miércoles, febrero 27, 2008

De a poquito...

... Muy de a poquito, voy sacando los ladrillos que puse en esa pared que me aislaba del mundo.

Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para no revoleárselos a todos los que provocan que el muro se caiga.

De a poco voy encontrando la fuerza que creía enterrada y concentrándola en los puños, en la punta de los dedos y la lengua.

¿Alguna vez vieron a un carnero embestir? Yo sí.

Agárrense. Todo llega.

jueves, febrero 07, 2008

Una cierta torpeza para lo práctico

... And now for something completely different...

Por más que quiera, me cuesta horrores estacionar en dos maniobras. Hay días que por alguna extraña alineación planetaria me sale de taquito; no es el caso en la mayor parte del tiempo.

No importa cuánto le dedique ni con qué cuidado me fije cómo se hace: cuando lavo ropa, no queda totalmente bien. O al menos no como a mí me gustaría. Poco a poco voy resignando esa tarea a los lavarropas automáticos.

Soy la más perfecta inútil maquillándome. Los tacos no me quedan bien porque llevo veintipico años caminando en zapatillas o zapatos con suela, sin taco (a lo sumo unas decentes plataformas). Intento usarlos cuatro horas seguidas y termino sintiendo una puntada de agonía desde la pantorrilla hasta la nuca.

No puedo con los juegos de ingenio, los rompecabezas, los desafíos de pensamiento lateral. Mi dispersión natural me obliga a pasar de una cosa a otra rápidamente, e incluso me doy por vencida con las adivinanzas si pensar en la solución me lleva más de uno o dos minutos.

No puedo clavar ni una chinche sin martillarme primero el dedo.

Soy una máquina de anotar datos importantes en papeles sueltos y perderlos.

No mido mi fuerza ni mi gestualidad. He roto más vasos y termos de mate de los que tenga memoria, sin mencionar las puertas despicaportadas y la gente lastimada por mis empujones / pisotones.

Mi vehemencia al expresarme suele espantar a la gente. Pierdo la perspectiva de la persona a quien me dirijo y todo el sentido de la ubicación. No hablemos si a la fórmula se agrega un poco de alcohol.

Soy nula para las matemáticas. Todo lo numérico o sistémico se me escapa. Ni siquiera pude estudiar música, entre otras cosas, por eso.

miércoles, enero 16, 2008

Pequeño manual de inutilidades imprácticas

Quién no tiene al menos una habilidad o un conocimiento "inútil"? Con los que he reunido en mi vida, tengo para una pequeña colección de folletos.

- Dedos prensiles. Puedo levantar a la altura de la cintura, con los dedos de los pies (gracias Gé! qué haría sin vos?), prácticamente cualquier cosa: desde un naipe hasta un balde, pasando por ropa de distinto calibre, libros, llaveros... Todo con tal de no agacharme (esta es una habilidad que cualquiera tiene, pero se pierde al no ejercitarse).

- Conozco casi al dedillo el número de parpadeos de los muñequitos rojos de los semáforos peatonales, según zonas de la Capital.

- Puedo recitar de memoria y habiéndolos copiado a mano una sola vez en mi vida, el soneto póstumo de Alfonsina Storni y el poema "Al filo de la luz"de José Luis Martín Descalzo.

- Recuerdo los nombres de los personajes (y los actores que los interpretaron) de todas las películas que me han impresionado en la vida. También los años de edición de mis discos preferidos.


- Mis tortillas nunca fallan. NUNCA. Aún con el 90% de probabilidades a favor de quemarse, siempre se salvan.


- Rara vez corrijo lo que escribo, prácticamente no tengo errores ortográficos (cuando detecto uno, propio o ajeno, me agarra un ataque de maestraciruelismo).
(Lástima que Gé me enganchó en falta en el post anterior. ¡Menos mal que puse "rara vez"!)

- Puedo hacer dormir incluso al niño más rebelde.


- Tengo buen oído musical y puedo recordar la nota exacta de inicio de muchísimas canciones, además de las de ciertos timbres, sirenas, bocinas, motores, etcétera. Con apenas escucharlas un par de veces. También tengo la capacidad de "sacar" y sostener la segunda y/o la tercera voz de una canción. Y canciones en la guitarra, transportando escalas... etcétera.

- Recuerdo la composición de los colores secundarios, cuáles son los complementarios, el orden de los colores del arco iris y distingo entre matices de color imperceptibles dentro de una gama determinada (por ejemplo, los azules, los verdes y los violetas).

- Memoria olfativa total. Una vez olfateado, no lo olvido jamás.

- Leo rápido. Hice la prueba (este muchacho me dio la idea; no la hacía desde el secundario) y me di cuenta más o menos cuánto: a razón de una página cada 40 o 50 segundos; depende de qué tan tronchada esté mi vista en el momento del día en que leo y del volumen de palabras por página. Suelo recordar bastante bien todo lo que leo, así como nombres de personajes y autores.

- Pese a los años y el sedentarismo acumulados, sigo siendo capaz de hacer el arco sin apoyarme en la pared. Y caminar parada de manos.

Sin repetir y sin soplar. Hay más, claro. Excluídos (más de uno) por motivos que hacen a mi blog un sitio ATP .
Si quieren, colaboren con sus inutilidades.

viernes, enero 11, 2008

Fragmentos

Me temo en estos días extraños.

