domingo, julio 26, 2009

Logros personales de hace un tiempo para acá...

- Sigo inconstante, pero aprendiendo a priorizar.
- Estoy entendiendo cómo es esto de poner punto final a algunas cosas.
- No me dejo apurar ni me apuro tanto.
- No me guardo nada que se me pueda pudrir adentro.
- Disfruto de no hacer nada.
- Me enojo.
- Pienso que vivo en el lugar que quiero, en el momento que quiero... pero que a la vez estoy yendo directo a donde quiero estar.
- Gasto menos.
- No (me) miento más.
- Lloro sin angustiarme por hacerlo.
- Planifico cambios necesarios. Y los llevo a cabo.
- Aunque duela, me desprendo de lo innecesario y si no puedo, simplemente no puedo.
- Aprendí a pedir y a decir que no.
- Estoy entendiendo y aceptando mis cualidades tanto como mis limitaciones.
- Redescubrí, por fin, la voluntad.
- Cuento hasta 10 antes de quejarme o enojarme, para no hacerlo sin razón.
- Me involucro más en ciertos temas.

Queda mucho por hacer, hay pasos que nunca di aunque debería. Pero como el día es hoy, y no otro (y no me quiero morir o perderme sin dar cada paso), me ocupo de tener presentes cada uno de ellos.


jueves, julio 23, 2009

In their beds, in their kitchens, in their attics, in their basements

Esto es lo que estoy escuchando (y bailando) en este momento:



La versión SpeechMix que Ethan Stoller hizo para V for Vendetta sólo puede ser escuchada en los créditos finales de la película... aunque la tengo también en mis favoritos de Youtube como fondo de un video que para mí es absolutamente non-sensical (lo único que me importaba era la música).
Uno de los pasajes más significativos es esta cita tomada de un discurso de Malcom X, que da título al tema: BKAB (Bed, Kitchen, Attic, Basement)

Whites can help us, but they can't join us. There can be no black-white unity until there is first some black unity. We cannot think of being acceptable to others until we have first proven acceptable to ourselves. Concerning nonviolence: it is criminal to teach a man not to defend himself when he is the constant victim of brutal attacks. There are problems in the community. Some of the examples of those problems are the vices that destroy the moral fibre in our community. Drunkenness, drug addiction, prostitution, organised crime. They rob the Negro community of probably 90% of its economic potential and moral potential. One of my reasons for going out on a limb as I have is to try and make white people be shocked, awake to some of their senses, because if they don't awake, they're going to find out that this little Negro that they thought was passive has become a roaring, uncontrollable lion, right in, right at their doorstep - not at their doorstep; inside their house, in their bed, in their kitchen, in their attic, in their basement. And if you know that in time, you can do something about it."
El extracto del audio:


BlankCada vez que tengo que pensar exorcizando algo, recurro a este tema (entre otros). En mi extraño mundo interior, las incoherencias toman forma y sentido a través del baile de ritmos libres, sin coreografías, y cuando me quiero dar cuenta... mi mente está libre de nuevo.

Estoy teniendo un final de década extraño. Sin dudas.

miércoles, julio 22, 2009

O todo como el orto

Pongamos las cosas en claro.
Soy frontal, pero no siempre me la banco. OK. Tengo una manera de decir las cosas que puede hacer que la gente se pregunte de qué carajo estoy hablando. OK. Soy intransigente hasta que me encuentran el punto, y entonces gana la diplomacia. Prefiero torcer la mano antes que perder ciertas cosas, experiencias, o perder la posibilidad de que ese alguien me siga hablando. OK.

Todo lo anterior es un procedimiento erróneo para casi cualquier cosa. Para conservar una relación, para comenzar una relación, para arreglar un error, para evitar cometer un error, para...

No hay fórmulas.
No hay fórmulas. No podés retener algo que no es tuyo. Y no podés hacerte cargo de algo que no podés afrontar. Y si no podés hacerte cargo totalmente, ni siquiera te hagas cargo. Y si te da lástima, hacete la dura. Y si te agarraron con la guardia baja, no aflojes.
Y si le erraste en todo lo anterior, cagate. A llorar a la iglesia.

Soy culpable de haber querido mucho y de haber envenenado mucho y de haber generado algún tipo de carencia que se me escapa. Lo sé. Es una responsabilidad colectiva en la que me reconozco particularmente.

No sé qué escribo, estoy tipeando a ciegas. Hiperventilo. No hay solución a la vista. Como si la maldita recurrencia se repitiera y delante mío sólo hubiera puertas cerradas.

El error ¿fue irme o fue tratar de quedarme? ¿fue pensar que importaba lo que hiciera o dejara de hacer?

¿Qué hicimos mal?
¿En qué fallamos?
¿Cuándo fallé?
¿Fue algo que dije?
¿Algo que callé?

Fue todo, y ya no hay remedio.
O sí.




martes, julio 21, 2009

Servicio a la comunidad - Miyazaki x 2 en Artecinema


Recibo en mi casilla laboral hobbystica un aviso irresistible.

¿Te gusta el cine de Hayao Miyazaki?
¿Leíste este post alusivo y te quedaste con ganas de saber o ver más?
¿Sos de los que se arrancan las mechas porque nunca pudiste ver estas películas en versión original para cine?

No sufras más... ¡ArteCinema te ofrece una oportunidad de sacarte la calenchu!

Hasta el 29 de julio, se proyectan en versión original 35mm (dobladas al castellano) las dos últimas películas del genial director de animación japonés, antes del estreno de la ultimísima (dicen que esta vez va en serio y que es la última): "Ponyo y el misterio de la sirenita", que se estrena este jueves. Por supuesto, allí estaré firme como rulo 'e estatua.

EL VIAJE DE CHIHIRO (2001)


A las 14:45 y 17:05 hs

EL INCREÍBLE CASTILLO VAGABUNDO (2005)



A las 15:00 y 17:20 hs

Complejo Artecinema - Salta 1620 (entre Juan de Garay y Pasaje Ciudadela)
Tel: 4304-8302
Entrada general: $16
De lunes a miércoles, estudiantes y jubilados todos los días: $12
Estudiantes de cine: $10


No hace falta decir que este fin de semana, posiblemente el domingo, estaremos asistiendo en continuado para que mi querido roommie, que se perdió de ver las dos en cine, disfrute como yo, que no sólo las vi todas las veces que pude sino que dos por tres me las dejo de fondo mientras hago los menesteres hogareños.

Ojalá puedan ir. Y ojalá esta gente se cope, consiga "Princesa Mononoke", "Laputa: Castillo en el cielo", "Porco Rosso", "Kiki la brujita", "Nausicaa del valle del viento" y "Mi vecino Totoro" ¡¡aunque más no sea en DVD ampliado!!

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UPDATE: (aunque está visto que acá nadie da bola, viejo, para qué mierda me gasto dándoles servicio) - En Página/12, Horacio Bernardes traduce una entrevista que Chris Dickens le hizo a Miyazaki. Destaco algunas de las partes que me parecieron más adorablemente Miya:

"No soy yo quien hace la película. Es la propia película la que se va haciendo"

"- Llama la atención que como resultado de ese método de trabajo basado en la mímesis, la mayor parte de sus protagonistas sean niñas
- No sé qué decirle... Será que amo profundamente a las mujeres. Por lo visto me identifico con ellas"
"Yo tiendo a ser una persona pesimista. Pero trato de no transferir ese pesimismo a los niños. No creo que los adultos deban imponer su propia visión del mundo sobre los niños. Creo que más bien se trata de entrar en diálogo con el modo en que los niños miran el mundo"
"Me parece que toda película para niños bien hecha termina interesando también a los adultos. Tal vez la única diferencia entre un film para chicos y otro para adultos resida justamente en el pesimiso u optimismo de la historia. Una historia para niños mira el futuro con esperanza, mientras que en las películas para grandes el pasado tiene un peso mayor".

lunes, julio 20, 2009

Dicen que tengo glamour (oculto ha de estar)


... Y no vamos a andar despreciando las margaritas, aunque siamo' chancho'.

La querida Mona, habitual firmante contrera de este blog, me avisa que me gané el premio que aquí comparto, invitándome a cumplir o ignorar libremente la consigna, que implica deschavar una serie de defectos o cuestiones personales e involucrar a otras personas en la meresunda esta del premio. A saber:

Manía:
Soy una obsesiva de ciertos detalles, como el orden de la alacena o la forma en que se pasan los artículos del supermercado (primero los artículos de limpieza, luego los de almacén, frutas y verduras, últimos los frescos). Seguro tengo otras manías, y alguien a quien no nombraré por decoro las recordará mejor que yo y las agregará en los comentarios, si se anima.

