Tomé conciencia de muchas cosas. Primero que nada, de que Argentina como país no existe. No hay conciencia nacional, no hay solidaridad entre provincias, no existe esa pavada del federalismo tal como la quieren inculcar los politiqueros. La causa por las papeleras, con suerte, la trajimos a Buenos Aires. Pero, ¿cómo involucrar en ella a gente del noroeste, a gente de la Patagonia? Todos con sus propias causas, que muchísimas veces elegimos ignorar.
¿Cómo pedir lo que nunca dimos?
Aunque nunca es tarde, y todo nos termina dejando una enseñanza. Aprender. Esa es la clave. Una de las patas de mi blog y de mi vida diaria. Aprender.
De todos modos lo que más duele es esa gente que teniendo la posibilidad de aprender, abrir la cabeza, entender un poco, elige cerrarse. Era fácil aprobar los cortes de rutas mientras hubiera alternativas de salida al Uruguay, ahora... si les tocamos la terminal del Buquebús somos unos piqueteros de mierda. Todos se quedaban muy panchos en sus casas del Tigre y el Delta, hasta que se sugirió el traslado de una planta a un lugar "estratégico" que los incluía. Ah, cómo cambia la cosa, entonces...
Pobre mi Gualeguaychú... tan lejos de la Argentina profunda, y tan cerca de Buenos Aires.
Y una nota marginal a todo esto. Ayer, el diario Perfil dedicó un generoso espacio a profundizar (relativamente... aunque es bien cierto que no hay otro medio que trate el tema como lo hacen ellos) sobre cómo está afectando el tema a los habitantes de Gualeguaychú a nivel social, económico, familiar.
Incluye, en un momento, análisis de una psicopedagoga sobre dibujos realizados por niños de entre 5 y 9 años... en los cuales la especialista se asombra y se preocupa de la conciencia que tienen estas criaturas sobre la muerte, o cómo la asocian a la situación que están viviendo.
Cualquiera que haya vivido en Gualeguaychú el tiempo suficiente conoce algo de la idiosincrasia local. Gualeguaychú es, básicamente, una ciudad pequeña, con alma de pueblo. No existen seis grados de separación entre los vecinos... sino que prácticamente se conocen todos entre sí.
Es una ciudad de poetas, de gente amable y pequeñoburguesa, de laburantes y de "personajes" también. Una ciudad en la que es muy fácil quedar estigmatizado de por vida por cualquier pavada. Un pueblo donde el morbo es cosa de todos los días, como en casi cualquier ciudad con alma de pueblo chico.
En ciudades así, donde el río es calmo en la superficie y arrastra todo en corrientes subterráneas, los chicos crecemos de otra manera. No es fácil soslayar la melancolía que sobrevuela las calles en otoño e invierno, cuando la atención del turismo está puesta en otros puntos. La conciencia de muerte es tan palpable como en cualquier otro lugar, y si se da más temprano es sólo porque los chicos están más alertas, y menos "distraídos" que en las grandes ciudades, donde hay más cosas para hacer, o bien donde el poder adquisitivo de los padres va más allá de un televisor con video casetera o DVD player.
No sé, qué se yo. Lo digo desde mi lugar de desangelada antes de tiempo. Siempre tuve mucha conciencia de la conciencia global de mi ciudad. Tan individualistas a veces, y tirando agua para su molino en las pequeñas mezquindades cotidianas. Pero tan solidarios y aguerridos cuando la situación lo requiere. Tan "no-te-metas" cuando la cosa se ponía espesa con el vecino, y tan propensos a interesarse cuando la cuestión rozaba un morbo insano.
Valga de ejemplo la anécdota de los múltiples suicidios que tenemos año a año, y de cómo se vuelven tema de conversación en una sobremesa, sin importar si hay criaturas escuchando.
Papeleras o no, me llena de un confuso orgullo el hecho de que esa gente a la que considero mi gente haya sostenido su forma de ser en el tiempo. Que las criaturas sigan teniendo básicamente las mismas taras de conciencia que tuve yo en su momento, o muchos de mis compañeritos de sala, no deja de ser un dato sumamente revelador. No hace falta ser sicopedagoga para darse cuenta de cómo nos está afectando a futuro este conflicto.
El tema es... ¿Se darán cuenta los gobiernos?
O peor. ¿Les importará, en algún punto?