En momentos donde el cuerpo se abandona al mandato de las hormonas, de la sensación térmica o la chinche cotidiana, soy capaz de absolutamente cualquier cosa. Cualquier cosa. De gritar lo que estoy pensando en lugar de murmurarlo, de cantar a voz en cuello, de pelearme con los transeúntes, los choferes particulares y públicos, de devolver una pelota reventándola con el pie, de largar una carcajada y perder del todo la pátina de invisibilidad que me rodea. Mis dedos revuelven ligeros las góndolas de Corrientes, con un tap-tap-tap-tap nervioso de libros sobre libros sobre libros. Apreto los dientes y me llevo a la gente puesta. Simplemente me es inevitable. Es el verano. Detesto el verano. El noventa por ciento de los días, al menos.

Pero hoy hacía un fresco casi otoñal y el cielo azul era pura simpatía cósmica. Terminaba la semana (una semana odiosa, tortuosa); iba al encuentro de una ventana abierta a una calle sin ruidos (bendito fin de semana! váyanse, váyanse todos... lejos, déjenme la ciudad por dos días) y a un interludio de puro placer ocioso. El aire olía gris azulado por primera vez en meses.

Atravesaba una plaza silenciosa, luego otra. Crucé en rojo; ahí fue donde caí en la cuenta de que faltaban los autos. En medio de la segunda plaza, desaceleré a mínimo; una paloma bajaba aleteando, sin prisa. Casi en cámara lenta. La imagen se congeló del todo y de pronto recordé otra plaza

...cuatro años antes,
May caminando con decisión, las manos llenas de maíz
segura sobre sus 60 centímetros de altura
rodeada de palomas que le picaban los cordones de las zapatillas, las manos abiertas
sus labios relajados en una sonrisa quieta, entreabierta, mientras una bandada de palomas la cubre de los pies a la cabeza.

Viéndola, viéndome en esa misma plaza, fue como si el tiempo se hubiera deshecho en muchos fragmentos. El tiempo, que a fuerza de fragmentarse y recomponerse en mi memoria, me hace oír la música que no ha sido escrita y los sueños aún no soñados, retoma su ritmo más o menos dos metros más allá del semáforo de Tribunales.

Quedan los ojos de May revoloteando en el aire de la tarde.
Y me doy cuenta que la extraño. Extraño sus ojos que saben mirar sin miedo a todas las criaturas de la Tierra. Porque en eso se parece a mí, y sólo nosotras podemos comprendernos.

En estos días extraños (ahora me doy cuenta), quizá ella sería una de las dos personas en el mundo capaces de serenarme.


jueves, diciembre 27, 2007

Sombras


A veces uno pierde la perspectiva de ciertas cosas. Llega el fin de año y resulta que en el balance general (oportunidad excelsa para evaluar en profundidad si las hay, e invariablemente desperdiciada cada vez) nunca miramos más allá de nuestro propio ombligo. Bueno; hay excepciones. Pero la consigna general es "qué balance hacés de..." y terminamos siempre cayendo en el Planeta Yo.

Por alguna razón, y pese a que insisto en llamar a este sucucho un "espacio de catarsis", dos por tres se me traba la bolita y en el balance anual-semestral-mensual-semanal se me cuela por todos los wines la realidad con sus sombras, más que con sus luces.

La sensación es definida, bastante extraña y la arrastro desde que tengo uso de razón. Ya sea que vaya caminando por la calle, o esté aislada en un lugar cerrado (sala de espera, oficina, cola de banco), o esperando un colectivo que no llega pasa la sombra sobre mí como si fuera un pájaro enorme. La sombra no es necesariamente un oscurecimiento del sol; a veces es apenas una voz en la radio, una noticia que te aturde con su déja vú implícito desde un cartel en la calle. A veces es el recuerdo de una mala fecha que insiste en repetirse como un karma macabro. Te golpea en la nuca con un aire frío, te envuelve en alas de incertidumbre. Enseguida pasa. Pero por lo general, se queda con su peso apoyado en algín rincón, esperando un resquicio de mal día para envenenar el alma.

Entonces me pongo a pensar en las recurrencias de mis fines de año anteriores. Las sombras vuelven con más fuerza en esas épocas. Es como el otoño para los suicidas. Y mis tendencias escapistas se activan con más fuerza, porque pareciera que sólo puedo atravesar el muro de sombras con una cierta proporción extra de hiperrealismo.

En épocas donde los demás hacen balances personales, yo pierdo el tiempo comparando los beneficios de vivir el aquí-ahora, con los de otros cientos de millones de menos privilegiados que saben que su vida vale menos que la bala que los mata. Las noticias de los últimos meses, que rara vez me abandonan la cabeza, ahora se pelean codo a codo con la catarata de información desplazada de agenda por repetitiva: las guerras civiles que desangran continentes enteros, los conflictos que nunca terminan, la persistencia imbécil del intervencionismo yanqui en Afganistan e Irak (¡tan burdamente -poco- reflejadas por el último Redford!), los niños que no paran de nacer para morirse al poco tiempo, como si estar en el mundo (algo tan natural para mí) fuera una parada intermedia a algún otro lado.