Pecado capital:
La gula y la lujuria.

Mejor olor del mundo:
El del césped y la tierra mojada.

Si el dinero no fuera problema:
Viviría buscándome complicaciones para hacer de mi vida algo tan ocupado como hasta ahora. Viajaría más, escribiría con disciplina y me la pasaría inventando fiestas para reunir a mis amigos.

Recuerdos de la infancia:
Muchos están puestos acá, no me hagan repetir. El primero data de cuando no había cumplido los dos años, así que imagínense si tengo recuerdos para tirar al techo, no vamos a andar ampliando.

Habilidades como ama de casa:
Todas, menos planchar y coser (aunque en esta última me defiendo).

Lo que menos te gusta hacer en casa:
Repasar los muebles, sobre todo porque hay que hacerlo a diario y no da (no da el tiempo, no dan ganas, ¡no da!).

No habilidades como ama de casa:
Planchar.

Una frase:
Varias. Carpe Diem, Lo que no te mata te fortalece, Vive rápido muere joven y deja un cadáver bonito... lo que se dice, un cliché con patas. Pero las frases de Mona son buenísimas también y muy adecuadas para repetir como mantra. "Si crees que puedes, puedes. Si crees que no puedes, no puedes", "Cada uno es artífice de su propio destino".

Paseo para el alma:
Un buen momento compartido con la(s) persona(s) justa(s).

Paseo para el cuerpo:
El mismo que para la mente: caminar, idealmente por lugares sin ruido y espacios abiertos con poca gente. Campo, playa, sierras.

Perfume que usa:
En este momento tengo un ataque de "Heaven", pero lo estoy cuidando porque queda poquito.

Perfume masculino:
Le presto más atención al olor natural del hombre que al perfume que lleva.

Mis glamorosas nominaciones van para las siguientes féminas, que por supuesto quedan liberadas de hacerse eco de esta propuesta (aunque las mando al frente igual):

- Gerund (top of the glamour entre la gente que conozco...)
- Tiburina
- Calíope
- Naty

Háganse cargo, o no.

sábado, julio 18, 2009

Sueño con muertos / Sobre la memoria

Hace tres días que me despierto boca abajo, posición en la que jamás duermo porque me da pesadillas.

Hace tres días que sueño con muertos. Con películas de muertos, con muertos queridos, con situaciones de muerte, con la oscuridad de edificios derruídos donde ya no vive nadie.

A diferencia de otros sueños recurrentes, mis sueños de muerte siempre se dan seriados. Duran entre dos días y una semana entera. Algunos me angustian mucho. Otros me dejan impotente.

El de anoche me hizo llorar como hacía mucho que no me pasaba. Soñé con mi abuelo paterno, ese que es leyenda en la familia por su mal genio y que tuvo hacia mí sólo palabras y gestos de cariño. Al que conocí menos, y al que llegué a querer todo lo que su reserva y secotez de tano conservador me lo permitieron. Justo al que dicen que me parezco más: igual de grande, igual de gringa, mandíbula cuadrada, los mismos ojos.

Hoy cumpliría años mi otro abuelo. Al que llegué a conocer más, al que quise todo lo que mi propia reserva de chica rara y tímida me lo permitió. Al papá de mi papá lo perdí muy temprano, por esas cosas que tienen los conflictos familiares y porque no vivió más allá de mis doce años. Al papá de mi mamá lo disfruté todo lo que pude, por la mayor proximidad afectiva y geográfica y porque fue el primer adulto con el que pude hablar de muchos intereses en común: la música, el arte, las lecturas, la televisión.

A mi abuelo paterno no recuerdo haber llegado a decirle que lo quería. Al materno se lo dije muchas veces, y aún así tenía deudas pendientes con él cuando murió. Las deudas que no se saldan antes de que la persona querida se vaya son las más dolorosas. Con los dos las tuve y siento que voy a llevármelas conmigo impagas, no importa cuántas palabras les dedique o cuánto me esfuerce por cumplirles.

Anoche, entonces, soñé con un abuelo y hoy me desperté pensando en los dos. Abrazada a los dos, como si volviera a tener doce o veinticinco años, como si supiera que la pérdida es absoluta y para siempre porque pese a que ya no los tengo, sigo sintiéndolos. Algo en mí los recuerda como eran, con su olor característico y su entorno, el tono de su voz, sus huesos y sus manchas en la piel. Todo.

Y para terminar esta cadena de casualidades, hace quince años (mi abuelo materno cumplía sesentaypico) volaban la AMIA.
Hace diez años, el 18 de julio de 1999, escribía esto en uno de mis cuadernos:

¿Qué pasaba en mi mundo hace 5 años?
Yo tenía 14,
granos en la cara,
usaba anteojos y acababan de sacarme la ortodoncia.
Hace cinco años era lunes,
yo tenía el pelo más oscuro
y la cara más redonda.
Parecía altísima y me sentía un poco gordita.
En Radio Colonia, la única estación de radio que pasaba el aparato de "La Llanura", escuchamos la noticia del desastre y el relato de los pormenores me acompañó toda la semana.
En ese entonces, todavía estaban en casa V..., V... y la P...
Nosotros (papá, mamá y los gurises) pasábamos nuestras primeras "vacaciones de 5" en mucho tiempo.
Hacía mucho frío y la casa era inmensa, con una chimenea hogar que calentaba toda la noche.
Yo me peleaba con mis hermanos y empezaba a congraciarme con mis padres, en plena rebeldía adolescente.
No creía en el amor, sólo en las escenas de besos y de intriga en mis romances inventados, escritos.
(¿Quién va a necesitar amor cuando "lo sabe todo" sobre él?)
Menem preparaba la reelección y Cavallo era ministro de economía (aunque esto no me interesaba en lo más mínimo).
Simultáneamente yo escribía la continuación de mi primera novela, e iba gestando a las protagonistas de otra.
Hace cinco años estaba nublado como hoy,
yo estaba en 2º de secundaria y todavía no me había chocado con la miseria humana,
ninguna amiga me había desilusionado, ningún chico llamaba realmente mi atención (ni yo la de ellos)
Sin embargo, en ese mismo momento un chico del Pío XII organizaba sin saberlo nuestro encuentro, mi primer amor.
Hace cinco años exactos, no soñaba siquiera que pudiera existir alguien así.
Y casi quinientos kilómetros al sur, un adolescente dolorido y callado comenzaba sus vacaciones de invierno pensando "en agosto será mejor",
y se dormía soñando con motores y carreras.
El tampoco pensaba que cinco años después nuestros caminos se cruzarían.
Hace cinco años se rompía la cáscara y nacía una nueva yo,
más callada, más espontánea, más fuerte y menos niña.

Nucna más volví a tener miedo.


(la hoja que señala esa página en el cuaderno, un Rivadavia amarillo de tapas duras, es la noticia de un suicidio que salió publicada en un diario de Gualeguaychú el 29 de marzo de 1999, copiada por mí a mano).

Cerrando:
Mi recomendación para dentro de dos semanas es que, si pueden, vean la película "Anita" de Marcos Carnevale (el mismo de "Elsa y Fred"), que también toca el tema de la AMIA y de los afectos y está muy pero muy bien hecha. Aprovechen los espacios INCAA, que son más económicos que los multisalas si no quieren gastar mucho.
Les dejo el trailer. Buen fin de semana para todos... y ante todo, memoria.


viernes, julio 17, 2009

So long, Mr Darcy

Algunas mujeres esperan toda la vida al tipo ideal. Un hombre que cumpla con todos los requisitos que impone el status quo (el propio y el ajeno), pero sobre todo que pueda ser lucido ante los pares como una especie de logro personal. Se critica bastante a los hombres por este tipo de actitudes, pero es cierto que muchas mujeres, más papistas que el Papa en cuestiones de machismo, no hacen sino ofrecer su propia versión de la "pareja trofeo".

En una charla de sobremesa que tuvimos entre ayer y hoy, surgió el tema y me quedé pensando. Entre las muchas recurrencias de mi vida hay algunas muy curiosas que involucran a mis parejas más estables, o hablando más ampliamente, a los hombres que me cautivaron.

Entre mis amigas me hice desde chica fama de "quedarme con el más feo" (o con el más raro, o con el que nadie disputaría). Era una forma cruel de verlo, porque si bien ninguno de ellos era un Adonis nunca llegué a verlos feos. De hecho, me fascinaban. Nunca pude estar cerca de ningún hombre que no me resulte fascinante, de alguna u otra manera.

