba un engranaje y me salta la tanada, sepan comprender. Yo trato de querer a todo el mundo, pero lo único que me sale es no odiar a nadie).

Ojo al piojo: Esta semana también tenemos este recordatorio de Baterflai, para que quienes tengan la posibilidad de ayudar a Tartagal acerque su colaboración al lugar señalado (los que vivan por San Telmo), o bien a la Casa de la Provincia de Salta (Av. Roque Sáenz Peña 933, teléfonos 011-4326-2456 al 59)

Como estoy teniendo una temporada muy Marillion, dejo un tema alusivo que pega con el título y todo.



¡Buen fin de semana!

lunes, febrero 09, 2009

Ejercicio de autoconciencia / Lunes

Viví como quieras vivir. Viví como tu intuición te indique que debas vivir. Sin esperar reconocimiento, sin creer que tu vida deberia ser un ejemplo para otros o inspirar a otros. Lo que a vos te sirve puede no servir al otro. Los outsiders lo sabemos. Por eso somos outsiders.

Lo que deba ser, será. El que aprenda algo, será porque así debía ser. No te asombres si tus consejos no llegan a ningún puerto. No te alegres de ser el único que sigue su propia filosofía: no inventaste nada, y detrás de esa necesidad de ser el contrera del mundo puede haber más necedad que principios.

Por supuesto que hay otra manera de vivir que no es la de la masa (no descubriste la pólvora, justamente...), si es que tanto te aterra "pertenecer". Siempre se pertenece a un colectivo de algo. Si no, estarías viviendo en las montañas hace rato.

No sos único, no sos especial. Por escasa que sea la gente de tu palo, siempre hay gente de tu palo.

El complejo de gurú es la perdición de la gente libre.

sábado, febrero 07, 2009

Lovely Liz (y bonus: de cómo me enfermé de música)

Once años atrás yo era una pendeja recién llegada a una ciudad nueva, y como toda outsider de pueblo chico me estrenaba con montones de cosas.
La verdad es que, pese a los miedos de mi madre, yo ni siquiera tomaba alcohol para esa época... Digamos que apenas dos veces al año: las únicas en que mi curso del secundario se reunía para algo, por ejemplo, en época de carrozas estudiantiles o de "serenatas".

En La Plata empecé a frecuentar gente un poco más grande que yo. Tenía dos o tres grupos distintos (pensión, facultad, amigos heredados) y salía con todos ellos. Como era de esperar, tenían aficiones e intereses muy diferentes, y me dediqué a aprender de todos. Mi cultura alcohólica empezó allí mismo, un mes después de llegar, con un melón relleno de vino tinto berreta y jugo Tang que jamás volví a repetir por asqueante.

Mi cabeza siempre fue una esponja, empecé a absorber cosas nuevas con avidez. Comics, cine, música, salidas de fin de semana, lecturas, conversaciones. Yo no tenía ningún tipo de sentido del humor ni de agilidad para el debate verbal, hasta que me crucé con toda esta gente. La tónica del grupo era la rapidez de reacciones para las respuestas, siempre sarcásticas, irónicas o ácidas. O todo eso junto. Al lado mío, eran aviones (o así los sentía yo).

Algo de mi cultura musical incipiente empezó a florecer allí. En gran parte gracias a Sebastián (que hoy es DJ y gerente de Musimundo, HOLA SEBAAAAAASSS) que es una de las personas más enfermas de melomanía que haya conocido y que tenía/tiene una manera muy extraña de compenetrarse con la música. Y también una manera muy particular de buscar artistas nuevos, que me terminó contagiando hasta volverme la esquizofónica que soy actualmente.
Sebas pasaba de Stray Cats a Suede, de Air a St Germain, de Pizzarelli a Hedwig and the Angry Inch sin solución de continuidad aparente, pero cuando te sentabas a escuchar cómo había llegado de una banda a la otra, o de un artista a otro, pensabas que todo tenía lógica.

El propósito de todo este delirio es llegar a Liz Fraser. Elizabeth Fraser, una mujer con una voz capaz de sacar emociones a las piedras, tan versátil como afilada. Llegué a ella haciendo una relación zigzagueante que empezó en la banda sonora de Gladiator y terminó en Cocteau Twins (y todo el sello 4AD por extensión).

Por algún motivo que no conocemos sus fans, Liz no tiene carrera solista que incluya álbumes. Sí muchas colaboraciones, como verán. Su página web oficial está sin actualizar desde el año 2007. Sin embargo, es un verdadero placer tener la posibilidad de escuchar cada tanto un tema suelto y decir "Hey, esta voz la conozco"... para después darse cuenta que es ella, sí, la que estaba detrás de los coros de Howard Shore en "Lord of the Rings" o en esa canción inesperada que te conmueve hasta las lágrimas.

En honor a este fanatismo que me absorbe, hoy me di un empacho de videos y audios de Liz. Les dejo tres de ellos... uno de ellos es el video oficial de la canción que subí en otro post.

El último video corresponde a un tema que Liz grabó junto a Yann Tiersen para "Les Retrouvailles", es uno de los temas que me hacen soltar el moco con muchísima facilidad. La letra es demoledora. Cerrar los ojos y representarse cada palabra de Liz es terrible en días bajones. Están avisados.




jueves, febrero 05, 2009

Tres

Haciendo el camino de siempre hacia el trabajo, las volví a ver.

Estaban con sus papás, bajo los árboles. Y ahora tienen un hermanito.

viernes, enero 30, 2009

Cursi

No hace falta que reconozca que soy ñoña. Basta una miradita a alguno de los posts que hay por acá para darse cuenta. O hurgar en mis gustos musicales. O verme babear por las criaturas de mi familia / allegados. Tengo actitudes ñoñas, pensamientos ñoños, escritura ñoña y toda clase de ñoñeces y tilinguerías adornando mi vida a diario. Incluídos este par de ojos llenos de arruguitas de tanto sonreír frunciendo la nariz.

Pero no fue hasta hace poquito que, además, descubrí que soy cursi.
Increíblemente, melosamente y asquerosamente cursi cuando siento que estoy sola, o casi a solas.
Y hace mucho menos que poquito, aprendí (como aprendí con todas mis taras y taretas) a aceptarme tal cual soy.

Ñoña Y Cursi.

Una más de mis contradicciones, porque nadie lo adivinaría viéndome caminar casualmente por la calle, o de pasada en una situación social cualquiera.

Me encanta ser contradictoria.
Me encanta este corazón-barril de pólvora envuelto entre algodones y tibieza y letras y música.
Me encantan las marcas que llevo de todas las bestialidades cometidas y soportadas en el nombre del Amor.
Adoro contar los días que faltan para que un sueño, pequeño o grande, se concrete.
Me regodeo de placer en el sonido de las campanillas de viento colgadas en la cocina y en el rumor de su respiración al dormir, y en mirar esos videos una y otra vez.
Me salta el corazón de ñoña felicidad cuando del otro lado del teléfono contestan las voces de May o Finis.
Y me encanta, cuando puedo, gritar bien fuerte para limpiar todo lo que obstruye el camino de mi energía hacia el mundo.



Buen fin de semana. Buen último fin de semana de vacaciones para mí. Para nosotros.
Y buena vida para todos.