Hace poco escuché algo inquietante, dicho casi al pasar: "Acá todos están demasiado confiados de que nunca les van a poner una bala". El instinto de supervivencia nos dota a todos de cierta piadosa neurosis para con la desgracia ajena; de modo tal que algún atisbo de interés por el prójimo suele ser tomado como fanatismo religioso o como snobismo solidario (sí, ese mismo que nos lleva a reenviar cadenas por pura buena fe, pensando que logramos algo), o cosas peores.

Vale reírse de las preocupaciones del otro, como nos reímos todo el tiempo de la vida y sus bemoles. Por supuesto. Sólo que últimamente tengo sombras encima todo el tiempo, y aunque no dejo de reírme, no dejo de pensar. ¿Será válido sentirme angustiada en solidaridad con aquellos que están a miles de kilómetros de distancia? ¿Con gente de la que apenas sé lo que escucho, leo y percibo en mis sueños, y a la que nunca conoceré? No sé. En todo caso, sé que no puedo evitarlo. La angustia es real, está aquí, puedo palparla. Como cada uno de ustedes, eventualmente, tendrá sus angustias que no discuto ni juzgo.


No era al cuete, entonces, que en los últimos días pensaba tanto en este video*...







*(igual me gusta todo "To all new arrivals", jeh).
(Se me contagió la linkitis de uno que yo sé. Pucha).

martes, diciembre 18, 2007

Vergüenza

A ver si se enteran...



LOS PULGARES NACIERON ACÁ



José Antel: Descubrimiento, las pelotas. Ustedes lo habrán capitalizado allá, pero la idea ya estaba registrada y en marcha hace tiempo.

Pero en algo tiene razón Donnie: la oportunidad, por más que la sirvas en bandeja, sólo es oportunidad hasta que el que tiene los medios para ayudarte a concretarla la vea como opción concretable.

Igual, estoy indignada. Y chinchuda. ¿A quién hay que garcharse en este país para mover una puta influencia? Porque está visto que el talento es condición negociable.

(¿Putos uruguayos? No: Argentinos imbéciles)

Es fija

Todos somos el milagro de alguien.

lunes, diciembre 03, 2007

Sin promesas, una promesa

Hoy escribo lo que tu mano no llegó a concluír. Lo paso en limpio, como querías. Hoy, por primera vez, después de muchos intentos fallidos, esfuerzo mis ojos medio miopes para descifrar los trazos erráticos de tus últimos meses. Y escribo. Con los ojos bien abiertos, para verte en cada línea tal cual te mostrás. Veo hasta la foto en sepia donde los cuarenta que eran, ya no son y ahora sólo viven en esa foto sepia. Como vos.

Estoy escuchando música que te gustaría oír conmigo. Estoy bien. Estoy en paz, pese a las zozobras cotidianas. Sigo leyendo, sigo escribiendo, sigo buscando algo. Siempre estoy buscando.

Y te extraño tanto que cada tanto tengo que verte. Lo siento. No tuve duelo de tu cara demacrada en un cajón, no pude pararme a tu lado para recitar el verso que querías. No hubo más despedidas que ese día previo a la recaída donde, paradójicamente, estuviste más lúcido que nunca.

No recuerdo exactamente tu voz de esos días, sí la otra. Y tu letra. Y tu trote irregular escapando con la pelota de voley. Y tus ojos de un celeste verdoso bajo las cejas pobladas.

Te veo cada vez que me tumbo boca arriba en el césped, en algún lugar, y me quedo mirando fijo el sol y los parches de cielo entre las hojas.
Cada vez que el garabato de un rayo dibuja el cielo nocturno, o la tormenta inminente esparciendo su olor sulfuroso en el aire.
Cada vez que abro al medio una naranja o una granada para comerla a diente vivo, limpiándome con el antebrazo lleno de tierra del camino.
Cada vez que manejo por esa ruta que lleva al puente y me meto de un volantazo prudente en calle 7 puro polvo al fondo, hasta la primera curva. Cada vez que descubro lágrimas en mis ojos al bajar la ventanilla y aspirar el olor a pradera como si fuera el último olor en el mundo que quiero olvidarme, si tengo que olvidarme de todos.
Yo, que nunca hago promesas, me comprometo con vos a continuarte.

A darle a tu historia el remate que tanto te gustaba imprimirle a tus poemas, esos que guardo mecanografiados en original (porque también heredé de vos la capacidad de improvisar sobre la marcha, sin corregir, sin errarle. Así, de puro culo). Esos que hablaban de la nostalgia del hogar y de la muerte.
A darle a mi propia historia un final a toda orquesta, con Illumination de fondo, y aunque no crea demasiado en la continuidad de nuestras sendas voy a buscarte trepando a la montaña llena de flores donde sé que me estás esperando.