Ninguno de ellos fue el típico "hombre trofeo". Eran más bien difíciles de clasificar, con tipos físicos variados. Definitivamente, ninguno era la primera opción de nadie en reuniones sociales y fiestas (qué reuniones? qué fiestas? qué es sociabilizar?)
A todos (excepto al último) les repugnaba el mate.
Ninguno fue rubio, excepto de chico.
Todos eran un poco altaneros, un poco soberbios, y estaban asquerosamente seguros de sí mismos.
Todos eran de notables a brillantes en algún área específica, o varias.
Todos fueron amores a segunda vista.
No los busqué. Llegaron a mí de las maneras más inverosímiles.

La primera vez que leí "Orgullo y Prejuicio" fue en una edición de traducción castiza donde Lizzie era "Bebel" y todos los nombres sonaban extraños junto a los apellidos ingleses.
La atracción por Austen fue irresistible e inmediata. Yo tenía doce años y nunca había sido besada, no había bailado lentos con ningún chico que me gustase de verdad, no entendía del amor más que la sensación primigenia de las ganas de estar cerca de "él" todo el tiempo, de hacer comentarios que lo hicieran reír, de que me viera como algo más que una gringuita demasiado alta que todavía usaba ropa de nena aunque ya parecía una mujer.
¿Cómo no iba a empatizar de inmediato con esa noción del amor que Austen describía en "Orgullo y Prejuicio"? Una atracción que pasaba por el cuerpo y por la mente y que no llegaba a expresarse en el arrebato, aunque todo el tiempo la química entre los personajes hiciera pensar en la inminencia de un beso (que jamás llegaba). Un espíritu hablando al otro, las palabras entre líneas, el lenguaje corporal que se adivinaba detrás. Fantaseé y soñé con ese libro durante años. Y me pasó como a muchas otras desde hace siglos: me enamoré perdidamente de Darcy.

Todos mis "ellos" tuvieron cosas en común que eran notables a simple vista, pero más significativo aún fue lo que nadie notó, excepto yo: todos tenían algo de Darcy. Del primero al último.
El último fue como llegar a casa en un día lluvioso de invierno.

Escena de la lluvia
"Desde el momento en que lo conocí, su arrogancia y presunción y su desdén egoísta por los sentimientos de los demás me hicieron darme cuenta de que es el último hombre con el cual me casaría"

Escena final
"Debes saber... seguro debes saber que lo hice todo por tí"


So long, Mr. Darcy.

jueves, julio 16, 2009

Ejercicio de autoconciencia / Jueves

No voy a aprender a manejar mi frustración si me empeño en mirar mis logros o mis omisiones a través de las lupas de otros. Mi lupa es suficientemente potente como para amargarme el día. La neurosis va para los dos lados, el del "debe" y el del "haber". No hice tanto como habría querido, hice más que mucha gente pero aún así...
Obviamente que si sigo acobardada por mi percepción de otras personas que a mi edad ya tenían o iban encaminadas a conseguir algo parecido a lo que yo aspiro para mí misma, nunca voy a despegar.Y si despego y nadie se da cuenta, es igual a haberme quedado quieta.

Mi mayor problema (lo descubrí gracias a vos, sí... a vos) no es la poca certeza de lo que debe hacerse o cómo, sino la inminencia, siempre postergada o empujada al futuro, del punto de partida.

Cuándo, cuándo, cuándo. No qué, no cómo. Cuándo.

martes, julio 14, 2009

Everybody loves Samanta


No es ningún secreto que uno de los libros que me iluminaron la vida en 2008 fue "El núcleo del disturbio", de Samanta Schweblin. Una de esas personas que una no puede siquiera intuir a través de sus cuentos y que en un par de páginas (más o menos) es capaz de hacerte pensar, viajar, imaginar, creer, disfrutar.
Una de las cosas que más me fastidiaban hace un tiempo era esa pátina autorreferencial, muy "nuevocineargentino", que impregnaba casi a toda la narrativa que había caído en mis manos en los últimos cinco o seis años. Y no me refiero sólo a la narrativa argentina. (De todos modos dejé el fastidio de lado hace rato, junto con mi culpa lectora: si no me gusta, simplemente lo abandono... pero esa es otra historia). Schweblin hace que toda traza de autor desaparezca de su ficción, como quien crea un mundo en una habitación cerrada y te deja allí, solo, espectador imposibilitado de escapar de la trama. Es la propia historia la que te suelta, la que te expulsa. Dejarla, al menos a mí, se me hacía imposible.

Devoré el libro de un solo tirón, en una tarde. Creo que me llevó una hora. Lo leí más lentamente en los días sucesivos, imponiéndome un límite de dos cuentos diarios y nada más. Cada tanto vuelvo a abrirlo y a quedarme absorta con "Adaliana", "Matar a un perro" o "Agujeros Negros". Me conmueve de un modo que no puedo explicar con certeza la historia casi cinematográfica de "El momento". Las historias que cuenta Samanta son viscerales, visuales, fantásticas. Coquetean con el horror, con lo que no se dice ni se muestra, y también con las locuras más explícitas como si formaran parte de un acervo cotidiano. Los personajes tienen, la mayoría de las veces, nombres extraños; la mayoría de las veces, son cucos. Antihéroes. Víctimas. Nada es rosa acá, diría Panza.

Su segundo libro, "Pájaros en la boca", también es sobresaliente. Aunque tengo que confesar que "El núcleo del disturbio" tiene uno de los pocos invictos de mi corazón.

Lo más inquietante de todo es que pese a la gran difusión de su trabajo en los últimos tiempos y del reconocimiento de muchos de sus pares (sus dos libros de relatos ganaron, respectivamente, el premio Fondo Nacional de las Artes y Casa de las Américas), "El núcleo del disturbio" todavía se puede conseguir fácilmente en las mesas de saldos de Corrientes o de Florida.

Yo ya compré para regalarle a gente querida. Si les interesa la buena narrativa, revuelvan... que lo encuentran.

Acá les dejo, también, un video donde Samanta Schweblin cuenta una anécdota de infancia., durante la presentación de "Pájaros en la boca", hace un mes en la librería "La boutique del libro", en Palermo (Gracias a PZ que lo linkeó)


lunes, julio 13, 2009

Abrazo de palabras

Alguna vez dije que no me gusta reconocer en mí algunas muletillas que deploro en otras personas.

En los últimos meses, descubrí que a fuerza de convivir con May y Finis se me pegó una de las peores: hablar del sobrinaje. Supongo que es algo que cualquier persona mínimamente emotiva es incapaz de evitar: para las madres directamente es una obligación. A mí se me sale a borbotones en los momentos más inoportunos, esa baba pegajosa de tía exclusivista, posesiva, que se muere por hablar de las cosas que hacen las gordis como si fueran maravillas, absolutas maravillas.

Sé que no son más que otros pequeños proyectos de seres humanos. Pero son tan maravillosas como cualquier otro proyecto de ser humano. Son un milagro.

Lo que me provocan es milagroso.

Podría contar mil cosas sobre la manera en que jugamos, las charlas que tenemos, la forma en que Finis estira una manito para apoyarla en mi antebrazo (siempre en el mismo lugar, siempre de la misma manera) cuando quiere dormir, o la sensibilidad infinita de May que la hace tan permeable a personas y ambientes (como yo cuando era chica).

Pero no voy a decir nada.
Las quiero tanto que intento no dejar rastro de ellas en ninguna parte, como hago con prácticamente todos mis seres más queridos. Ni una foto identificable en Internet, ni un dato sobre el lugar donde viven o sus actividades diarias.

Las quiero tanto, que necesitaba escribir esto... Nomás porque ya van como cinco meses que las cuido casi a diario. Porque hoy se cumple una semana desde la última vez que las abracé, y no veo la hora de volver a tenerlas cerca.

Y con ellas a todos esos seres queridos que extraño, que me muero por abrazar y que los vientos de la vida me quitaron por algún motivo.

Hay días en que estoy hipersensible, como hoy. Escribo para no gritar, y persiguiendo abrazos invisibles, termino abrazada a estas palabras.

Es inevitable.

Cuando el amor desborda, es inevitable.

Contra la incoherencia de ciertas prácticas diarias

Como muchos saben, estoy suscrita a Menéame y por esa vía he llegado a muchos blogs interesantes. Pero pocas veces me toca leer un artículo tan contundente y a la vez tan coherente (que no excluye la autocrítica) como el que me encontré en Dame La Voz. Se titula "Los estúpidos y el catálogo de Ikea".

Me vais a permitir que encarne en el «catálogo de Ikea» todo lo que vienen a ser los folletos publicitarios, triple envoltorio de plástico para las magdalenas, doble precinto de las botellas de agua, flyers, y un largo etcétera de productos de un solo uso con utilidad nula. He escogido al catálogo como cabeza de turco porque es un tocho de papel satinado, a todo color, que yo no he pedido que me envíen y que anuncia un producto en el que el lector sólo estará interesado cuando se mude o reforme su casa, es decir, una o dos veces en la vida.

Por el párrafo anterior ya podéis intuir de qué va el tema. Parece que una magdalena va a estar contaminada de ébola a menos que lleve un plástico individual, otro plástico para el pack de 3 “para llevar” y otro plástico para la bolsa, sumado a un tercer plástico que es la bolsa de la compra. De todos ellos, irónicamente, el único reutilizable es la bolsa de la compra, que la mayoría de la sociedad usamos para tirar la basura. ¿Los otros? Simplemente, forman parte de esa basura. Digo que es irónico porque las administraciones están poniéndose serias para restringir las bolsas del súper, cuando lo que deberían hacer es parar la vorágine de productos de un sólo uso o, sorpresa, de cero usos.


(seguir leyendo)

Más allá de que hay cuestiones que no comparto en lo personal, estoy de acuerdo con la postura crítica asumida por el autor, Carlos Fenollosa. Desde ya, le agradezco haya puesto en palabras los pensamientos que muchos otros estúpidos compartimos (y practicamos) a diario.

Buena semana para todos!

viernes, julio 10, 2009

Locuritas de fin de semana

Vía Facebook, me vengo a enterar de unas cuantas cosas... a saber:

- Ana, exhabitué blogger (y hoy, sumamente ocupada periodista :-) ) me sorprende con la noticia de que Koji Suzuki publicó una novela de horror llamada "Drop"... en papel higiénico!! Y leyendo en otros blogs, amplío la info: se trata de una novela corta, de 2000 palabras y es una historia de terror psicológico que transcurre, como no podía ser de otra manera, en un pequeño baño japonés. La historia se repite 88 veces por rollo, por si te quedás con ganas de leerla o bien, si querés guardarte un tramito del papel de recuerdo... y ya está batiendo records de venta en Japón.


- Milo publicó el trailer, esperadísimo para mí, de "Where the wild things are". Encima, la música que eligieron es la de Arcade Fire (una de mis bandas preferidas de los últimos tiempos). Voilá.

- Volvió Mamá Lucchetti, para alegría de mis sobrinas, de Fodor y mía.

- GuilleX, de Sunchales, me recuerda que lo bizarro nunca muere. Había visto este video hace como un año. Me matan las caritas de Samwell y la sutileza de la letra (bah, de todo. Ojo, que es "fete", enserio).

Buen (resto del) fin de semana para todos.

(No se malacostumbren: a menos que haya votación masiva de posteo diario, esta regularidad raramente volverá a repetirse :-P)

Ch-ch-ch-ch-changes...

Parece mentira, pero este blog va a cumplir cuatro años en breve y todavía no me pongo de acuerdo conmigo misma sobre qué hacer de él. Nunca me decido a cambiar el template, cuando toco los gadgets hago cagada y siempre me olvido de ir actualizando los links de blogs amigos. Nunca le doy bola a las estadísticas (tengo un statcounter que de ni mirarlo me olvidé el password...) ni a la cantidad de seguidores.

Lo que menos entiendo es que todavía haya gente que siga viniendo a ponerle onda y premiarlo dos por tres, y es en honor de esos poquísimos elegidos que me decidí a poner la primera encuesta (la primera en cuatro fuckin' años!), así me ayudan a pensar qué hacer con este espacio ecléctico y por sobre todas las cosas, adorable (!)

Tienen tiempo hasta casifindemes para votar. Y aunque no sé qué va a salir de todo esto y también tengo mucho cagazo, asumo desde ya el compromiso de apegarme a la opinión generalizada.

Además, me tomé el trabajito de empezar una wishlist de cumpleaños (no esperen coherencia ni consideración, es la primera wishlist de mi vida y estoy absolutamente entregada a pedir lo que se me cante) para que vayan pensando en el gran ágape del año entrante, hagan mérito y reciban la correspondiente invitación al megaevento que ya estoy planificando para mis tres décadas.

Live long and prosper.




jueves, julio 09, 2009

9 de julio

Hace dos años nevaba. Podría volver a nevar, así celebro junto a él los dos años que pasaron desde que lo esperaba, bajo la nieve, escuchándolo por el celular mientras los copos me mojaban el buzo y la remera debajo (todo el abrigo que tenía disponible en ese día). Llegó unos días después y se perdió la nieve, pobre.

Hoy salimos a pasear. Dos horas. Caminamos hasta la Plaza, entramos y salimos de varios lugares. Comimos temprano, hubo cama, lecturas, música (todavía hay). Todo para el vago de feriado...

El domingo pasado quise postear algo que me había quedado hermoso y al final lo borré de puro torpe. Básicamente, recomendaba que le pegaran una miradita a esta película (muy loca) y comentaba que desde que tenemos el ampli en casa retomé las prácticas abandonadas de canto.

Canto todos los días. Toco bastante menos de lo que canto, las manos hechas cuero de tanto lavado de manos y cuerdas .11. Pero la garganta va queriendo recuperar el tiempo perdido y un registro de mezzo que supe cultivar cuando era coreuta.

Mi objetivo para fin de año es encontrar un violinista que nos haga la segunda y reversionar esto:




Ténganme fe.

domingo, junio 21, 2009

Paloma

La fascinación por la inteligencia es algo fascinante. Para mí no es un valor en sí. Gente inteligente la hay a patadas. Hay muchos cretinos, pero también hay muchos cerebros muy capaces. Voy a decir una banalidad, pero la inteligencia en sí no tiene ningún valor ni ningún interés. Personas inteligentísimas consagraron su vida a la cuestión del sexo de los ángeles, por ejemplo. Pero muchos hombres inteligentes tienen una especie de virus: consideran la inteligencia como un fin. Sólo tienen una idea en la cabeza: ser inteligentes, lo cual es muy estúpido. Y cuando la inteligencia se toma por un objetivo, funciona de manera extraña: la prueba de que existe no reside en el ingenio y la sencillez de sus frutos, sino en la oscuridad de su expresión.

(extractado del capítulo Idea profunda nº 11)

En estos días no estoy posteando mucho en general. Ando bastante tiempo en Twitter por comodidad (es lo único que puedo tener abierto mientras trabajo además del GReader) y cuando termino mis jornadas laborales combinadas a veces sólo tengo resto para poner la casa en orden y leer un poco.
Por suerte, en estos días abundan las buenas lecturas. Finalmente nos compramos "El jugador", de F. Dostoievsky, y es mi libro de ruta en los momentos de tránsito entre mi casa y las ocupaciones diarias. Estuve leyendo a Coetzee, y también a Muriel Barbery, una escritora que ya se apuntó un poroto conmigo. Su novela, "La elegancia del erizo" (Seix Barral, junio 2009) es best seller en Francia y se prepara una versión cinematográfica que me da mucha curiosidad; espero que no demore tanto como la adaptación de "La escafandra y la mariposa".

Al libro de Barbery corresponde la cita que abre el post. Leída así, aislada, puede parecer una verdad de perogrullo (el roommie no perdona); sin embargo, situada en el contexto, resulta de un interés y una actualidad pasmosas. La reflexión corresponde a uno de los dos personajes centrales del libro, una niña de 12 años llamada Paloma, hija menor de una familia adinerada en la que la inteligencia es un valor supremo y que se ha pasado prácticamente toda la vida ocultando el hecho de que es superdotada. Ha decidido suicidarse cuando cumpla 13 años, y en el ínterin se ocupa de escribir sus impresiones personales en una especie de bitácora de ensayo bajo dos etiquetas: "Ideas profundas" y "Diario del movimiento del mundo".