Te quiero hasta el Cielo. Sé que siempre lo digo, pero es cierto cada vez.

martes, noviembre 27, 2007

(in) madurando

X: y por primera vez (bah, segundo si recordamos) toy traumado porque no hay escapatoria, no va a terminarse nunca, y por más vacaciones que me tome, será siempre lo mismo
la maldita vida del laburante

Y: uy
estás en crisis, nene

X: todavía no, pero son los síntomas

Y: yo te juro prefiero amargarme por eso y que no me falte nunca el laburo, porque quedo en la calle

X: ah bueno, hoy estamos en pose destructura de sueños ¬¬
igualmente creo que el saber que aun no se realmente de esos temas, es parte de toda la futura crisis
M... el otro día osó decirme q estoy madurando, y creo q tiene razón
:? tengo miedo

Y: pero nene...
madurar no tiene nada de malo, siempre y cuando quede ese core de franca inocencia chanta que tenemos
madurar, es más... es necesario
hasta Gorodischer debe haber madurado, aunque no se le note

X: says who?
jeje

Y: la clave no es renegar por eso, sino cagarte de risa de la madurez
plantándole cara a cada rato y recordándole que vos concedés parte del terreno
pero te guardás un patio de juegos bien grosso
como el jardín de howl
ponele




(Todos tenemos que pecar alguna vez de bloggerismo, O bloggerez, si se prefiere)

domingo, noviembre 11, 2007

El camino de los sueños

No es la primera vez que un sueño me saca de la cama, con esa sensación atroz de realidad que ni los ojos en agua fría, ni el té caliente en la garganta, son capaces de despejar.

En alguna ocasión hablé de los sueños vívidos. No hay reglas para estos sueños; siempre aparecen cuando menos los espero. Las situaciones varían, desde la más absurda de las ficciones, hasta la más realista de las fantasías (respirar bajo el agua o el sueño de volar, sin ir más lejos: los más recurrentes).

Me gusta soñar y también poder recordar lo que sueño, aún mucho después de despertar. Casi diría que no hay sueño que no me guste, pero hay algunos que realmente me hacen muy bien y cambian mi humor para el resto de la semana. Y están los otros...

Sin ser exactamente pesadillescos, se ubican en esa frontera molesta entre lo inconsciente no resuelto y los peores miedos de la niñez. Curiosamente, dejé de tener esos en los que aparezco desnuda caminando por la calle pensando incómoda "que nadie se dé cuenta, que nadie se dé cuenta", mientras me debato entre pedirle a un desconocido que me preste algo para cubrirme o asaltar un negocio, cualquiera, con tal de ponerme algo. Pero sigo soñando que vuelvo al colegio secundario porque me quedó alguna materia colgada, y cuando estoy sentada en el viejo pupitre del primer piso, mirando al patio por la ventana, me doy cuenta de que no recuerdo absolutamente nada de Física o Matemáticas (mis dos materias más odiadas). Y lo que es peor: ni siquiera tengo las carpetas al día, ni los libros. Sigo soñando con monstruos inverosímiles, con laberintos, con la oscuridad de una escalera sin fin y el olor a moho de la piedra de los cementerios.

Los que más me frustran, indudablemente, son aquellos en los que por algún motivo (preservación o irritabilidad) llego al extremo de irme a las manos con algún contendiente... para descubrir que mis puñetazos no tienen la fuerza suficiente, que mis movimientos son demasiado lentos o que veo demasiado borroso como para atinarle a algo. Por lo general, me despierto de esos sueños con los brazos y las mandíbulas acalambradas.

Hay sueños, sin embargo, que me preocupan más que los otros. Involucran a personas que ya no están o que no veo hace tiempo. Aparecen de la nada, en situaciones cotidianas, sonrientes cada vez y hablando de trivialidades. Ellos están cómodos y felices; yo, por alguna razón, me siento inquieta. Con el transcurrir del sueño la sensación explota y termino despertándome con la certeza de que esa persona necesita algo de mí. Algo que no le di, algo que quedé debiendo, algo que no dije o que no escuché. Al despertar, si tengo la posibilidad, me pongo de inmediato en contacto con la persona en cuestión. Más allá de la sensación de resaca que dejan esos sueños, me han sido sumamente útiles, y aprendí a desarrollar la capacidad de recordarlos en detalle, prestándoles más atención que a ningún otro.

Anoche soñé con mi abuelo. Él murió hace un año, diez meses y dos semanas. Tal vez tenga que ver con el hecho de que me lo mencionaron bastante ayer; lo cierto, es que ese sueño me sirvió para darme cuenta de que tengo una asignatura pendiente con el querido "Guachi". La "primaveración" ficcional tiene que ver con eso, y con el bloqueo de las palabras ajenas que me fueron heredadas y que tengo atragantadas, encerradas, hace bastante tiempo.

Es momento de abrirles la jaula y enfrentar mi propia memoria.

lunes, octubre 29, 2007

Alguien tenía que decirlo.

Porque respeto a personas como él, los invito a leer esto.

Resume buena parte de mi sentimiento de hoy. Y al que le quepa el sayo, que se lo ponga y aguante.

No quiero volver a escuchar a ningún imbécil volver a llenarse la boca de "¡Qué barbaridad!" a la Susanita, después de avalar con su voto tanta miseria. Yo he hecho mis mea culpas hace tiempo, y a tiempo me comprometí con la realidad desde el lugar que me toca ocupar. Sin embargo, leyendo a don Lucho y viendo a los gurises dormidos a la vera de "Chiquilín" cada noche, todavía siento que tengo que purgar tanta vergüenza.