Lo que escribe Paloma puede que sea banal, pero ¿cuántas veces los adultos se cruzan con esas banalidades sin prestarles atención? Al minuto de leer el párrafo se me vinieron a la cabeza un sinfín de ejemplos prácticos . El culto a la inteligencia por lo que la inteligencia representa (una mera cuestión de status, una falacia narcisista que le da a su portador la impunidad de burlarse de un prójimo al que prejuzga) está bastante extendido en los círculos donde me muevo desde que era muy chica. Me apena, porque cuanto más inteligente es la persona que conozco, habitualmente más se atormenta con naderías, más obligada se siente a demostrar su inteligencia, más se acompleja frente a la capacidad ajena, más se cierra su cabeza en conceptos estáticos, cuando lo que debería hacer es justamente mostrarse abierta e inquieta.

Para mí, igual que para Paloma, la inteligencia que no sirve para apreciar la belleza de las cosas más simples, o que es una causa de angustias y frustraciones para quien la porta, es tan inútil como aquella inteligencia que predicando inconformismo, se conforma en sus compartimientos estancos volviéndose "oscura en su expresión". No se comparte, por ende no sirve; no es útil, no cambia el mundo. Los grandes genios han sido, todos ellos e incluso a su pesar, generosos: la belleza de sus creaciones y sus aportes, por indescifrables que parezcan (yo no me voy a fijar tanto en la poética de la teoría de la relatividad o del signo lingüístico como en las emociones y el impulso creativo que me generan la música, la pintura o la narrativa) han cambiado la vida de cientos de millones de personas a lo largo de los tiempos.
Pretender guardarse para uno mismo esa comprensión, ese goce, es desvirtuar la finalidad misma del arte y la cultura. Pretender que ese goce no está (o no debería estar) al alcance de todos, o que sólo las mentes mejor preparadas pueden apreciarlo, es una afirmación propia de personas poco inteligentes. La inteligencia que se basa en una autocomplacencia contemplativa, esa que detentan los supuestos torturados e incomprendidos, no me sirve. Es como haberte comprado la edición más hermosa de un libro o película que te gusta para dejarla en el envoltorio y jamás usarla o leerla. Inteligencia de memorabilia, como objeto de culto, es como tener comida de adorno. Pasar hambre para que todos puedan ver que tenés algo que comer y que es más importante para vos como objeto de deseo que como alimento, es una de las peores incoherencias de las que es capaz el ser humano.

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Pasando la hoja, ¡marchen todos a ver Up! Yo no veo la hora de volver a verla.



martes, junio 09, 2009

Espacio de autobombo y difusión cultural


Amigos de este blog aletargado, mas no muerto. Dos avisos.

Primero: El estimadísimo Unser me ha hecho inmerecida (y por descarte) acreedora de un premio que comparto con gente más valiosa y posteadora, sin dudas. Pa que vean. El Premio Dardo (Best Blog Darts Thinker), que valora la creatividad de los autores y consiste en un reconocimiento "por transmitir cada día valores culturales, éticos, literarios, personales...", etc. Aceptarlo implica cumplir estas normas:


  1. Publicar el reglamento y el logo del premio.
  2. Enlazar al sitio que nos lo haya obsequiado.
  3. Premiar a otros 15 que según nuestro criterio se lo merezcan.
(si, copypasteé del blog del Unser. cuál é?)

Mis nominados son los quince primeros que lean este post y se adueñen del premio. Sé que mis lectores son pocos, pero todos dignos de cualquier premio que yo podría darles (sea inventado o heredado).

Segundo, y no menos importante: El amigo Paco, a.k.a. Paquette, nos invita a todos muy amablemente a un espectáculo del que puedo dar fe de su calidad artística y humorística: "Cronopio: Ser feliz".


Los veo allá, si se animan. El que menciona este post, me paga una cerveza. Me la merezco por trabajadora y buena niña.
AVISO DE ERRATA: La dirección del volante está mal, eh. Así que agenden la posta: Agüero 489, Abasto.

Saludos a todos y avanti popolo, que falta poco para las elecciones. ¿Cómo, todavía no saben a quién votan? Vamos, gente, media pila.

domingo, mayo 24, 2009

Darte cuenta...

... de que por alguna razón tus amigos dejaron de llamarte, y que cuando los hablás por teléfono el trato es distinto, es un golpe que siempre duele. 

No importa cuántos te hayan decepcionado antes, siempre es horrible darte cuenta que puede pasar. Una y otra y otra vez.

Y no sé qué es peor. Si darte cuenta de que hace mucho tiempo no tenés noticia de ellos por ningún lado (aunque los extrañás y se los hacés saber), o empezar a sospechar el motivo de esas ausencias, de ese destrato. 
Quizá ni ellos se dan cuenta que el trato empezó a cambiar mucho antes y que te diste cuenta, pero como una idiota pensaste que era culpa tuya, y te dedicaste a tratar de revertir lo que podría haber hecho que te ignoren o que te excluyan de las conversaciones. 

Será momento entonces, de dejar de ser abandónica cortés (de esas que nunca pueden, pero al menos agradecen que la tengan en cuenta, manda un mail por los cumpleaños o llama cada tanto para que se enteren de que le interesa mantener el contacto) y empezar a ser una de esas quemanaves compulsivas, cambiando de grupo como de calzones sin el más mínimo sentido de la lealtad.

Cada vez son menos los amigos y cada vez es más difícil el desprendimiento. Porque una vez que estás en mi vida de algún modo, no te saco. No me sale excluír, sino incluír. Aunque a veces siento que no doy abasto para devolver llamados o atenciones, trato de no fallar. Y siempre cuentan conmigo en los momentos donde todo falla. 

Porque yo cambié muchas cosas, pero esos detalles esenciales siguen estando.
Será que ya no soy soltera, será que mis payasadas ya no son las que eran, será que soy menos divertida ahora que cuando me ponía en pedo y me curtía todo lo que se movía. No sé. Me habré vuelto aburrida de golpe, prescindible. Habré dicho algo que no gustó. 

Sinceramente, ya no sé qué pensar. Y no quiero cansarme de pensar, porque el día que decida que no me importa nada, habré perdido otra vez.

viernes, mayo 01, 2009

Reflexiones que no vienen a cuento de nada.

Mientras juntaba y doblaba la última tanda de ropa limpia, hundiendo la nariz en el perfume a jabón y a aire fresco (que no es ni siquiera parecido al de la ropa oreada en la terraza de mi casa paterna, lamentablemente), me vino a la cabeza algo que puse en Twitter el otro día, hace unos cuantos días más bien.

Como individuos, experimentamos a medida que vamos viviendo y asomándonos al mundo (a la gente y al entramado social, más bien, que conforman ese mundo) diferentes sensaciones, sentimientos, emociones. A medida que las conocemos y les ponemos nombre, nos habituamos a ellas. Las desambiguamos por repetición, las asimilamos por costumbre. Siempre hay una rutina de emociones a la que estamos más o menos expuestos por una cuestión de carácter, o de educación, o de tendencia.

Pero seguramente más de una vez nos topamos con emociones y sensaciones nuevas o algo así. Tal vez nunca fueron experimentadas antes, quizá evoquen lejanamente a alguna otra que se les parece. Por poner un ejemplo clásico: el primer orgasmo de una mujer. Es algo que difícilmente se olvida, porque llega en un momento en que, mal que bien, hemos clasificado la mayor parte de la gama general de emociones y sensaciones que vamos a experimentar por el resto de nuestra vida: amor, odio, alegría, tristeza, decepción, angustia, impaciencia. O sea que la autoconciencia y el mecanismo identificatorio están a pleno buscando lo nuevo. El descubrimiento de lo nuevo es fundacional cuando somos niños, pero como adultos puede significar un momento precioso.

También pasa (bueno, en realidad a mí me pasa: no sé a ustedes) que un día te encontrás en medio de una conversación donde la gente habla de una sensación en común y vos sentís que sos sapo de otro pozo. Como si vinieran a discutir sobre el libro de Paluch o sobre física cuántica. Sapo de otro pozo de una emoción colectiva. A mí me pasa cuando alguien trata de transmitirme la emoción de un hincha de fútbol yendo a una cancha: yo podría perfectamente ir a una cancha y no sentir absolutamente nada, creo que vine sin ese chip. 
Pero me refiero a emociones bastante comunes, que corresponden a la mayoría de la población y que es bastante raro que una argentina adulta viviendo en esta metrópolis, hiperconectada e hiperinformada, no haya tenido todavía.