Rojo

Qué ofensiva me resulta la risa incontenible de cierta gente cuando estoy triste.

lunes, octubre 15, 2007

Sábado


Hay silencio de sábado pese a las palabras y al tránsito de Corrientes y la amenaza de lluvia que se aleja. Hay silencio, porque siempre que estás bien hay un silencio que recorre el mundo como un ángel que pasa (dicen las viejas). Y hay silencio porque a veces la melodía que suena en el pecho como un acorde único (como el Fa sostenido, que por algún motivo me afecta de una forma distinta a las demás notas, sobre todo en ciertas canciones) pulsa en las venas con fuerza extraña, buscando una vía hacia afuera. Una explosión de emociones tratando de salir, atomizando todo.

En una mano, la bolsa con un poco de verdura; en la otra, tu mano. En tu otra mano, las últimas monedas. Nuestras palabras, el olor de la noche y el silencio (me niego a escuchar estos colectivos que pasan tan cerca), las piernas acompasadas y simétricas trazando pasos sobre la vereda, pasos que no hacen ruido. "Una rata, ahí, ahí..." Las risas. Callao. Y un saxo ahí nomás, donde termina el obrador justito al lado del Los Angeles.

La banda de todos los sábados nos corta el paso. Apoyados cerca de un auto siento que el Fa me deja para perderse en un acorde de jazz, va a reunirse con el resto de la música y me deja el pecho abierto, expuesto. Sigo apretando la bolsa, cambiamos de mano. Ahora siento unas monedas contra la palma; las últimas, tibias. Echo las monedas en el estuche del saxo, donde han caído otras cuantas y muchos billetes de dos pesos. Una señora alta, canosa, enfundada de negro, me mira con aprobación (aunque tengo la cabeza baja; sonrío).

Cinco temas "Oh-when-the-saints-go-marchin'-in" después, con los bolsillos vacíos, las manos llenas, otra vez los pasos sobre la vereda y sonrisas que aletean en el aire. Felices con tan poco, silencio hasta la esquina, las luces que se apagan, la casa.



jueves, octubre 04, 2007

Suspensión animada

Vuelve el caracol a la casita...

Hasta mejor ver. Empieza mi temporada de "primaveración".

viernes, septiembre 21, 2007

De la primavera y otros ciclos naturales


Es curioso cómo yo, que no le busco demasiado la lógica a las cosas (aunque tengo mis épocas) me encontré de repente razonando que mi vida responde a ciertos ciclos, tal vez inconscientes o involuntarios. Los de la naturaleza, por ejemplo.

Este blog nació por accidente hace hoy dos años. No pensaba tener uno, no me interesaba. Sin embargo, el entusiasmo de una persona a la que aprecio mucho (entusiasmo que la llevó a crear un blog que no admitía comentarios anónimos) hizo nacer El Extraño Mundo de Cassandra. Y así empezó un camino de redención para una parte de mí que estaba muy metida dentro, sin salir, hacía bastante tiempo.

A través de este espacio vi cambiar muchas cosas en mi vida, e incluso a mí misma. No soy estática. Hay ciertas mañas que no pierdo, pero todo se ha transformado desde aquel 21 de septiembre hasta hoy. Por ejemplo: sigo siendo inconstante, pero fui capaz de sostener este espacio a través de los meses con un poco de irregularidad... Y también conservé amigos, y gané y perdí otros. Cambié de laburos. Estuve desempleada. Me mudé. Gente murió. Gente nació. Lloré, me reí. Pasó la vida entre estas líneas, muchas veces sin que nadie se diera cuenta.

Este fue y sigue siendo un espacio de catarsis personal, y sólo ocasionalmente puede que alguien encuentre una pista para su propio extraño mundo. Lo único que puedo hacer para celebrar este día (pura formalidad, ya que celebro la vida a cada paso, cada día, simplemente por el hecho de abrir los ojos por la mañana y sentir que el corazón me estalla de felicidad) es expresar mi gratitud por todo lo que este espacio me dio.

Los conocí. Ustedes saben quiénes son, no necesitan que se los diga. Gracias por no tener miedos ni prejuicios, y acercarse a mirar (o a matear con tortas fritas).

Y a vos, por el desbloqueo. Porque me hiciste dar cuenta que el jardín secreto era apenas la antesala a un profundo bosque mucho más vasto.

Bienvenida otra vez, Primavera, y Carpe Diem para todos mis coooooompañeroooooss



viernes, septiembre 07, 2007

La fatalidad tiene tu nombre



Desde muy chica me hice la costumbre de visitar el negocio de mis abuelos (un enorme local que hacía las veces de lencería, mercería, lanera, casa de telas y bazar, con su propio depósito y hasta una oficina para la inmobiliaria al fondo) al menos una vez a la semana. El placer de jugar en los desvanes disfrazándome con las telas y de meterme en las canastas llenas de madejas de moahir, cashmilon, shetland y merino era inenarrable, aunque los ácaros se hacían una fiesta con mis mucosas.

Como todavía no había llegado el momento en que el abuelo me promoviera a su despacho y comenzara a hacer uso de la gigantesca Remington para escribir mis primeros cuentos, era un poco difícil mantenerme quieta. Usualmente, mi abuela terminaba llevándome a la librería y papelería Sarmiento, a una cuadra de distancia, y me compraba cartas Cromy o alguna revista.
Un día encontré un librito de tapas duras con la carita en primer plano (dibujada, por supuesto) de una chica rubia con vestido azul y gorrito de velo, muy siglo XIX. (¿Alguna vez expliqué que me fascinaban los vestidos de época?). Inmediatamente dije "quiero éste" y la abuela lo compró.

El libro era "Sissi y los ladrones". Aún lo tengo en algún rincón de la casa de mis padres, sus hojas cosidas un poco descalabradas por el uso. Al verlo, mamá me comentó que cuando era chica había visto las películas sobre Sissi que protagonizaba Romy Schneider, actriz cuyo destino trágico fue tantas veces equiparado al de su personaje más famoso. Se había enterado que Sissi fue una emperatriz austríaca, que había existido de verdad y aunque su vida era en sí apasionante, no se sabía bien cuánto de ficción y de realidad había en las películas y libros sobre ella.

Un par de años después, recordando aquél regalo, mi abuela apareció con un nuevo libro: Sissi y el fugitivo, de la colección Billiken tapa roja. Vinieron más, todos de diferentes autores (casi todos franceses, una recurrencia curiosa en la biografía de la emperatriz austríaca). Y sólo acrecentaron mi hambre por el personaje. Consumo desde entonces todo lo que existe en soporte tangible sobre ella. Nunca una figura histórica me apasionó tanto.

A grosso modo, y para que entiendan algo de esta mujer excepcional, un punteadito de datos...

Isabel de Wittelsbach, o Elisabeth de Baviera, o Elizabeth Amalia Eugenia de Habsburgo-Lorena, es la primera reina romántico-gótica de la que puedo dar fe. (Una darkita pionera, vamos). A diferencia de Juana La Loca, víctima de su propia condición mental, Sissi alimentó con rabia y morbo sus obsesiones.

La casaron a los 16 años con Francisco José I, el Emperador de Austria y Rey de Hungría, un hombre "políticamente correcto", pero débil y permeable a la influencia de su madre, la archiduquesa Sofía, que no toleraba el comportamiento expansivo y descontracturado de una adolescente que permanentemente rompía con el protocolo. Las peleas de Sofía y Sissi envenenaron a la corte y las relaciones exteriores del Imperio se vieron muy afectadas por esa rivalidad, que sólo terminó con la muerte de la archiduquesa.

Le fascinaban los cementerios y los manicomios. La idea de la locura la conmovía de una forma particular, ya que los Wittelsbach arrastraban la carga genética de la esquizofrenia y la bipolaridad. Esta característica se ensañó en el primo preferido de Sissi, Luis II de Baviera, llamado "El Rey Loco"; homosexual y maníaco-depresivo, murió misteriosamente ahogado en el lago Starnberg, golpe del que Sissi nunca se recobró. [Por obra y gracia del update, y de OvejasElectricas, pueden ver más info de este otro rayetti aquí]

Amante de la naturaleza, podía realizar caminatas de hasta cinco horas sobre hielo y nieve; escribía una poesía empapada de amor y de nostalgia sobre los oscuros bosques de su Baviera natal. Fue estimulada por su madre a la instrucción temprana, y por su padre a la equitación no convencional; era capaz de montar usando pantalones y a horcajadas, en una época donde las damas montaban de lado.

Su avidez por el ejercicio físico y por mantener su cintura en los 50 centímetros exactos de perímetro, la llevaban a realizar a un régimen autoimpuesto de poquísimas calorías (literalmente, se mataba de hambre) y a afrontar largos períodos de anorexia nerviosa. La estricta corte austríaca se escandalizaba de verla correr en negligée a las seis de la mañana por los jardines del palacio de Schönbrunn, aún en invierno; también por su excéntrica cabellera, larga hasta los pies, que debía ser lavada día por medio por tres criados durante dos horas.

Era tan insegura que rara vez sonreía por no mostrar sus dientes pequeños y amarillentos, y tan vehemente cuando se trataba de defender sus convicciones que los políticos caían rendidos a sus pies. Considerada la mujer más bella de su tiempo, asumió como pasatiempo coleccionar retratos de mujeres hermosas de cualquier extracción social; los diplomáticos de todo el mundo se los enviaban de regalo a pedido.

Cuando el amor de su marido dejó de importarle, ella misma le proveyó de una amante. Viajaba incesantemente por placer, de incógnito (se hacía pasar por una baronesa, título nobiliario insignificante al lado del que detentaba realmente) y acompañada apenas de una dama de compañía húngara, Ida Ferenczy, que era a la vez su mejor amiga.

Murió muy joven, a los 56 años; aún así, el destino quiso que viera morir primero a sus seres más queridos (su padre, su madre, su hermana del alma, su hija mayor y su único hijo varón, los tres últimos en trágicas circunstancias). Tan humilde era, y tan agotada estaba su voluntad de vivir, que incluso le pidió perdón a su asesino cuando le clavaba el puñal; hasta el último momento, pensó que había tropezado con él.

Anoréxica, cocainómana, madre desapegada y ermitaña furiosa, fue la mujer más amada y llorada de la Europa de pre-guerras. Y todavía me conmuevo tanto al hablar de ella, que siento como si la hubiera conocido de toda la vida. Bah, tan lejos no estoy. Me acompaña desde los seis años, nada menos...