Todo este matete lleva a la conclusión de que, al día de la fecha, creo que nunca experimenté estos sentimientos -que considero- negativos:

- Odio. Si bien soy una persona a la que se podría calificar de emocional in extremis, nunca estuve de este lado del espectro. Sí he amado apasionadamente. Pero de alguna manera percibo al odio como una fuerza tan destructiva que algo me detiene justo antes de llegar a un punto de enrosque que me ponga en esa vereda. Me considero por demás sensible / perceptiva (algunas experiencias las volqué aquí) y absorbo demasiada vibra negativa por día como para desear que el estado de veneno se vuelva permanente.  
- Envidia: ídem odio. 
- Aburrimiento: No entiendo esta sensación. A ver si consigo explicarme. Alguna vez fui muy chica e inquieta. No este ente contemplativo y medio metafísico que a veces se cuela en el Extraño Mundo, sino una nena verdaderamente inquieta. De esas que hacen cagadas como treparse a cinco sillas superpuestas con tal de alcanzar un antojo momentáneo de inmediato. De esas que se tiran a una poza sin saber si van a dar pie. De las que no tenían problema en caminar distancias imposibles si al final del camino iba a estar la recompensa (una aventura, claro: a esa edad todo es aventura). Ayudó mucho que mis viejos me dieran mucha libertad para canalizar mis inquietudes; o tal vez esta tendencia a la dispersión de mi adultez sea hija de una faceta multitasking muy prematura. 
Pero no conozco el aburrimiento porque desde que tengo memoria me recuerdo haciendo algo.
Aún cuando parecía que estaba inmóvil, con la vista en el vacío, mi cabeza estaba llena de pensamientos y recuerdos que me costaba mucho clasificar y ordenar. Mis cefaleas empezaron en esa etapa, la primera infancia, y al día de hoy no me pongo de acuerdo: ¿eran causa o consecuencia de esa ebullición? Ya crecidita, sigo teniéndolas aunque los pensamientos están un poquito más ordenados. 
Aparte, todo me apasiona. Todo. Las pequeñas cosas de la vida diaria me encantan. Si bien no me caracerizo por mi practicidad (soy de las que van a lo difícil, según el compañero de depto), la rutina de mi casa me resulta tan apasionante como un viaje, aunque en distinta escala. Si tengo que hacer algo, trato de que me guste. No podría hacerlo si no me gusta. Soy una disfrutadora, una hedonista. De a poco fui excluyendo todo lo que me desagrada o transmutándolo en cosas que me dan más placer. Esto no quiere decir que me apasione sentarme a hacer encuestas telefónicas cuatro horas al día, o que no reniegue despegando la grasa de la cocina. Pero me gusta la mecanicidad de los ritos, y sobre todo siento que en el alma de esos ritos está el orden de mis pensamientos (que van desde el último libro que estoy leyendo hasta alguna evocación del pasado. Como por ejemplo, jugar a recordar cómo olía exactamente el hospital donde estaba internado mi abuelo paterno, o el ruido de la hamaca donde me senté durante dos horas a hacer el duelo de su muerte).
Aburrimiento me suena a pérdida de tiempo. "Pérdida de tiempo" es una frase tabú en la casa donde me crié. Al pedo, pero levantate temprano. Al pedo, pero hacé algo. Y si estás quieta y al pedo, disfrutá de la quietud y el alpedismo. En consecuencia, nunca me aburro.

Sí he experimentado otros sentimientos negativos. Y con mucha virulencia... Supongo que es eso lo que anula en mí la posibilidad de llegar a tener estos otros. La potencialidad del daño me asusta. 
Tiendo a percibirme como una persona feliz y ocupada. 

Corolario: Feliz día a todos los trabajadores: a aquellos que nunca se cansan de lo que hacen, a los que lo disfrutan, a los que lo sufren pero disfrutan de la recompensa, a los que no saben por qué, pero trabajan. A los que buscan sin dejar de hacerse útiles, a los que siempre están dispuestos a ayudar a otro aunque estén tapados de obligaciones. A mis mayores. A mis menores aprendiendo el valor del trabajo. Feliz día porque sí. Porque así me salen los posts, todos mezclados como mis emociones, como mis pensamientos, como mis reflexiones a cuento de nada.

martes, abril 28, 2009

Cuando una amante muere

Pasó hace once años. Me regalaron un libro con una dedicatoria que hoy yace pegoteada entre dos hojas porque no quise volver a leerla. Oculté con ese gesto la letra dolorida del primer amor, del primer muchacho-hombre al que le rompí el corazón. Con un dolor que no querría haber sentido nunca, le dije "no te quiero" y, un poco, lo maté. Un poco, me morí. Porque sí lo quería; en realidad, recién había empezado a olvidarlo y la culpa la tuvo el otro amor, el que yo creía único, el definitivo. Que llegó tan de golpe que hizo que quisiera deshacerme en caliente de los primeros besos, aunque los extrañara un tiempo después. Que me hizo distinta, más yo y menos aquella que quería conformar a todo el mundo. El Amor, le llamé, con mayúsculas. El que se sentía como deben sentirse las épicas de la primera juventud.

El mismo amor que seis años después de eso me rompió el corazón, pero en serio. En mil pedazos. El mismo que con una sola frase me quitó de un solo golpe todo el aire del pecho. El que me llenó la cara de tristeza, de ojeras, de noches ásperas, y el pecho de una sensación de estrangulamiento permanente. Entonces, casi sin querer, en la mudanza con la que lo dejaba atrás para siempre (al segundo, al Amor con mayúsculas, al que me fracturó para siempre), reapareció ese libro. Recordé el poema, el último, el que más me había gustado y que me parecía tan triste. Las dos palabras:

YA
NO

Y el nombre de la autora, un nombre poderoso. Como su historia.
Porque aunque sólo conocí esa historia algunos años después, en el momento de releer el poema, con lágrimas en los ojos, la columna doblada de dolor y el pecho cerrado de angustia, yo era igual que Idea extrañando a Juan, jurándole su herida de amor para siempre.
¿Qué pasará con este amor cuando muera? habrá pensado, como pensé. ¿Alguien lo recordará? ¿Entenderán qué significó para mí? ¿Morirá conmigo?
Idea, con su vida y con su obra, eternizó su amor para siempre. No es un sentimiento extemporáneo con olor a nafalina. Es el mapa de sus emociones, grabado para siempre en el papel y en la memoria.

Por eso, llegué a casa y escribí este post.

Gracias por lo que perdura, Idea.
Gracias por Idea, que perdura.

lunes, abril 20, 2009

Sueño con tornados

Me encantan los tornados. Me fascinan. Me asustan, me llenan de vértigo y adrenalina.
A menudo sueño con tornados gigantes que se arman a pocos kilómetros del lugar donde estoy. Escucho el aullido del viento. Los veo formarse y crecer, cambiar su curso. Huelo a azufre y a polvo. Pienso "es imposible" y aún así estoy clavada al piso sin poder correr, maravillada. El corazón me va a explotar de tanto latir, lo siento en el ardor de la garganta. Corro a un lugar seguro, llego justo a tiempo y nunca me alcanzan.

Hasta hace un par de días.

El último sueño que tuve con tornados terminó con uno de ellos alcanzándome. Creo que nunca había soñado uno tan inmenso. Lo último que recuerdo es la fuerza con la que el viento me levantó del suelo y que quedé ciega instantáneamente por un chispazo de luz blanca casi al mismo tiempo en que sentía un "crac" en el cuello.

Me desperté transpirada, de cara a la ventana. Afuera llovía mansamente.