No recuerdo una amistad más antigua que la suya.

(Post dedicado a Nala, simplemente porque detonó las ganas de hablar de este personaje que me apasiona desde chica)

jueves, septiembre 06, 2007

Dar y recibir, y nobleza obliga...



La seño Sibila me ha honrado y sorprendido con un premio porque, según afirma, mi blog es solidario... Desando el camino y me encuentro con otros bloggers que vienen remando la iniciativa (prometo re-visitarlos, Espina, Marinita, Dotpod, y demases...) que se originó quién sabe dónde porque ya me mareé (hay dobles nominados, y esas cosas que desafían a mi fiaca).

Y por supuesto, me pregunto qué hice yo para merecer esto; bien poco, seguramente. De todos modos, ya pensé en mis honoríficos personales por eso de que siempre es más sencillo ver el mérito ajeno que el propio (o al menos ese es mi caso).


Ante todo, las reglas de este premio:


- escribir un post mostrando el premio y citar el nombre del blog que te lo regala, enlazando a dicho blog.
- elegir siete blogs que se hayan destacado por ayudar, apoyar y compartir. avisar a los premiados, quienes deberán, a su vez, entregar el premio a otros siete bloggers.
- colocar la imagen del blog solidario es opcional.

Y mis caprichosamente elegidos, con sus justificaciones:


Donnie, por sus proyectos colectivos (Cuentos Pulgares, Apocadia) que hablan de un entusiasmo e inquietudes más allá de cualquier interés personal. De paso, descontractura esta inminente era de egos inflados y creación individualista/hedonista.


Fender Gebiet, porque a pura indignación y catarsis nos despabila de las neurosis diarias. Porque es una mano tendida a cualquier proyecto amigo, y por tantas cosas más...


Malas Ondas, por ser la cooperativa ortiva donde todos podemos solidarizarnos con el sufrimiento ajeno y manifestar el propio. ¿Quejosos? Sí, pero con humor. El que ríe el último... garca a los garcas.

Anfrix, por ser más que un sitio de interés o curiosidades y muchas veces tomar posición en temas delicados y polémicos.

Capitán Burton, por su impagable servicio a la comunidad de compradores de libros. No todos los días alguien te revela tips para ser mejor cliente... o te adivina el pensamiento...

Lady Kelvin, porque hacer que las que no deseamos una vida de revista "Caras" nos sintamos contenidas, es un apostolado cotidiano...

Marian, porque su pasión por la música trasciende la creación misma, llegando a todos sin distinción con humildad y entusiasmo.

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Es más difícil ponerse a reflexionar sobre qué es para cada quién "ser Solidario". Si bien Sibila se tomó la molestia de rastrear la etimología de la palabra y su significado profundo, creo que en cada una de las justificaciones dejé más en claro lo que sería para mí un blog solidario.

Considero solidaria a cualquier persona o colectivo de personas, bloggers o no, que desde su espacio individual de creación, expresión o trabajo diario sean capaces de llegar a otros, interiorizarse auténticamente en los problemas de la realidad que le toca vivir, asumiendo que no son exclusivos y pugnando por modificarlos desde su posición en el mundo, sea pequeña o grande. En definitiva, cualquier persona que sea capaz de entender en profundidad que no vive sola en este mundo, y que las acciones que elegimos tomar o dejar de tomar repercuten en todos.


He dicho.

(Y ahora, el momento MiráVos de la jornada: La primer palabra que leí en público, a los cinco años, fue ésa: "SOLIDARIDAD" escrita en mayúsculas y en diagonal sobre el logo de ATC, allá por el año 1985. Hasta ese momento, mi familia no sabía que había aprendido a leer... y todo gracias a ese maravilloso juego de letras de molde que me trajeron para Reyes).

martes, septiembre 04, 2007

Invierno

... Se va, y yo sin dedicarle su canción...






WINTER
(Tori Amos)

Snow can wait
I forgot my mittens
Wipe my nose
Get my new boots on
I get a little warm in my heart
When I think of winter
I put my hand in my father's glove
I run off
Where the drifts get deeper
Sleeping beauty trips me with a frown
I hear a voice
"Your must learn to stand up for yourself
Cause I can't always be around"

He says
When you gonna make up your mind
When you gonna love you as much as I do
When you gonna make up your mind
Cause things are gonna change so fast
All the white horses are still in bed
I tell you that I'll always want you near
You say that things change
my dear

Boys get discovered as winter melts
Flowers competing for the sun
Years go by
and I'm here still waiting
Withering where some snowman was
Mirror mirror
where's the crystal palace
But I only can see the myself
Skating around the truth who I am
But I know dad
the ice is getting thin

When you gonna make up your mind
When you gonna love you as much as I do
When you gonna make up your mind
Cause things are gonna change so fast
All the white horses are still in bed
I tell you that I'll always want you near
You say that things change
my dear

Hair is grey
And the fires are burning
So many dreams
On the shelf
You say I wanted you to be proud of me
I always wanted that myself

He says
When you gonna make up your mind
When you gonna love you as much as I do
When you gonna make up your mind
Cause things are gonna change so fast
All the white horses have gone ahead
I tell you that I'll always want you near
You say that things change
My dear