Hoy, Oli posteó algo sobre tornados y supe que este video tenía que estar, también, en este blog.


domingo, abril 19, 2009

Contra la desesperanza

(inspirada por este post de Jerome en Un Dios Danzante)

Hace algunos años me hablaron de la abulia de mi generación: Los de entre 20 y 30, años más, años menos. Hablamos de la ausencia del pensamiento crítico. Del hacer sin saber para qué, sólo porque podemos. De la obligación que te da ser portador de un talento específico y el lugar en que esa responsabilidad te pone (o te debería poner). De la angustia, otra vez, de no saber para qué. ¿Para conseguir fama, fortuna, status, reconocimiento de pares? ¿Para conformar a los que nos rodean a costa de nuestra propia inclinación abúlica?
Hablamos de cómo el factor "para mí mismo" nunca es suficiente. El factor "para otro" es motivo de risa. Pobre infeliz, ¿creés que tu sonrisa y tu buen trato van a salvar al mundo? ¿Que tu entusiasmo va a contagiar a tus compañeros de trabajo? ¿Que tu buen humor no llenará de envidia a todo aquel que no se permite una sonrisa hasta tanto no haya un buen motivo para sonreír? Como si no hubiera cientos de motivos a diario...
Pasaron cuatro o cinco años desde aquella primera conversación, y pasaron muchos más desde que descubrí que lo que yo creía normal no lo era tanto. A algunas criaturas se le acaba la inocencia a una edad muy temprana, y a gran parte de los adolescentes cuando se asoman al mundo tal como es. Tuve la suerte de ser de esas criaturas con la curiosa capacidad de conservar la inocencia y la autoconciencia al mismo tiempo. Seguí creyendo en magia y posibilidades de vuelo mientras caían en mis manos los primeros escritos racionalistas, filosóficos y nihilistas de la biblioteca de mis mayores y de la biblioteca pública. Algún punto de neurosis hubo, seguro. La sensación de escisión fue muy fuerte en el momento en que debía serlo, en la adolescencia.
Quizá debería haber elegido otra profesión, otro destino, mejores empleos.
Quizá. Pero todo me ayudó a conocer mejor a la gente. Incluso las pésimas experiencias. Y me ayudó a no ser indulgente conmigo misma: cada error fue mío, cada tropiezo me lastimó. Al mismo tiempo, me descubrí capaz de caminar con algún hueso roto, de aguantar varios días sin comer, de dar un poco más de mí cuando creía que ya no había nada más para dar.
La adultez me está trayendo un poco más de templanza, pero mi impaciencia ante la debilidad ajena sigue intacta. Puedo perdonar un momento de descanso en el camino, pero no el eterno flotar a favor de la corriente: alguna vez tendrás que aprender a nadar. La voluntad es un músculo que se ejercita o se pierde. Detrás de la voluntad perdida se va la vida misma.
Hay cansancio, hay hastío y está también la impotencia de quien se sabe incapaz de hacer lo necesario para que el cambio se opere a un nivel que parece inalcanzable.
Nos cansa la mediocridad, el gregarismo de masas acrítico y bienpensante, el wannabismo, el vacío ajeno que nos empuja a unirnos a una desesperanza universal.
Pero obviamente, dolorosamente y necesariamente hay esperanza.
Porque si no seríamos sólo una procesión de muertos yendo a lo inevitable.

Particularmente yo, una de esas acosadas por la muerte (le gusta andar pegada a mis talones, susurrando en mi oído palabras de tentación), prefiero sacarle la lengua por encima del hombro y correr hacia ella con los brazos abiertos, pero más adelante. En otro tiempo. Cuando me haya cansado de asombrarme, de gozar todo lo disponible, de quedarme seca de tanto dar, de reír hasta que se me descoyunte la mandíbula, de bailar hasta que no quede un hueso sano, de gritar y de pelearme con todo.
Pelearé para que cada muerto sea un otro significante, venga de donde venga. No voy a agobiarme de agobios ajenos. Quiero seguir haciendo escuela de pequeñas interpretaciones propias, por imbéciles que suenen, por más que parezcan formuladas contra un canon.
Quiero conformarme inconformistamente, como hasta ahora.

Por eso, ante todo y en consecuencia con el modo de vida que elegí llevar hace algunos años, este blog se pronuncia hoy oficial e ineludiblemente a favor de la esperanza y de la gente despierta. O que desea despertar.

Nada tiene más fuerza que un deseo formulado con el corazón y hacia el Corazón del Mundo.



viernes, abril 17, 2009

Abandono

... Parece, pero no es.
Increíblemente tengo mucho en borrador y nada para largar. La vida me (nos) despeina...

Gracias por el apoyo de siempre :-)

YAPA: Por si no lo vieron (ya que está por todos lados desde ayer), véanse este videito de Youtube y emociónense hasta las lágrimas con Susan Boyle.

lunes, abril 06, 2009

Descubrimientos sobre mí misma

Hace una semana exacta, se cortó la luz en casa. Por casi una hora y con la comida a media marcha ya en el horno, prendimos las dos últimas velas y nos tiramos boca arriba en la cama a conversar sobre música.
Los dos somos autodidactas, pero él ha sido muchísimo más dedicado que yo y tiene horas de práctica encima. Incluso ha tocado en bandas, cosa que yo no hice jamás (a menos que cuenten algunos cerámenes musicales de mi adolescencia, con formaciones caóticas que duraban lo que un pedo en una canasta). Prefiero rasguear, inventar acordes y escalas de los que no sé el nombre ni la progresión. No se me da el punteo, ni el solfeo, ni nada. Soy puro instinto, y además siempre abrevio por el camino más corto: si requiere práctica, ni lo intento. ¿Con qué tiempo?
Él insiste, casi desde que nos conocemos, en que si hubiera vencido esa pereza atávica podría haber llegado a ser muy buena música. Para probarle que está equivocado, empiezo a intentar algunos ejercicios básicos de velocidad y coordinación: secciones breves de piecitas clásicas que se usan para ganar agilidad y familiarizarse con los trastes, todo eso.
Saco dos piezas en dos minutos, tirada boca arriba en la cama, sin mirar dónde pongo los dedos. Por puro instinto. Otra vez, el que tiene la razón es él; pero en vez de enojarme, me alegro.
Nunca se es lo suficientemente grande para descubrir cosas sobre uno mismo.
Cenamos a la luz de una vela casi consumida y siento el corazón muy cálido, lleno de propósitos.
Tengo tantas ganas de cumplirlos...

Nothing brings me down
(Emiliana Torrini)
Home alone and happy
Nothing brings me down
Full of wine and steady
Nothing brings me down
What's left of the rain runs down my roof
Nothing brings me down
The night is lush the air is still
Nothing brings me down
Dum dum dum dum dum dum
The windows are open, the flies are in
Nothing brings me down
The phones are off the music's on
Nothing brings me down
Dum dum dum dum dum dum
Home alone and happy
Nothing brings me down
My love for you is ready
Nothing brings me down
My love for you is ready

miércoles, abril 01, 2009

Los lugares vacíos

Anoche llamó papá. Tenía esa voz alegre que detrás es pura ansiedad contenida: una marca de familia para las angustias indefinidas, esas que no podemos verbalizar o determinar. Necesitaba que le hiciera "un favor en la compu" y mientras tanto, como quien no quiere la cosa, me dijo "se murió Alfonsín". Hablamos un ratito del tema. Estaba emocionado, no sé si por este suceso en sí o por las fechas, o por esas angustias que nunca cuenta pero que tampoco exorciza del todo.

Nada más cortar, me vino a la mente una imagen de papá hace casi veintiseis años, cuando yo pisaba los tres y Alfonsín acababa de ganar las elecciones nacionales. Él, afiliado radical desde que puedo recordar y antes también, se había prestado (con todo el tiempo del que disponía siendo padre de tres hijos y laburante a destajo) a ayudar en el comité de nuestra ciudad. Como era (y es) un tipo macanudo, que da hasta cuando no tiene, puso auto, nafta, plata y parte de su herencia a favor de una campaña en la que creía y que lo entusiasmaba muchísimo. Me acuerdo que el 3CV en el que mi mamá re-aprendió a manejar había una calcomanía que, leída del revés, decía "SELACIDAR ETNALEDA". Se me quedó grabada de tanto mirarla: blanca y negra y roja en letras de imprenta grandes.

Atrás habían quedado los años de sobresaltos y paranoia de mi Tiatá, que escuchaba en Radio Colonia las noticias de Malvinas y que a veces decía que convenía hablar en voz baja "por si nos estaban grabando". Gracias a ella yo fantaseaba con que había micrófonos en las patas de las camas, bajo los muebles y hasta en las canillas de la cocina, pero ingenuota como era, me arrimaba al lugar sospechoso para cantar alguna canción. Atrás habían quedado los primeros pasos de mis hermanos, la varicela que nos tumbó a los tres y la epidemia de ratas que nos siguió hasta la casa nueva.

Tengo memorias de la época de la híper, cuando papá y mamá apenas ganaban para comer y él empezaba a tener problemas de espalda (que eventualmente lo dejarían sin trabajo), pero nunca le flaqueó el bolsillo para dar en la colecta de Cáritas o para comprar un sachet de leche de más para los pobres que golpeaban a nuestra puerta. Jamás lo escuchamos quejarse o hablar de política, pero se lo notaba caído y amargado con los traspiés de ese gobierno en el que había puesto tantas esperanzas.

Más allá de los acuerdos y desacuerdos que con la perspectiva de los años fui teniendo con Alfonsín y su gobierno, estoy convencida de que hoy se fue un gran hombre. Uno de esos que dejan un espacio irremisiblemente vacío, sin sucesores ni recambios. Uno de esos que hicieron historia, primero desde un perfil moderado a bajo y luego desde el lugar de responsabilidad que le tocó cubrir.
Les recomiendo que pasen por lo de Unser, si no lo hicieron ya, y lean el magnífico post que escribió sobre Raúl Alfonsín. Creo que todo lo importante está allí.

Y mañana será otro día.

viernes, marzo 27, 2009

Perder

En las novelas, en las películas y en la vida hay un punto de inflexión para el o los personajes principales. Hasta ayer, estuve leyendo "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson (setecientas y pico de páginas que me devoré en cuatro días): uno de los personajes principales se refiere al punto de inflexión de su vida como Todo Lo Malo. Y allí se acaba la referencia. No necesita recordar exactamente lo que pasó. El lector se muere por saberlo, pero al personaje sólo le basta convocar la imagen de Todo Lo Malo para enseguida exorcizarlo.
En la vida misma (nuestra vida), los personajes somos nosotros. Y llegado ese punto de inflexión, todos nos miramos desde afuera. Como si fuéramos asistentes a una película ajena, nos posicionamos en un plano externo y nos vemos en tercera persona y en primera al mismo tiempo.
La sensación es de película. A veces la película es una de terror. O la novela, uno de esos dramones insoportables que de tan patéticos darían risa a un lector más objetivo.

El punto de inflexión casi siempre implica pérdida.

A mí me tocó perder desde muy chica, pero mi punto de inflexión fue hace diez años. Si hubiera que ponerle una fecha, sería la de hoy. Diez años atrás.

Cuando mi vida empezó a cambiar de golpe, yo estaba con Florencia en el Musimundo de 47 entre 7 y 8 de La Plata. No me enteré enseguida, sino una hora y media, dos horas después. Tere llamó al único celular del grupo con el que yo estaba reunida. Llovía a cántaros, con esa lluvia que se abate sobre La Plata como una cortina espesa. Esas lluvias que deben llover en el Amazonas o en la isla de Yakushima. Una lluvia que habría adorado, si no hubiera llegado en un momento de inquietud y desesperación.

Emi manejó durante quince minutos sin decirme nada, aunque él ya sabía la noticia que me esperaba al llegar a mi casa. Antes de abrir la puerta, yo ya sabía. Cuando Tere empezó a hablar, completé la frase en mi cabeza. Había empezado a perder, y en ese momento sólo me costó un puñado de lágrimas. Pagué después con muchas más lágrimas, duelos incompletos y una sensación casi paranoica de profecía autocumplida en ciernes.

Un año después, ya me había devorado por completo la sensación de que todo estaba en ruinas. Los cimientos, carcomidos; lo que creía seguro, perdido. La vida y la muerte aceleraron sus ciclos. Mis vivos pasaron a ser mis enfermos, y luego mis muertos. En el medio, una película (y su leitmotiv, "le temps détruit tout") me llenó de angustia: ¿cuánto perdí en todo ese tiempo que me quitaron?
Después, nada importó. Me quedó una canción para hacerme llorar, incluso hoy. La escuchábamos todo el tiempo, cuando estábamos en medio de Todo Lo Malo.



Pero todo pasa. Y hoy estoy bien.
Estoy bien. Como un vidrio roto, compuesto pero agrietado. Y es mejor.
Porque a lo malo, como a lo bueno, conviene jamás olvidarlo.

(Para Edgardo, para mi familia, y para todos mis "ellos")

jueves, marzo 19, 2009

Basta de todo

Cuando ando así, con ganas de meterme para adentro de nuevo
pienso
seriamente:

cuánto falta para que todos empecemos a portarnos
como si el otro contara,
como si el otro valiera lo mismo que yo;
ni más ni menos:

lo mismo.

Ellas,
él,
nosotros,
todos.

Si no alzo mi voz y no me oyen, no existo.
Si la alzo y lo que digo no conforma, me anulan.
Mientras tanto, este fuego... este país en llamas
y las manos que trabajan, partiéndose indiferentes sobre arados y salares,
sobre niños enfermos
sobre el horror vacui de la indiferencia selectiva.

Yo, que hace años no rezo,
me inclino y los pienso para que no se olviden
que no me olvido.

domingo, marzo 15, 2009

Dias extraños / 2

En estos días que pasaron entre lluvia y lluvia, pasaron algunas cosas.

Primero que todo: nació Paulina. No la esperábamos hasta mayo, pero llegó. Y mi regalo para ella, hasta que pueda hacerle otro más adecuado, es esta nana con la que me duermo con la esperanza de despertar siempre en un mundo mejor:



Sekai no Yakusoku (The Promise of the World)
La sonrisa que se esconde tras las lágrimas
Es la promesa del mundo desde el principio de los tiempos.

Aún si estás solo, desde el ayer en que eran dos
Hoy es un brillante comienzo
Como el día en que se vieron por primera vez.

No eres simples recuerdos,
viniendo como la brisa a acariciar mi mejilla.

Aún después de partir con la tarde, el sol se filtra entre las hojas
La promesa del mundo nunca muere.

Ahora estás sola, pero el mundo no tiene límites.
Me enseñaste que la gracia se esconde aún en la noche.

No eres simples recuerdos:
Vives en la melodía de los arroyos,
en el color del cielo, en el aroma de las flores.

Aún después de partir con la tarde, el sol se filtra entre las hojas,
y la promesa del mundo nunca muere.

(Traducción de Ojousan y Alec74, porque yo no tengo idea de japonés)

Segundo y menos importante, tuve unos días de furia bastante curiosos que me llevaron a ensañarme (como suele pasar) con la gente que más quiero.

El punto culminante fue el jueves. Me fui de casa sintiéndome aplastada y volví totalmente desconectada del mundo exterior. Directo a la bañera, a llenarla hasta la mitad con agua tibia y espuma con olor a hierbas. El agua salía un poco oscura y por un momento pensé en todas las personas que no tienen siquiera agua corriente.
Me quedé allí un rato largo, devolviéndome a la vida, raspándome con la esponja y con las uñas hasta que me quedó la piel colorada. Necesitaba quitarme de encima ese relente a día perdido, a memoria hecha agujeros. Sentía que los recuerdos se iban escurriendo entre mis dedos y cuando quité el tapón de la bañera, todo se había ido.
Y hoy, aunque no recuerdo cómo era la sensación de aplastamiento ni el motivo que me llevaba a estar furiosa con el mundo, ni el cansancio, ni la tristeza... tengo muy presente que hay mucho para arreglar, después de esa tormenta que sólo pudo aplacar la vuelta a casa.

Sé que me voy a cansar de tanta catarsis en algún momento, pero la necesidad de escribir esto fue más fuerte.

Entre tanto, buena vida para todos y bienvenido sea el otoño, aunque tarde un poco... Este anticipo de domingo fresquito me puso al cien por cien otra vez.

miércoles, marzo 04, 2009

Ah, look at all the lonely people...

Un día de lluvia cualquiera en la Cassiecueva...
(...también conocida como Cassender Heighs)

Milo - Se volvió a aburrir de la gente acaba de iniciar sesión.

Me: qué pasó???
Milo: qué pasó con qué? el aburrimiento de la gente? jeje
Me: esooo
Milo: lo de la gente es lo de siempre, eso me pasa por hacerme el sociable de nuevo
Me:
pero a quién le debo ahora el honor?
Milo: no se qué es lo q nos tiene a todos tan suceptibles al stress ultiamemente
Me: y... digamos que el panorama general no es lo más reconfortante
Milo: no claro, pero tiene que ser algo más
no solo falta de futuro
o será q los jóvenes nos creímos q nunca iba a ser tan terrible y es el primer sopapo que no parece dejar de doler nunca

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Mientras, en mi reproductor suenan (entre otros) estos temas que asocio siempre con la lluvia:

Rain - Theatre des Vampires


Rain - Cowboy Bebop OST


Space Lion - Cowboy Bebop OST


Ice Dance - Danny Elfman (de la OST de Edward Scissorhands)


Comptine D un Autre ete / L appres midi - Yann Tiersen (de la OST de Amélie)


Alwyn Spires - Christopher Young (de la OST de The Shipping News)

Y este otro, que me parece increíble cada vez que lo escucho y que irrumpió en mis oídos a las ocho y media de la mañana, en Las Heras y Pueyrredón, mientras miraba el cielo embobada y agradecida de tanta lluvia...




Parafraseando a Baterflai, ¿Cuáles son sus temas para un día de lluvia, como hoy?