(Y también me gusta la pieza "Invierno", de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, pero me pareció un poquito demasiado. Qué quieren... extraño el frío...)

jueves, agosto 30, 2007

Sol y Mineral

Tengo este olor pegado a la nariz. Apenas sé cómo describirlo. Podría intentarlo si evocara la textura de la arena fina, casi limosa, escurriéndose entre los dedos como azúcar impalpable. Es un aroma frío y metálico, atemperado con unas notas de sol. El olor del barro, pero límpido. La brisa ligera, toques de viento con aroma a monte y a bosquecillo de pinos. Tengo este olor y estas texturas y no puedo sacármelos de la cabeza. Bendito el impulso que me lleva a manejar una vez más esos kilómetros que parecían tantos cuando era más chica.

Otra vez el camino de arenisca que ni el voluntarismo municipal se decide a pavimentar. Otra vez la entrada bifurcada. Y el rumor de los neumáticos en el pedregullo, la frenada amortiguada, mis pies ansiosos rumbo a la orilla.




De repente, tengo nueve, o tal vez diez años. Son las siete de la mañana y ya siento en los pulmones que va a ser un día húmedo y caluroso. Acarreamos las sillas, las lonas, la picada del almuerzo, un bidón de cinco litros con jugo y cubitos. Tardamos casi dos horas entre preparativos, llegada y bajada a la playa. No hay nadie.
En la playa no hay nadie. Tal vez los dueños del parador, una pareja de ancianos más madrugadores bajo una sombrilla de junco.

No hay nadie. El silencio es perfecto. Lejos, casi sobre la línea del horizonte, pasa una chata arenera. Alguna canoa bordea rumbo a Puerto Boca y deja una estela de ondas muy suaves que vienen a morir en la orilla. Sube desde el Este un sol mortecino, atenuado por la bruma húmeda del verano.

No hay nadie. Soltamos las hebillas de las sandalias de vinilo. Caminamos chapoteando una danza improvisada para aclimatar los pies y espantar a las rayas. Con la venia de los mayores, nos tomamos de las manos y avanzamos río adentro. El agua tiene una tonalidad marrón que se vuelve ambarina cuando el sol finalmente la alcanza. El efecto es mágico. Tomo un poco de agua en la copa de una mano y la huelo con los ojos cerrados.

Sol.

Mineral.

Agua, limo, verde, azul, metal, peces, vida, frío, calidez, templanza, latidos, pájaros, remo, madera.

Mi cabeza hila todo esto en apenas un paso, abstraída de los chillidos y chapoteos de mis hermanos, que empiezan a alejarse más. A treinta metros de la costa, el agua apenas nos rebasa las rodillas. Papá vigila, brazos cruzados al borde del agua. Mamá se pasa bronceador. Abro los ojos, miro la línea del horizonte, de derecha a izquierda. La chata, una canoa que pasa. La línea de la costa uruguaya, mucho más lejos. Los árboles, notables a simple vista pese a la distancia.
El puente, mucho más lejos. Y otra vez, los árboles.

El agua ya me llega a la cintura. Estiro los brazos por encima de mi cabeza para zambullirme.


Ahora es ahora. Es invierno. Aún así, hay gente en la playa porque es un día de sol: dos familias con niños que juegan en la arena, una ronda de mujeres hablando, un matrimonio que camina tomando mate.
No me atrevo a mirar la línea del horizonte porque tengo los ojos húmedos ("Es el viento", sonrío por fuera) y el corazón todavía me da saltos. En mi cabeza, no hay nadie. No hay ruidos. La arena es la misma: fina, con la textura del azúcar al deslizarse entre los dedos. Reconozco el olor aún antes de ahuecar la mano para llenarla de agua, lo retengo sin soltar la respiración hasta quedarme sin aire. Apreto el puño, me froto las manos, quiero llevarme este olor prendido a la piel, además de al recuerdo.

Una sola vez miro la otra orilla, cambiada para siempre.

Cuando finalmente dejamos la playa, me resisto a pensar que esto haya sido un adiós. Aunque lo sea.
Cae la tarde. Hasta los pinos callan.

(Ñandubaysal, Gualeguaychú - Julio de 2007)

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Desde ayer, Botnia es un hecho. Y como no puedo explicar lo triste, furiosa y frustrada que eso me pone, elijo sentir que tengo la suerte de haber vivido una infancia de río Uruguay.

martes, agosto 28, 2007

Yo EXIJO...


... el derecho de caminar por la calle comiendo un pico dulce sin que ciertos "hombres" se sientan en la obligación de gritarme cualquier barbaridad.

... el privilegio de ser ignorada hasta que decida lo contrario.

... la capacidad de autocrítica a todos por igual.

... que los que les dan de comer a los chanchos se hagan cargo.

... el final de la hipocresía y de la ignorancia deliberada ("elijo no saber", "elijo no ver" no cuentan como excusa; a la hora de las lágrimas, al que le toca, le toca)

... más llanto, más risas, más emociones genuinas.

... el fin de la pendejocracia.

... el derecho a protestar cuando tengo la razón.

... que los libros vuelvan a ser para todos.


And so on...


(matizando con un poco de mala onda en el preludio a un día que preveo pesadito...)